La entrada en una nueva fase de la crisis mundial, con epicentro en los países semicoloniales y dependientes, empieza a generar cierto nerviosismo en aquellos círculos empresariales españoles que durante años han saqueado el subcontinente latinoamericano. Y no es para menos, dado que hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) advertía en la pasada cumbre del G20 en Shanghái que la economía mundial “sigue en riesgo de descarrilamiento”.
El organismo estimó el pasado mes de enero que el crecimiento global en 2015 fue del 3,1% esto es, 0,3 puntos menor que en 2014 y 0,2 puntos por debajo de su previsión de julio pasado. En un sentido similar, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo de los Estados (OCDE) ya rebajó su pronóstico del crecimiento global para 2016 al 3%.
El imperialismo español se enriqueció a costa de América Latina
Hasta el inicio de la gran recesión mundial en 2007-2008, las principales empresas españolas se vieron beneficiadas por un doble proceso iniciado en los años ‘90. Por un lado, el proceso de privatizaciones de empresas públicas en el Estado español -llevadas adelante por los gobiernos del PSOE y PP- que reforzó al capital español permitiéndole aumentar la masa de plusvalor extraído de los trabajadores y trabajadoras españoles e inmigrantes.
Por otro lado, el capital español se vio beneficiado por las políticas neoliberales implementadas por los distintos gobiernos proimperialistas en América. Según datos del Real Instituto Elcano, entre 1993 y 2000 el 46% de la inversión extranjera directa (IED) española se dirigió a América Latina, el 55% para la adquisición de un negocio, el 42% correspondieron a aportaciones de capital y el 3% restante se atribuye a la constitución de una nueva compañía en la zona. Un proceso de penetración imperialista que permitió al capital español enriquecerse de forma acelerada.
Durante años América Latina ha sido una de las prioridades principales de la diplomacia española, encabezada por el rey Juan Carlos I y ahora por Felipe VI. Es por ello que cualquier “problema” en la región genera nerviosismo en la gran patronal española.
Cambio de tendencia con la crisis del 2008
A pesar de la recesión española iniciada en 2008, las multinacionales españolas siguieron expropiando riquezas en la región -aunque a un ritmo menor-, permitiéndoles compensar las pérdidas de generadas por la crisis en el mercado interno.
La no entrada en crisis de la región provocó dos movimientos contrarios unidos en el tiempo, ya que el capital español pudo “compensar pérdidas”, pero a la vez comenzó a perder posiciones respecto a otros países como EEUU o China. Hasta 2008 las inversiones representaron un 14% -solo por detrás de EEUU con el 18% de las entradas de dinero en la zona-. En 2014, la IED española en la región representó el 10% de los 158.803 millones de dólares que recibió el subcontinente de diferentes países del mundo. Esta cifra implicó la pérdida de una posición en el tablero y situó al Estado español por detrás de Estados Unidos y los Países Bajos, dos de los principales inversores de la región.
A esto hay que sumarle la tendencia a la baja de las importaciones recibidas, ya que mientras en 2012 representaban 19.659 millones de euros, en 2015 llegaron a los 14.807 millones, como consecuencia del descenso de los precios internacionales de las materias primas en los últimos años.
Esta situación tiene preocupado al gran capital español, más aún en un marco de crisis política. Para los principales partidos que se han ido turnando en el régimen nacido en el ‘78, así como para el conjunto del Estado, las inversiones en América Latina eran (y son) sagradas. Las decisiones políticas que se adopten en el futuro gobierno determinaran sus posiciones en el mercado.
La experiencia dicta que los mercados no deben estar preocupados por el PSOE o el PP pero, ¿y por Podemos? Un interrogante, aunque las simpatías del partido liderado por Pablo Iglesias es su simpatía por los gobiernos postneoliberales latinoamericanos no ha tenido como correlato ni mucho menos un cuestionamiento a los intereses imperialistas en el subcontinente ni al propio imperialismo español, un concepto completamente ausente en el argumentario de Podemos. |