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La Izquierda Diario
10 de marzo de 2016 Twitter Faceboock

OPINIÓN
Hollande intenta evitar la unidad entre estudiantes y trabajadores
Juan Chingo

La jornada del 9 de marzo ha sido muy exitosa, con miles de trabajadores y jóvenes en los bloqueos desde la mañana, tomando las calles y en asambleas generales.

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El comienzo de la construcción de un gran movimiento social

La jornada de movilización del miércoles 9 ha sido un éxito. Estamos aún lejos del punto culminante de la movilización del CPE en 2006 como algunos interesadamente habían hecho pensar después del millón de firmas que reúne el petitorio contra la ley laboral. Pero sería estúpido relajarse porque esto no se haya dado, como parece ser el caso de aquellos integrantes del Ejecutivo que estaban más asustados.
Como dice la asamblea de estudiantes de Paris 1/Tolbiac, esta jornada de movilización no es más que un comienzo.

Pero lo que sorprende es la rapidez en la construcción de la movilización. Lo que durante el movimiento contra el CPE tardó más de dos meses – después de un fuerte aislamiento de aquellos que estaban contra la ley y buscaban con dificultad movilizar a los estudiantes- esta vez se logró en dos semanas. A diferencia de otros grandes movimientos sociales exitosos de las últimas décadas, este movimiento empieza desde el comienzo con una fuerte tendencia a la unidad de estudiantes, los liceístas y los trabajadores que hoy marcharon conjuntamente en las calles de Paris y en 230 ciudades de Francia.

En 1995, los trabajadores se unieron a la lucha cuando terminaba la movilización estudiantil y en 2006 fueron semanas de agitación estudiantil las que obligaron a las Confederaciones Sindicales a unirse a la lucha de los estudiantes contra el CPE.
A su vez hay que tener en cuenta que varios sectores de la CFDT participaron de la movilización y que su base está en ebullición, como demuestra la firmeza en la negociación que debe demostrar el secretario general de esta central (la segunda en número de afiliados en Francia), Laurent Berger, que hasta ahora había apoyado todas las reformas del gobierno del PS sin chistar. Esto está confirmado con la marcha llamada por las centrales “reformistas” para éste sábado, en especial la CFDT. Éste exigía hace diez días el retiro del plafón a las indemnizaciones en los tribunales de trabajo. De ahora en adelante, esto será una precondición.
Por último, las asambleas y organizaciones estudiantiles llaman a una nueva movilización el jueves 17: el fantasma de un movimiento estudiantil y liceísta, pesadilla de todo el poder ejecutivo en Francia, sigue bien presente.

Hollande está obligado a hacer fuerte concesiones...

Hollande hizo un mal cálculo con el contenido y presentación de la reforma laboral, una “reforma de más” que hizo cristalizar todos los descontentos contra su gobierno desde el inicio de su quiquenato, especialmente sobre su antigua base electoral. Ahora el presidente francés busca evitar que ésta se concretice y se los lleve puesto a él y a su primer ministro. Así, después de haber anunciado una prueba de fuerzas al parlamento con el recurso bonapartista del articulo 49.3, postergó su presentación en el Consejo de ministros que debería haberse hecho este miércoles para el 24 y abrió una mesa de concertación con los llamados “partenaires sociales”, los sindicatos y las federaciones patronales.

Después de las enormes movilizaciones del 9 de marzo, Hollande está obligado a hacer fuertes concesiones sobre el contenido de la ley. Este retroceso es indispensable para que una ley de reforma laboral menos ambiciosa pase por el parlamento, donde los diputados de la mayoría no votarían la ley si no tiene el concurso de la CFDT. A partir de este hecho, se podrían alterar profundamente varios puntos importantes de la reforma, como por ejemplo, sobre las indemnizaciones de los tribunales del trabajo, la facilidad de los despidos económicos y las libertades adicionales para las patronales sobre la flexibilidad.

…para evitar el “Tous ensamble”(todos juntos)

Pero el verdadero temor del Ejecutivo es que este movimiento cristalice en un “Tous ensemble” (‘todos juntos’) de los estudiantes, los liceístas y el conjunto de los sindicatos en la calle, obligando a la dirección de la CFDT a unirse a la movilización si el gobierno no retrocede lo suficiente. Laurent Berger, a pesar de su rol abiertamente colaboracionista, por el momento parece poco inclinado a terminar como sus antiguos sucesores en la central, Nicole Notat y François Chereque, repudiados por sectores importantes de su base en los movimientos sociales de 1995 y 2003 contra la reforma Fillon, que inclusive llevaron a importantes rupturas de la Central sindical reformista. Es consciente que su política de dialogo social con un gobierno tan impopular paga cada día menos viéndose obligado a blandir la amenaza de la movilización (aunque esta perspectiva tampoco le gusta).

Como señala Cecile Cornudet del diario patronal Les Echos: "Para los cercanos al jefe de Estado, no hay más muchos caminos. Hay que retroceder. Estamos en un tobogán. La cuestión es cómo nos movemos de aquí al lunes para que no se desarrolle una movilización como una bola de nieve ", dice un hollandista del primer círculo. La posibilidad de deshilachar el texto, hasta ahora excluidos por el primer ministro, está sobre la mesa. ¿Hasta dónde se puede llegar, se debe entregar a la CFDT lo que pide sobre los tribunales de trabajo? ¿será suficiente?

El menú del almuerzo Hollande-Valls el jueves en el Elíseo va a ser abundante. Y arriesga de terminar mal para el primer ministro, quien había hecho que el límite a las indemnizaciones en los tribunales de trabajo sea su caballito de batalla como símbolo reformador. "Ésta medida es esperada por los líderes de empresas, las adaptaciones son posibles sin poner en cuestión el principio ", explicó el domingo en el "JDD" ". Como dice en el título de la nota "Ley de Trabajo: ¿Valls sabrá guardarse el sombrero?".

La situación está por verse, tampoco podemos excluir su renuncia para quedarse con la bandera reformista, el único capital electoral de este pretendiente a Massimo D’Alema francés (aquel dirigente del ex PCI italiano que llevó hasta en lo simbólico la transformación burguesa del antiguo partido estalinista formando el Partido Democrático de la Izquierda y más tarde el Partido Demócrata, como Valls aspira a hacer con el actual PS).

Lo que es seguro, es que esta primera acción fue una advertencia suficientemente fuerte para hacer que el gobierno se mueva con prisa sobre el contenido de la ley. A fin de desactivar el verdadero test que son las próximas semanas y en especial la jornada del 31 de marzo llamada por la CGT y demás sindicatos contestarios, jornada que de ser ampliamente exitosa puede acercar la perspectiva de una huelga general política por la derrota del gobierno y de su plan de reforma laboral.

Las tareas del momento

El fantasma del ‘tous ensemble’ asusta al Eliseo. Por eso, más allá de las maniobras del ejecutivo, es la construcción consecuente de la movilización en las calles la que determinará el resultado. La masificación a través de la multiplicación de las asambleas generales en los lugares de trabajo y estudio, la coordinación de los luchadores como ya han llamado algunas Universidades.

Un programa ofensivo de lucha que parta del retiro de la reforma laboral a la vez que dé respuesta a las necesidades postergadas de millones de desocupados, la bronca de los precarizados y el sufrimiento en el trabajo del conjuntos de los trabajadores, incluidos los “supuestos” privilegiados que gozan de un CDI (contrato de duración indeterminada) o algún régimen especial. Son estos los que están estratégicamente en la línea de mira con la degradación del CDI (Contrato de Duración Indeterminada) de la actual reforma o los discursos duros de la derecha contra los privilegios de los trabajadores ferroviarios de la SNCF, así como el plan de reducir los funcionarios públicos que propone Sarkozy o el mismo Juppe, si eventualmente la derecha llegara al gobierno en 2017.

En un capitalismo en crisis no hay el más mínimo margen para un sindicalismo de ‘acompañamiento’. O se vuelve a las condiciones de trabajo del siglo XIX o que la crisis la paguen los que la crearon, los capitalistas; éste el verdadero dilema que atraviesa a todas las capas de los trabajadores.

Es fundamental lograr la unidad, no solo para que no vuelva la perspectiva ominosa de brutal esclavitud salarial de nuestros ancestros sino para comenzar a organizar la vida económica y social de forma racional, liberando tiempo libre para el desarrollo humano de todos, ya que nuestras vidas valen más que sus ganancias.

 
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