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La Izquierda Diario
13 de abril de 2016 Twitter Faceboock

MANIFESTACIONES EN RIO DE JANEIRO
Lula promete cambios, pero esconde negociación con la derecha

Ante las críticas, el expresidente hizo promesas de cambio en la política económica y en temas como educación sexual y aborto. Estas promesas ¿se chocarán con un gobierno que negocia con la derecha?

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Miles de cariocas se reunieron al lado de los arcos de Lapa en la región central de la ciudad de Rio de Janeiro. Esquerda Diário estima cerca de 30.000 personas presentes. La manifestación del lunes en Rio es parte de una serie de manifestaciones programadas por estas fuerzas hasta el día de la votación del impeachment en el plenario de la cámara de diputados del próximo domingo.

El tono crítico presente en la manifestación respecto al gobierno de Dilma, por no haber implementado la reforma agraria, democratizado de los medios de comunicación o gobernado con el programa con el que fue elegido, se combinó con los fuertes cantos a favor de Lula. Desde el antiguo jingle de campaña “Lula lá” (“Lula allá”, Lula al gobierno) hasta el nuevo slogan “Lula ladrón, robó mi corazón”. Con ese auditorio Lula se centró en hacer toda una serie de promesas como la educación sexual en las escuelas, la implementación de otra política económica, e incluso plantear la cuestión del aborto como una necesidad de salud pública, e implementar alguna “reglamentación de los medios de comunicación”.

Marcando la diferencia entre lo que fue el ajuste hasta acá y el que él pretende implementar, Lula dijo que este cambio de política económica era lo que le hacía aceptar el cargo de jefe de Gabinete; según él, Dilma habría aprendido esta lección.

Si fuere derrotado el golpe institucional por la vía parlamentaria, la contradicción del “día después”, es cómo no perder el apoyo de esta base crítica que en su amplia mayoría quiere que gobierne Lula, pero quiere un gobierno mandatado por los discursos electorales y no por las negociaciones con la derecha de Kátia Abreu, Paulo Maluf, Fernando Collor y Kassab, y otros avatares del “progresismo” y de la gobernabilidad (conservadora).

Muchos artistas y algunas críticas importantes a los gobiernos del PT

La manifestación fue convocada bajo la consigna “Cultura por la democracia” y reunió a una parte importante de los artistas e intelectuales del país, e incluso algunos que no estaban presentes enviaron videos o fueron nombrados (como Caetano Veloso) en un manifiesto que se leyó desde el escenario. Estuvieron presentes o enviaron videos: Chico Buarque, Wagner Moura, Simone Spoladore, Leonardo Boff, Otto, Ziraldo, Alceu Valença, Beth Carvalho, Fernando Morais, Gregório Duvivier, Letícia Sabatella, Rico Dalasam, Tico Santa Cruz, Nelson Sargento, Eric Nepomuceno, Luiz Carlos Barreto, Jards Macalé, Aderbal Freire Filho, Zé Celso, entre otros. Estuvieron presentes abogados constitucionalistas y dirigentes del PSOL, el presidente del PDT, de la CUT, del MST y el MTST, además de Lula.

Compitiendo por el estrellato con el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, los discursos más aplaudidos fueron los más críticos al gobierno de Lula y Dilma, sobre todo del escritor Gregório Duvivier y la líder indígena Sônia Guajajara.

Entre los discursos de los juristas que destacaban que el impeachment sin crimen de responsabilidad sería golpe, Duvivier remarcó que nunca había votado por Dilma y que estaba en ese acto para decir, más que “que se quede Dilma”, “que mejore”, “que gobierne para la izquierda, para el proyecto para el que fue elegida”. Esa crítica, junto con su canto “por el fin de la policía militar” fueron de los puntos más aplaudidos en el acto junto con el discurso de Sônia Guajajara, que enfatizó la defensa de la demarcación de las tierras indígenas criticando a los gobiernos petistas, a lo que fue respondida por los presentes con cantos exigiendo la salida de la ministra de agricultura y amiga de Dilma, Kátia Abreu.

El tono crítico marcó muchos discursos, incluso el del MST, que en palabras de Stédile, criticó al gobierno para que de ahora en adelante no negocie con oportunistas de la derecha, que implemente la reforma agraria, y prometió que las manifestaciones del viernes, también convocadas por la CUT serían para parar el país y que nadie fuese a trabajar.

Fue para destacar que, tanto el líder del MTST, Guilherme Boulos, como el representante de la mayoría del PSOL, José Luís Fevereiro de Unidade Socialista, fueron menos críticos que algunos artistas presentes. Boulos ni mencionó la palabra ajuste ni hizo ninguna crítica al gobierno, se limitó a hablar contra la derecha y el impeachment y clamar (al viento) por la continuidad de la movilización luego del domingo. El mismo tono tuvo el representante del PSOL que remarcó cómo su partido sería una “oposición democrática al PT” y levantó puntos de programa -comunes al MST, por ejemplo- pero aclarando que hasta el domingo el país estaría dividido entre quienes están a favor y en contra del impeachment. Primero el impeachment, luego todo lo demás parece ser la estrategia de los sectores organizados más críticos que participaron de este acto (desentonando con los artistas más críticos que esta izquierda, y que levantaron su voz contra la violencia policial en las favelas y fueron enfáticos en su defensa de las reformas urbana y agraria).

También es de destacar cómo ninguna de las centrales sindicales presentes se hicieron eco aunque sea mínimamente de la propuesta de “parar el país” hecha por Stédile del MST. Eso estuvo ausente, como era de esperar, del discurso del presidente de la CUT, del presidente de CTB y también del representante de la Intersindical.

Con críticas pero sin ninguna exigencia concreta, sin un movimiento real de trabajadores para luchar con sus métodos contra el impeachment, los interminables despidos y ajustes, Lula pudo hablar aun con la voz quebrada haciendo promesas a izquierda sin comprometerse con nada y al mismo tiempo omitiendo sus negociaciones con la derecha.

Promesas de izquierda, “cafezinhos” con la derecha, la contradicción de Lula

Lula pudo exhibir su habitual capacidad oratoria y de entusiasmar multitudes relatando anécdotas, como las conversaciones con George W. Bush, negándose a apoyar la invasión a Irak, cosa a la que hasta gente de derecha como Schroeder y Chirac también se negaron.

Además, Lula se apoyó en su habitual defensa del acceso de millones a las universidades (privadas y garantizando grandes ganancias a las empresas de la educación, dicho sea de paso). Sin embargo, además de lo habitual, Lula dijo cómo le costaba encarnar el “Lula, de la paz y el amor” pero que, a diferencia de los tucanos (PSDB), gobernaría para todos. Prometiendo lo que nunca cumplió, habló a favor de la educación sexual en las escuelas, sobre tratar el aborto como cuestión de salud pública e incluso de establecer alguna reglamentación de los medios de comunicación. También remarcó cómo implementaría otra política económica, no una recesiva como la de Dilma sino una que ponga el dinero en las manos de las mujeres pobres que mueven la economía.

No debe leerse este discurso solo como demagogia, sino como un intento de poner en pie otro tipo de ajuste que combine algún incentivo al crédito con medidas estructurales (reforma previsional, por ejemplo) para ofrecer un ajuste más digerible al movimiento “no habrá golpe”, y al mismo tiempo que se muestre funcional a la élite y al imperialismo.

Lo que más llamó la atención en el discurso de Lula fue la ausencia de las negociaciones con parlamentarios de la derecha y con el llamado “bajo clero”. Esta cuestión, criticada por Duvivier, por Stédile y otros, Lula ni siquiera la mencionó.

En este punto reside una importante contradicción del “día después”, en el caso que el impeachment sea derrotado. Dilma perdió apoyo rápidamente al gobernar haciendo lo opuesto de lo que había prometido. Con expectativas mayores, ante un importante movimiento democrático de los trabajadores estatales, de la juventud y de sectores de los movimientos sociales, ¿cómo logrará Lula administrar las expectativas de mayor combate a la derecha con un gobierno que necesita de ella para mantenerse y ofrecer a al “mercado” y a los “movimientos sociales” orientaciones económicas y políticas divergentes?

¿Nos dirigiremos a un choque entre estas expectativas y la realidad del “gobernar para todos” que en realidad siempre favorece más a la burguesía y al imperialismo que al pueblo?

Lula cuenta con dos ventajas para su empresa contradictoria, ventajas que disminuyen las contradicciones entre lo que dice y lo que hace.

La primera y más importante es la inacción de la CUT que se contenta con llamar a los trabajadores con ocasionales volates en los lugares de trabajo para sumarse a las manifestaciones como ciudadanos, sin luchar contra el impeachment con los métodos de clase (asambleas, huelgas, piquetes). Cuenta también con la misma Central (y también la CTB e incluso la Intersindical) para no promover ningún plan serio de lucha contra los despidos y ataques del gobierno (al sector público, educación y salud). Hay frenos burocráticos a la acción de la clase obrera, no solo en contra del golpe institucional sino también en defensa de reivindicaciones como empleo, salario, salud, educación.

Secundariamente Lula cuenta también con la ausencia de crítica del MTST a su gobierno y también con la división que la mayoría del PSOL hace entre el qué hacer ahora (primero derrotar el impeachment) y el qué hacer después (no se sabe cuándo, ya que todo el año pasado primaron los acuerdos con el MTST y dejaron en un segundo plano, como hoy, la lucha contra los ajustes). Sin un claro movimiento que exija a la CUT, de la CTB, de la UNE, que dejen su servilismo al gobierno y organicen un plan de lucha, Lula puede decir en Rio de Janeiro lo contrario a lo que negocia en Brasilia.

Estos límites burocráticos y de la izquierda son importantes, pero ¿serán determinantes en el caso de una victoria del gobierno contra el impeachment, o una situación económica desfavorable pasará factura?

La contradicción está planteada. Con una intensidad mayor de lo que fue el voto “de izquierda” en el segundo turno de 2014. Para que esta contradicción y experiencia sea procesada por la izquierda y no lleve a una nueva desilusión, hace falta una izquierda revolucionaria que combata el impeachment, los ataques del PT y los despidos patronales en cada lugar de trabajo. Que busque organizar las fuerzas de la clase trabajadora exigiendo a los sindicatos y centrales sindicales acciones concretas. Esta es la batalla que el MRT y Faísca (Juventude Revolucionária e Anticapitalista) buscan dar diariamente, sea a través de Esquerda Diário en sus páginas online e impresas, así como también en cada lugar de trabajo y estudio.

 
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