En abril de 1999 estalló la huelga contra el alza de cuotas en la UNAM. A 17 años los fundamentos que dieron inicio a ese movimiento estudiantil siguen vigentes. El avance en el ataque a la educación se da por distintas vías y es necesario que las nuevas generaciones -como la lucha de los estudiantes del Politécnico- se apropien de las lecciones de las grandes gestas del movimiento estudiantil*
“No habrá marcha atrás en las cuotas”: aseguró Barnés
Con tres meses de manipulación mediática en 1999, el entonces rector Francisco Barnés de Castro impuso el alza de cuotas en la UNAM, un pago por semestre de 1360 pesos para bachillerato y 2040 para licenciatura por alumno.
Creyó poder manejar políticamente al movimiento estudiantil en ascenso, con menosprecio y autoritarismo. Fue la política del PRI durante todo el proceso.
El 15 de marzo el Consejo Universitario aprobó la reforma al Reglamento General de Pagos de la UNAM en menos de 3 minutos, en una sede externa y con más de 30 consejeros universitarios opositores ausentes. “Estoy dispuesto a llegar tan lejos como la comunidad universitaria esté dispuesta a respaldarme” dijo Barnés: 207 días después, el 12 de noviembre, renunciaría para dejar la UNAM con siete meses en huelga.
Durante la lucha se encontraron cámaras en lámparas y micrófonos en baños, se anunciaron sanciones universitarias.
Rectoría desconoció la representación democrática del movimiento estudiantil como interlocutor válido, maniobrando para desgastar la lucha y condicionar toda posibilidad de negociación con el Consejo General de Huelga (CGH).
Valor y conciencia en la generación de 1999
El cegeachero promedio era consciente de que no sólo eran las cuotas, sino las políticas implementadas los últimos años.
El movimiento estudiantil sabía que la firmeza del gobierno y su empeño por terminar con la huelga, tenía causas profundas en la firma del Tratado de Libre Comercio, que cinco años atrás dictó la necesidad de crear políticas educativas destinadas a integrar la educación a un mercado “competitivo” y desligarla de las responsabilidades del Estado.
La subordinación a la política de Washington exigía al gobierno la implementación de reformas acordes al nuevo “modelo” de “apertura” económica, basado en la privatización de empresas públicas, desregulación de mercados, descentralización de paraestatales y universidades públicas y privatización de los servicios sociales.
Organismos financieros internacionales y las cámaras empresariales mexicanas orientaban las reformas universitarias antes del 99 y presionaban por la derrota del movimiento estudiantil.
Esta generación se dio a la labor de discutir en asambleas de miles de estudiantes el trasfondo de la política de rectoría y de Ernesto Zedillo, y exigió al gobierno federal mayor presupuesto a la educación.
El pliego petitorio del CGH sumó seis demandas, que de lograrse permitirían revertir las reformas impuestas por Francisco Barnés, José Sarukhan Kermez (rector en 1989-1996) y Jorge Carpizo MacGregor (rector en 1985-1989).
Los jóvenes aprendieron de las maniobras del pasado
El gobierno antidemocrático de la UNAM y la representación formal de la comunidad universitaria en los Consejos Técnicos y el Consejo Universitario, llevó al movimiento estudiantil a su desconocimiento. Se cuestionó a la Junta de Gobierno, como una casta de funcionarios con poder pleno en la universidad.
El movimiento formó el CGH, con representantes votados por cada asamblea por escuela, con derecho a voz y voto, que abordaban los resolutivos enviados al pleno cada semana.
Tras 15 años de liderazgo en la UNAM, el Consejo Estudiantil Universitario (CEU) perdió legitimidad por sus políticas afines al PRD. El CEU abandonó la huelga en algunos planteles donde quedó en minoría y fue sancionado o cuestionado por actuar a espaldas de asamblea, hasta su salida definitiva en enero, con la entrega unilateral de las instalaciones de la ENEO y el CUEC, las últimas donde mantuvo mayoría.
Dos grandes tendencias surgieron en el movimiento estudiantil, “ultras” y “moderados” les llamó la prensa. En el amplio sector denominado “ultra”, había diferentes corrientes de izquierda y estudiantes independientes, donde participamos los militantes de Contracorriente que hoy formamos el Movimiento de Trabajadores por el Socialismo.
Con las maniobras del gobierno para levantar la huelga vino la promesa de suspensión de cuotas y la recuperación del semestre. El CEU y un sector afín llamaba a la flexibilización del pliego petitorio, “saber reconocer cuando hemos ganado” decían.
Pero la mayoría no confiaba en promesas y alertaba sobre una salida represiva. Comenzaron cientos de iniciativas políticas para lograr el acercamiento del movimiento estudiantil con otras luchas, estudiantes del país, trabajadores, sindicatos opositores, con otros países y el pueblo… Pero las principales direcciones del movimiento obrero apoyaron formalmente al CGH y cuando se fue el PRD comenzaron a darle la espalda.
El desenlace
Por la importancia de esta lucha, el régimen cerró filas para enfrentar la resistencia estudiantil. Gobierno, partidos patronales, medios de comunicación, Iglesia, empresarios, burocracia sindical e intelectuales, lanzaron una cruzada contra los estudiantes: “secuestraron la UNAM”, “saquearon las instalaciones”, “vándalos”, “fósiles”, “sólo buscan comer gratis y emborracharse” (González de Alba, miembro del movimiento estudiantil del 68), “tienen fetos enterrados en los campos de fútbol”, “son terroristas”…
Así llegó el final, un plebiscito impulsado por el rector y apoyado por el PRD y un centenar de “personalidades” académicos afines al PRI, dirigentes sindicales y los principales intelectuales “progresistas” como Elena Poniatowska, Carlos Monsivais y el poeta Javier Sicilia.
Así el gobierno avaló la toma de la UNAM con la entrada de la Policía Federal y la detención de un millar de estudiantes. Un duro golpe al movimiento estudiantil que impuso un retroceso y la derrota parcial de la lucha, que se matizó con los años, por el freno que significó para un nuevo intento de alza de cuotas y las grandes lecciones que ha dejado este movimiento para las nuevas generaciones.
* En memoria de Ken Lueders, excegeachero, fallecido en 2015.
1. Abrogación del Reglamento General de Pagos y anulación de todo tipo de cobros por inscripción, trámites, servicios, equipo y materiales.
2. Derogación de las reformas aprobadas por el Consejo Universitario en junio de 1997. Recuperar el pase automático, eliminar nuevos límites de permanencia a estudiantes de la UNAM y respetar la elección de carrera dando prioridad al bachillerato de la UNAM.
3. Congreso democrático y resolutivo en el que la comunidad discuta y decida sobre los problemas que enfrenta la universidad y cuyas decisiones tengan carácter de mandato para toda la comunidad universitaria y acatadas por las autoridades.
4. Desmantelamiento del aparato represivo y de espionaje montado por las autoridades y anulación de todo tipo de actas y sanciones contra maestros estudiantes y trabajadores que participamos en el movimiento.
5. Corrimiento del calendario escolar tantos días como los días efectivos de clase suspendidos por el actual conflicto y anulación de las clases extramuros.
6. Ruptura total y definitiva de los vínculos de la UNAM con el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior A.C. (CENEVAL) y anulación del examen único de ingreso al bachillerato de las universidades y escuelas públicas, así como del Examen Único de Egreso.
El 1 de febrero del 2000, el CGH sumó un punto al ser detenidos 228 estudiantes en la Preparatoria 3 y absuelto el 7 de junio de 2000 al ser liberados los últimos 6 presos del CGH.
7. Libertad de todos los presos políticos. |