La Nación, en su Editorial 1 del sábado dice: “las gestiones de Néstor Kirchner y de su esposa”, que al parecer no tiene nombre, no gobernó el doble de tiempo que “su marido”, por no decir, que no ha fallecido. El mismo día, Reymundo Roberts recurre al mismo apelativo: “la señora se levantó de mal genio” (lo cual está border line con el “lo que pasa es que le vino”), “los discursos de la señora”, y agrega que el Papa Francisco tuvo que “fumársela”.
Un desagradable Fernández Díaz, escribe este domingo sobre CFK: “Le encanta el papel de dictadora (…) Gobierna para un país propio y ya imaginario (…) poner nerviosa a la gran dama”. Para no ser menos, Van Der Kooy acompaña desde Clarín mencionando “uno de esos brotes”.
Hay versiones desembozadas como “la opo”. Pero también versiones “políticamente correctas” desde kirchnerismo bergogliano. Todas garantizan el avance de la Iglesia y los sectores conservadores.
La defensa de lo conquistado en décadas de lucha y las conquistas futuras, quedan en manos del movimiento de mujeres (trabajadoras, estudiantes y amas de casa), junto a una izquierda que muestra no regalar ni una sola de sus banderas y encabeza estas luchas en el Parlamento y en las calles. |