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La Izquierda Diario
6 de junio de 2016 Twitter Faceboock

Crisis Política
Después de la OEA siguen las negociaciones entre la MUD y el gobierno de Maduro
Milton D’León | Caracas / @MiltonDLeon

La crisis venezolana se mueve entre escenarios de "transición" e "intervención". El papel de Macri en la OEA, las críticas de la derecha Venezolana y la línea negociadora de Obama y el Papa.

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La semana pasada transcurrió con Venezuela ocupando la atención latinoamericana, sobre todo a partir de la política intervencionista de la OEA, con Luis Almagro a la cabeza, completamente alineado con la derecha local y actuando como un actor político local. El gobierno de Maduro encontró un “respiro” luego que los 34 países de la OEA reunidos por el Consejo Permanente de dicho organismo, aprobaron por consenso una declaración considerada como “conciliadora” y negociada en una sesión de diez horas. Pero todo esto en un marco donde todos los escenarios siguen abiertos, incluso el de la ofensiva de Almagro y sus aliados de aplicar la “Carta Democrática” a Venezuela.

Una derecha enojada con el vecino del sur, Mauricio Macri

La resolución aprobada en la OEA provocó incluso divisiones dentro de la llamada Mesa de Unidad Democrática (MUD), pues un sector le increpó al presidente argentino Mauricio Macri, principal impulsor de la resolución, que la misma era ambivalente. Así, el presidente de la Asamblea Nacional, Ramos Allup (Acción Democrática) prácticamente dijo que Macri era un “hipócrita”, secundado por María Corina Machado (Vente Venezuela) que le dijo al presidente argentino que tenía que elegir entre Luis Alamagro y Ernesto Samper (secretario general de Unasur), llamándolo a la confrontación abierta.

Muy distinto fue el tono de Henrique Capriles Radonski (Primero Justicia) que llegó a considerar la declaración de la OEA como una victoria para la oposición, siendo que él y su partido, ha sido desde el comienzo el principal impulsor del referéndum revocatorio, mientras Ramos Allup ha forcejeado por una reforma constitucional para acortar el mandato de Maduro, y María Corina Machado con Leopoldo López (Voluntad Popular) proponía forzar abiertamente la renuncia de Maduro con acciones al estilo de las que promovieron en febrero-marzo de 2014 que concluyó con un saldo de 43 muertos.

Macri no tardó en responderles en una entrevista realizada el viernes, pero publicada este domingo, afirmando que la invocación de la Carta Democrática de la OEA "sigue siendo una opción, pero no va a destrabar el conflicto". El supuesto “cambio” de posición de Macri, que durante la campaña fue violentísimo contra el gobierno de Maduro, y que incluso, buena parte de la plana mayor de la MUD asistió a su asunción presidencial, se lo atribuyen a la postulación de la canciller argentina, Susana Malcorra, a encabezar la Organización de Naciones Unidas.

Un nuevo acto del conflicto de poderes

El conflicto de poderes tuvo otro acto luego de la reunión del Consejo Permanente de la OEA. Maduro sintiéndose un tanto más “cómodo” en su debilitada situación, pasó a la ofensiva el viernes al introducir un recurso de amparo ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para bloquear cualquier acción externa de la Asamblea Nacional, hoy controlada por la oposición derechista. Todo por considerar que la directiva del Parlamento violó la Constitución al solicitar a la OEA que invoque la Carta Democrática contra Venezuela.

Aunque hasta el momento no es claro el efecto que podría tener esta acción sobre la Asamblea Nacional o su junta directiva. Pues si bien es cierto que, de acuerdo a la Constitución, ésta sólo autoriza al Presidente a llevar las relaciones exteriores de Venezuela y celebrar o ratificar tratados y convenios internacionales, también sostiene que es potestad de la Asamblea Nacional vetar estos convenios. Pero lo que sí es claro es que el trasfondo no es “constitucional” ni de respeto a ninguna “Ley”, sino esencialmente político, pues ambos se acusan mutuamente que violan tal o cual cosa de la Constitución.

Ya se sabe de antemano cuál será la sentencia del TSJ por la fuerte incidencia, por no decir “control”, que tiene el gobierno de Maduro sobre el Tribunal Supremo que ha venido vetando una a una cada ley que ha intentado promulgar la oposición en la Asamblea Nacional. Esto en el marco de una mayor bonapartización del gobierno nacional, con estado de excepción incluido, en medio de la profunda crisis que se cierne sobre el país y en un conflicto de poderes que se agudiza cada vez más.

Las negociaciones por abajo siguen su curso

Pero si hay altisonancias por arriba, por abajo se cuecen habas. El propio Ramos Allup afirmaba el mismo viernes que se mantiene en conversaciones con los mediadores internacionales para “explorar” la posibilidad de entablar un diálogo con el gobierno, “que aún no se ha producido”. Muy distinto a lo declarado en días anteriores, e incluso hablando ahora de “su cercana amistad con los expresidentes” José Luis Rodríguez Zapatero (Estado Español), Leonel Fernández (República Dominicana) y Martín Torrijos (Panamá), quienes de regreso a Venezuela continúan su actividad como mediadores.

El presidente de la Asamblea Nacional se reunió con Zapatero el jueves pasado. Pero lo que más sonó fue la reunión de Rodríguez Zapatero el sábado con Leopoldo López en el Centro Nacional de Procesados Militares de Ramo Verde. Como sostienen algunos analistas, el hecho de que “Zapatero se haya convertido en el primer líder internacional en dialogar en prisión con López es una prueba de que las gestiones internacionales empiezan a mostrar unos primeros avances con miras a establecer un diálogo”.

Incluso hay versiones de que en esta reunión también participó Jorge Rodríguez, alcalde del municipio Libertador y uno de los miembros del PSUV más cercanos a Maduro. De confirmarse este hecho quedaría evidenciado que los sectores más conservadores de la MUD podrían estar abiertos a una política “dialoguista”, aunque no por ello menos reaccionaria, probablemente también negociando la libertad de Leopoldo López.

Es que una legión de expresidentes y dirigentes políticos derechistas y alineados con la MUD, que han llegado a Venezuela no han conseguido encontrarse con Leopoldo López, entre los que sobresalen el expresidente del Estado Español Felipe González, el colombiano Andrés Pastrana, el boliviano Jorge Quiroga, así como varias delegaciones de senadores, diputados y políticos regionales de la derecha.

Por el lado del gobierno nacional, el diputado del PSUV, Elías Jaua salió con que “más allá de nuestras diferencias políticas, los dirigentes tenemos que pensar en el pueblo” (¿?), y que urge llegar a "unos mínimos acuerdos”, siendo que Rodríguez Zapatero también se reunió con Nicolás Maduro.

En este contexto podría estar primando la línea “negociadora” compartida por Obama y el Papa, y a lo interno más apoyada por el ala de Capriles, que busca un compromiso o pacto, para abrir paso a una “transición” en el que está contemplado el revocatorio, tal como hemos escrito en artículos anteriores en el que constatábamos el hecho que John Kerry llamaba a Rodríguez Zapatero para brindarle todo el apoyo que fuere necesario. La resolución del Consejo Permanente de la OEA también apunta en este sentido.

La derecha ya anunció este domingo que saldrá a marchar nuevamente el lunes para “presionar” por el revocatorio, siendo que seguramente, como ya es habitual en el paisaje de crisis política del país, convocará también a otra movilización en el mismo día y hora, al mismo estilo de lo ocurrido este sábado, y tantos otros días.

Como siempre, lo que nunca se sabe es qué se negocia, pero lo seguro es que no es nada bueno para el pueblo trabajador. El gobierno de Maduro, al tiempo que aplica las medidas de ajuste también siente el rechazo político desde los sectores populares, lo que podría significarle un futuro incierto, tanto por la ofensiva destituyente desde la derecha, como por las protestas y manifestaciones desde sectores que pertenecían a su propia base electoral. Y por su parte la oposición de derecha oportunista, armada de toda su demagogia, deja correr el desgaste de un gobierno que con tonada “socialista” descarga su crisis en la espalda de los trabajadores, pero que encarna todo un plan reaccionario y proimperialista.

 
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