Durante años, desde la izquierda mantuvimos fuertes polémicas con sectores de la militancia kirchnerista. Sobre todo con aquellos que, ilusionados con un proyecto transformador desde el estado, con tal de apegarse a las “conquistas” que se podían dar “desde arriba” (es decir, por las que pelearon los “de abajo”), quedaban pegados a todo lo que “el arriba” significa en un Estado de clase. A pesar de la incomodidad, muchos militantes kirchneristas se mantuvieron incólumes mientras desde la izquierda denunciábamos que su gobierno reprimía trabajadores con la Gendarmería en la Panamericana (si sos el Estado no podes renegar de las fuerzas represivas y sus servicios). Que había un genocida a cargo del Ejército (¿y donde hay milicos “limpios”?). O que sus “amigos” del movimiento obrero eran la vieja y putrefacta burocracia sindical que mató a Mariano Ferreyra (en complicidad con los Ministerios de Trabajo y del Interior).
No los contrariaba (aparentemente) defender los Derechos Humanos y votar a un candidato del gatillo fácil como Scioli (el candidato era el proyecto), quien anunciara un gabinete “de guerra” con el “matacuachos” Granados o el carapintada Berni. Nunca se permitieron hablar de otro López, de Jorge Julio López, desaparecido en dictadura, y desaparecido bajo el gobierno de Néstor por las bandas fascistas de la Bonaerense de Etchecolatz, a quienes no se quiso investigar. Gritaron “patria o buitres” pero callaron cuando se le pagó un dólar arriba de otro al Club de París (había que “cumplir las obligaciones”), a la Repsol o al CIADI. Llamaron “traidores” a los diputados del FpV que votaron la ley Griesa, pero como “el amor vence al odio”, siguieron juntos en el mismo partido. “Lo importante es el proyecto” decían algunos, “si viene la derecha sería peor”, decían otros, más dubitativos.
La lógica fue la misma: desde el Estado todo, fuera de él nada. Las reglas de la política burguesa en Argentina implicaban, para mantenerse en el poder, “transar” con el PJ más rancio, con derechistas de todo pelaje. Y los que confiaban honestamente, se convirtieron en justificadores seriales de “males menores”, que fueron cada vez mayores…
En otras palabras: parte de la militancia kirchnerista estuvo todos estos años atada de pies y manos a un proyecto de supuesta “transformación social” desde el Estado burgués y sus instituciones. Aplaudiendo lo “positivo” pero silenciando “las contradicciones”.
Hoy “las contradicciones” son todo. Y las “conquistas” tienden a desvanecerse frente a un gobierno todo lo neoliberal que se puede ser, donde la “resistencia con aguante” no la encabezan ni el kirchnerismo (que aplica el ajuste en Santa Cruz y Tierra del Fuego) ni los grandes sindicatos.
“Vengo llorando este proyecto”
Parece absurdo que al lado de todo lo anterior, la aparición cinematográfica de un funcionario enfierrado, llevando 9 millones de dólares a un convento, provoque una crisis de tal magnitud en el kirchnerismo. Pero con el caso de López, otra cosa se puso en cuestión: ya no eran “manzanas podridas”, excepciones, o casos periféricos dentro del “modelo”. Es la entraña misma, la mesa chica del proyecto la que se ve salpicada. Y entonces miles sienten que militaron dirigidos por un grupo de millonarios, traidores y corruptos.
Las respuestas de Cristina decepcionan porque no resisten la repregunta ¿Cómo pudo no saber la jefa lo que hacían sus empleados más íntimos? ¿Cómo pasó más de 20 años a metros de López sin siquiera sospechar que de los millones que se movían por la obra pública, algunos iban a los monasterios del conurbano?
La llamada “corpo” de Magnetto se regocija hablando del fin del Kirchnerismo. Eso está aún por verse y dependerá en gran medida de la lucha de clases, del peso de los propios errores del macrismo, de la posibilidad del peronismo de unirse, y de la emergencia de la izquierda como alternativa.
Pero sin duda, como “aparato” se debilita como nunca. No por nada, los bloques del FpV se reducen cada día. Ayer nomás, el Movimiento Evita, que fue una de las 3 grandes organizaciones de “Unidos y Organizados”, la que más representaba a “los barrios”, abandonó el barco. "Si Alicia Kirchner negocia con Macri es revolucionario, si lo hace alguien del Movimiento Evita somos traidores", dijo el Chino Navarro hace algunas semanas. Se pelean por ver quién acuerda más con Cambiemos. “Negociando con aguante”, se podría decir que es la consigna de la dirigencia kirchnerista.
Lo que queda claro es que para muchos “convencidos”, entra en crisis un proyecto que los había enamorado. Que supo leer el 2001 y tomó nota de las demandas populares para recomponer un Estado en crisis, y así descomprimir la calle. Los precios excepcionales de las materias primas ayudaron a materializar algunas conquistas que el Estado pudo ceder para reconstruir las instituciones quebradas en el “que se vayan todos”.
Los que aún hoy se reivindican kirchneristas se refugian en la pregunta de CFK: "¿están mejor o peor que antes?". Claramente se está desarrollando un ajuste como no se vio en los últimos 15 años. Pero el kirchnerismo preparó el terreno. Los despidos en el Estado no se entienden sin la precarización laboral que mantuvieron durante 12 años. Las paritarias a la baja sólo son posibles por la estructura sindical burocrática que sostuvo al gobierno anterior, por no hablar de los recortes en educación y salud, que se apoyan en el presupuesto que el propio kirchnerismo votó el año pasado.
Pero hoy el kirchnerismo “desde el llano”, quedó al desnudo. Enredado en los mismos negociados corruptos que todos los gobiernos capitalistas utilizan para construir poder a través de la obra pública. En vez de desarrollar una empresa estatal que tuviera como fin un verdadero plan de viviendas, de instalación de sistema cloacal, de construcción de escuelas y hospitales, mantuvo los negociados de la "patria contratista", con los Calcaterra, los Macri, los Roggio, los (Cristóbal) López, y todos los que hoy se siguen llenando de plata con el nuevo gobierno. ¿Burguesía nacional? A lo sumo una “patria contratista”, que se reparte las migajas que dejan las grandes multinacionales, que nunca dejaron de ser dueñas del país ya que, más allá de las “batallas culturales”, no se tocó la propiedad de los principales resortes de la economía.
Una política de otra clase
Sin embargo, no todo está perdido para los que realmente tengan la convicción de enfrentar al macrismo como proyecto neoliberal y ajustador. Es que lejos de lo que quiso instalar el kirchnerismo diciendo que a la izquierda estaba “la pared”, hay otra militancia posible, opuesta a la casta privilegiada que gobierna al servicio de los capitalistas.
La militancia kirchnerista nació y creció desde el Estado, al calor de su agenda. Pero lo que construyeron “desde adentro” del gobierno, se viene desintegrando “desde afuera” (salvo allí donde siguen siendo gobierno). El kirchnerismo, sin su “capa protectora” de sentirse parte de “lo bueno”, queda a la intemperie. Ahora es algo más incierto, menos místico, pero sobre todo más incapaz para quien piense enfrentar a todos esos enemigos discursivos (la corpo, la oligarquía, los buitres, etc), con los cuales siempre prometió enfrentarse hasta las últimas consecuencias.
Algo cierto dijo el Movimiento Evita al irse (¿al rancio PJ?) del bloque del FpV. “Se ensucia la política”. Unos la entierran en un convento, otros la llevan a Panamá. ¿A qué joven le puede entusiasmar “militar en política” en un proyecto lleno de López, de Bertones, de Giojas, de Bernis, Milanis y Granados, de Baez, De Vidos?
Pero hay que combatir la idea de que el problema es “la política” a secas. Así como hay una política al servicio de los capitalistas, hay otra política, de otra clase, que viene de abajo hacia arriba.
Y en ese camino viene avanzando, a paso firme, el Frente de Izquierda. Nuestro partido, el PTS, tiene el orgullo de contar con dirigentes obreros que han rechazado millonarias “coimas” para abandonar sus luchas. Que ocuparon bancas en la legislatura y volvieron a trabajar en su fábrica, como Raúl Godoy, de la ex – Zanón, gestionada por sus trabajadores. Con diputados que cobran como un docente y, mientras donan parte de sus dietas a las los trabajadores en huelga, exigen que todos los funcionarios cobren igual y sean revocables.
Nuestra militancia es una “empresa colectiva”, que no coimea ni es coimeada, que se prueba en la calle junto a los trabajadores, gobierne quien gobierne. Que se levanta a las 3 am para bancar a los despedidos de LEAR contra la Gendarmería. Que lucha por los derechos pisoteados a las mujeres, LGTB, inmigrantes. Nuestra militancia tiene como objetivo terminar con este sistema social basado en el robo sistemático a los trabajadores por una pequeña minoría de parásitos que hambrean al pueblo.
Hoy, la ideología de esperar "desde arriba" y con viento de cola los cambios, viene en retroceso. Pero la alternativa no es quedarse tuiteando la tristeza, el “yo no fui”, o la bronca… Hay que organizar la resistencia desde abajo, sin compromisos con los burócratas que se venden por nada, entregan, ajustan y reprimen igual que el PRO. Nuestra militancia enfrenta el ajuste, pero con el objetivo de preparar la “contraofensiva”, de lograr un gobierno de los trabajadores, que con sus “manos limpias” expropie a los expropiadores poniendo la economía al servicio de las necesidades de los trabajadores y el pueblo. Con un horizonte anti-capitalista y socialista. En ese camino es que la Juventud del PTS impulsa agrupaciones comunes con decenas de compañeros independientes en cada lugar de trabajo, en cada facultad, colegio o terciario. |