FOTO: El presidente interino de Brasil, Michel Temer, durante una ceremonia en el Palacio de Planalto, en Brasilia.
La encuesta realizada a 2.002 personas, llevada a cabo entre el 24 y 27 de junio, mostró que sólo un 27% de los consultados confía en Temer, frente al 66% que desconfía.
Alrededor del 53% de los encuestados afirmó que desaprueba el estilo de Gobierno de Temer, mientras que el 31% lo aprueba. Sólo el 13% dio a su Gobierno una evaluación favorable, mientras que el 39% dijo que el Ejecutivo era malo o muy malo.
El diario de la elite paulista, el Estado de São Paulo, entrevistó a ministros del gobierno de Temer luego del resultado de las encuestas y sin identificarlos afirmó que uno de ellos comentó: "hasta el impeachment Temer necesita ser cauto en sus acciones, pues no puede dejar que el rechazo aumente". Se comprende de este modo la demora en implementar los ataques a los derechos laborales anunciados, como la reforma del Sistema de Seguridad Social, que los "mercados" le vienen exigiendo y los escandalosos aumentos salariales otorgados al poder judicial que beneficiaron especialmente a jueces, fiscales y a la cúpula del poder del Gobierno.
El impopular Gobierno hace equilibrio entre la falta de legitimidad, la impopularidad de sus medidas y las presiones por cargos y beneficios de los parlamentarios que lo amenazan con votar en contra del impeachment y el aplauso de los medios y de la burguesía que ven una oportunidad para avanzar con las privatizaciones y los ataques a los trabajadores y el pueblo pobre. En este contexto las acciones del poder Judicial, a través de la Operación Lava Jato, confieren una mayor inestabilidad a la situación política del país.
La pérdida de popularidad y las contradicciones políticas acumuladas, sumadas al no desarrollo de importantes luchas contra los ajustes del gobierno golpista, se explica también por el rol de las centrales sindicales como la CUT y la CTB. Estas centrales ligadas al PT y al PCdoB, respectivamente, impiden que la clase trabajadora defienda sus derechos y luche contra el gobierno golpista; buscan contener las acciones en jornadas aisladas de "lucha" inexpresivas mientras su verdadera orientación sigue la política de Lula de "no incendia el país".
El PT y la burocracia sindical aceptan los ataques y el golpe mientras en forma pasiva denuncian al gobierno, apostando a su desgaste para volver al poder a través de arreglos y acuerdos con los senadores y políticos de la misma derecha que apoyó y sustentó la llegada de Temer al poder.
Fuente: Agencias y Redacción Esquerda Diário |