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La Izquierda Diario
2 de julio de 2016 Twitter Faceboock

"GRAN CENTRO" POLÍTICO
El Gran Centro del parlamento brasilero, una fuerza política determinante
Leandro Lanfredi | Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Quiénes son, qué bases materiales tiene y qué intereses representa el Gran Centro (“centrão”) del parlamento brasilero, que puede ser determinante en las grandes decisiones políticas del vecino país.

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Los grandes medios de Brasil analizan a diario cómo ese ala del parlamento denominada “gran centro” (centrão) obstaculiza los planes del presidente golpista Michel Temer, al igual que hizo con Dilma Rousseff. El máxímo símbolo de este sector es Eduardo Cunha, del PMDB, quien se encuentra alejado de su cargo de presidente de la Cámara de Diputados pero aun así es interlocutor casi diario de Temer. Las negociaciones con Cunha dictan los rumbos no solo de quién será el nuevo presidente de la Cámara sino aspectos cruciales de la gobernabilidad del vecino país.

¿Qué es ese sector denominado centrão o “gran centro”? ¿Quiénes lo componen, de dónde viene, qué bases materiales lo sostienen, qué intereses representa? ¿Sería el gran centro lo más podrido de la política brasilera, una representación del atraso, o sería expresión de la solidez y durabilidad de los regímenes políticos de Brasil, a lo que incluso los partidos denominados “modernos” como el PSDB o el PT están íntimamente ligados?

Este artículo es parte de una sucesiva aproximación a la descripción de este sector constitutivo del régimen político brasilero, que pretende desenmascarar la operación ideológica que intenta mostrar esta importante corporización de las élites nacionales como centro y no como derecha; que quite el velo interesado que los grandes medios, tucanos y petistas, tiran sobre sus socios históricos de gobierno, al hacer de ese “fenómeno” algo externo a sí mismos, y no parte del régimen político nacido de la Constitución del 88, en el que el Gran Centro vio la luz.

En este proceso de aproximación sucesiva intentaremos dilucidar las intensas relaciones, legales y corruptas, de este ala del régimen político, con otras alas del estado brasilero, del ejecutivo de José Sarney, Fernando Collor de Melo, Itamar Franco, Fernando Henrique Cardoso, Lula da Silva y Dilma Roussef, en las empresas estatales, en el poder judicial y en sus intensas relaciones con los monopolios mediáticos y otros importantes sectores del empresariado brasilero.

Según los medios, ¿quiénes son parte hoy del gran centro?

Si nos guiamos por los medios, no entendemos nada. Un día, la descripción de este ala del parlamento sería el sector controlado por Eduardo Cunha, es decir, una parte importante del PMDB de la Cámara de Diputados, e innumerables diputados de múltiples partidos. Se tejen mil y una explicaciones sobre si ese sector sobreviviría sin su líder y no concluyen nada porque mal intentan explicar profundamente qué sería ese gran centro.

En otros momentos, el mismo gran centro es descripto como un consorcio de pequeños partidos unidos por la carencia de ideología. Esta segunda descripción, que también toma prestada la tinta de los grandes diarios del país, busca limpiar el “gran” PMDB de sus raíces y relaciones con los “pequeños”, lo transforma en un partido más moderno y no del gran centro, “tucanizándolo” (asimilando al PSDB) como responsable del conductor de las contrarreformas que quieren la Federación de Industrias del Estado de San Pablo, la Federación Brasilera de Bancos y sectores del imperialismo.

En esta segunda descripción, el gran centro sería un bloque parlamentario del “bajo clero”, un bloque informal que sirvió de sostén a Eduardo Cunha y que habría actuado más abiertamente en otros momentos, como en la elección del outsider Severino Cavalcanti como presidente de Diputados en 2005, en pleno mensalão, el escándalo de coimas mensuales que explotó en el primer mandato de Lula. Este bloque estaría compuesto por el Partido Progresista de Paulo Maluf y del gobernador interino de Rio de Janeiro, Francisco Dornelles, el Partido Social Cristiano de Marco Feliciano y Jair Bolsonaro, el Partido Social Democrático de Gilberto Kassab, ex alcalde de San Pablo y actual ministro de Ciencia y Tecnología, el Partido de la República y otros partidos menores, totalizando 13 partidos. Este bloque junta a más de 225 diputados, y si fuese formalizado sería la mayor bancada del parlamento, mayor que la del PMDB y PT juntos, por ejemplo.

A cambio de cargos en ministerios y empresas estatales, este bloque informal siempre amenaza a los gobiernos de turno con transformarse en bloque propiamente dicho. Él solo tendría la capacidad de bloquear cualquier medida de peso, como una reforma constitucional, y si le sumamos su influencia dentro del PMDB, PSB, PDT, entonces el poder de regateo sería aun mayor. El deslocamiento del gran centro en el segundo mandato de Fernando Henrique Cardoso fue clave para la erosión del poder delos tucanos y el ascenso de Lula y su deslocamiento en el segundo mandato de Dilma le costó la cabeza.

Esta descripción del gran centro como externo o como mucho socio del PMDB, que es el dirigente histórico de esta ala del régimen político, no se condice con ningún hecho histórico reciente, y es parte de la operación blindaje del gobierno golpista de Temer. El gran centro surgió por iniciativa del expresidente de la República José Sarney (PMDB) para influenciar la Constituyente. Su origen es el PMDB en su más alta estirpe, un expresidente de la República. Su líder más reciente era el poderoso Eduardo Cunha del PMDB.

Por otro lado, las narrativas que asocian y casi igualan el gran centro al PMDB y que también están presentes en los medios golpistas, atienden a otro interés político en medio de la crisis: asociar el PMDB a lo más podrido del régimen político, y con este pararrayos, salvar otros techos como el de la operación Lava Jato o el de la percepción popular de la podredumbre del régimen.

De cierta forma, la descripción que se haga de lo que es el gran centro pone de manifiesto quiénes son los adversarios políticos de su enunciador, ya que de una forma u otra es el pilar de sostenimiento del régimen político del 88 y de todos los gobiernos desde entonces, por más que haya sido asociado a la corrupción y el atraso.

El gran centro no se restringe a la Cámara de Diputados y al denominado “bajo clero”

Una de las operaciones ideológicas en la delimitación de lo que sería el gran centro sería identificarlo con el “bajo clero”. Las centenas de diputados que son elegidos a la rastra de los votos de sus leyendas y por las coaliciones en elecciones proporcionales que hacen prácticamente imposible que un elector sepa a qué diputado fue a parar su voto.

Esta identificación del gran centro es funcional a las propuestas de reforma política como la defendida por José Serra y las alas ligadas al tucanato en otros poderes, como Merval Pereira de O Globo y Gilmar Mendes de la Corte Suprema (STF). Para todos ellos, lo peor de la política nacional, con la excepción del PT, por supuesto, sería la pluralidad de pequeños actores que tomados en el mercado minorista importan poco, pero cuando actúan al por mayor tornan al país relativamente ingobernable, con sus proyectos conocidos como “pautas bomba”, el bloqueo de sesiones en el Congreso y otras medidas, de lo que Dilma y el golpe institucional del impeachment pueden dar fe. Ni el todopoderoso Lula con su inagotable kit de negociación y conciliación logró atraer en el mercado minorista sectores del “bajo clero”/gran centro para oponerse al impeachment, cuando ellos decidieron actuar al por mayor. Lula le ofreció de todo al PP de Maluf, pero un regateo al por mayor ya estaba cerrado con Temer, el resultado es conocido.

La solución para terminar con el “mal del bajo clero” sería una reforma restrictiva que impusiese un piso de 10% para entrar al Congreso. Eso de entrada excluiría a diversos partidos y quemaría millones de votos que fuesen dados a los que no llegaran a esa cifra, haciendo que parte de la maquinaria partidaria de varios pequeños caciques fuese absorbida y cooptada por los grandes partidos sobrevivientes. Elucubran que la máquina del PMDB, del PSDB, etc. al tener un cuerpo mayor podría aumentar proporcionalmente su capacidad de producir anticuerpos contra el virus del bajo clero.

No parece que esta tesis encuentre algún eco en la epidemiología humana visto que los seres humanos de 1,60m o 2,10m son igualmente susceptibles a los virus, menos aun se sostiene en la epidemiología de la política nacional, visto que gran parte de la pluralidad de partidos que componenen hoy el gran centro habitó los gigantes del bipartidismo de la dictadura: el MDB y el Arena.

Esta es la descripción y terapia tucanas. Del otro lado del espectro político parlamentario, el PT tiende a asociar al gran centro a la Cámara de Diputados. ¿Cuántas veces vimos a Dilma, Lula y eminentes petistas decir que el Senado era un poder más calificado? Los senadores son dueños de centenares de miles de votos, a veces millones de votos y no algunas decenas de miles como algunos diputados. Varios senadores son exgobernadores de sus estados. Son caciques renombrados. Pero ¿hay compartimientos estancos, tal como plantea el PT? ¿La más alta cúpula política del país sería más progresista y estaría disociada de su hermana menor?

Esta tesis fantasiosa se sostiene aun menos que la pronunciada por el senador Serra, porque si fuese verdadera tendríamos que concluir que Collor de Melo, Renan Calheiros o Jader Barbalho serían expresión de una política más calificada (sic) que la de Cunha. O que el expresidente de la Cámara de Diputados, exgobernador de Minas Gerais y actual Senador Aécio Neves (PSDB) era antes expresión de un “bajo clero” y luego se transformó en otra cosa más calificada. Tendríamos que concluir que el expresidente de la Cámara y actual presidente golpista de la República Michel Temer ya no era un eminente y poderoso cacique antes de tornarse vicepresidente. Esta tesis atiende únicamente al interés de halagar al Senado para juntar votos contra el impeachment con senadores y gobernadores intentar en el mercado mayorista contener las expectativas de cargos, partidas presupuestarias, nombramientos que exige la Cámara de Diputados. Disminuir la cantidad de negociadores para que el regateo salga más barato.

Juegos de regateo, soborno y corrupción: una red que va desde consejales a senadores

El sistema federativo creado por la Constitución del 88 crea un complejo sistema de distribución de recursos que analizaremos más detenidamente en futuros artículos. A los fines de este artículo, quedémonos con una definición sumaria. Senadores tiene un papel destacado en el nombramiento de figuras clave del estado nacional, desde embajadores a miembros de empresas estatales y de la cúpula del poder judicial. Estos nombramientos son importantes para los gobernadores, por ejemplo para garantizándoles buenos sueños con poderes judiciales pacíficos, pongamos por caso los de Rio de Janeiro frente al PMDB o los de San Pablo frente al tucanato. También a través de cargos importantes en las empresas estatales se logran inversiones en determinadas regiones y acceso a recursos de soborno y corrupción en las prestadoras de servicio de estas mismas empresas estatales.

La elección de senadores y gobernadores está “casada” en Brasil, buenas relaciones recíprocas garantizan listas fuertes y simbióticamente útiles para las dos partes, de la captación de recursos empresariales y de las maquinarias partidarias a la movilización de votos. Es frecuente la elección “casada” de gobernador y senador de una misma lista.

Los gobernadores a su vez necesitan que los diputados aprovechen medidas y partidas presupuestarias para sus estados ayudando a los propios gobernadores. Los gobernadores a su vez disponen de recursos propios que pueden favorecer a sus diputados federales en sus bases electorales. A través de negociaciones que involucran a sus gobernadores y sus senadores cada diputado tiene su oportunidad de conseguir partidas directas del ejecutivo federal aumentadas y así lograr mejores negocios propios que pueden favorecer algún diputado estadual socio de negocios (políticos y de otra índole).

Estos juegos generan distintos niveles de regateo y negociaciones, por la vía de las bancadas de estado y también de bancadas de partidos. Ni que hablar en niveles más complejos de política como las bancadas temáticas (de las fuerzas represivas conocida como la bancada de la “bala”, de las iglesias evangélicas conocidas como bancada de la “biblia”, o de los intereses agropecuarios conocida como bancada del “buey”, entre otras).

Esta dependencia recíproca en los juegos de regateo, soborno y votaciones permiten que hábiles jugadores como Cunha o Temer escalen mejores posiciones favoreciendo a sus apoyadores, generando interminables ramificaciones hacia adentro de las Asambleas Legislativas de los estados, en las alcaldías, y por que no, en los “pequeños negocios” de los consejales de norte a sur del país, sin hablan en las relaciones con empresarios específicos y diversos lobbies que se van asociando a los actores importantes de la política nacional.

Tomemos como ejemplo a Eduardo Cunha y sus relaciones ampliamente divulgadas en la operación Lava Jato -que investiga los escándalos de corrupción en Petrobras- no solo con diputados federales y estaduales de Rio de Janeiro y socios menores en alcaldías pero también en las bancadas temáticas. Otro ejemplo carioca se puede ver con la familia Picciani, que al controlar la Asamblea Legislativa de Rio de Janeiro tenía importante ascendencia sobre los diputados de ese partido y sobre toda la bancada carioca, independiente del partido al que formalmente estaban afiliados. Sérgio Cabral y su familia escalaron posiciones haciendo un camino similar, del control del PMDB en el legislativo carioca al ejecutivo de ese estado y desde ahí al ejecutivo y legislativo nacionales.

Finalmente tomemos también como ejemplo a Sarney, este linaje con importante control sobre los estados de Maranhão y Amapá genera redes de relaciones y negocios legales (y no solo legales, como muestran testimonios recientes de “arrepentidos”).

El gran centro como expresión política de las oligarquías regionales y de la élite

De este modo, a diferencia de lo que quieren los tucanos con su tesis del “bajo clero” y petistas con su tesis de “senado calificado”, las relaciones del gran centro atraviesan las distintas esferas de poder. Muestran un retrato de la élite nacional y sus representaciones políticas. No se puede aislarlas en un órgano. Están en todos los lugares, son parte constitutiva del régimen y atienden a intereses materiales específicos con mil y una ataduras con los empresarios,sobre todo los de los medios, como abordaremos en otro artículo.

Como “aperitivo” a la continuidad de esta serie de artículos históricos y sobre el presente político y económico del país, dejemos asentado que la familia Collor representa a la corporación mediática Rede Globo en su estado, Alagoas, los Sarney en Maranhão y Henrique Alves (quien renunció al ministerio de Temer al haber sido nombrado en la operación Lava Jato) en su estado de Rio Grande do Norte.

El gran centro es, para este autor, la corporización de parte fundamental de las oligarquías regionales y de la élite nacional. A estas oligarquías se asoció el PSDB para gobernar el ejecutivo federal y cada estado que gobierna hoy. A estas oligarquías y élite nacional se asoció el PT, adquirió sus formas más corruptas de gobierno y concilió los intereses cuando dominó la Presidencia. El combate al gran centro es indisociable del combate a todo el régimen que emergió de la Constituyente del 88 y a las formas del capitalismo nativo, esté él representado en su alta estirpe de inmortal de la Academia Brasilera de Letras, como José Sarney, o en las bajezas de un Cunha o de un Gaddel Filho.

Traducción: Isabel Infanta

 
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