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16 de julio de 2016 Twitter Faceboock

Internacional
Turquía convulsionada
Diego Sacchi | @sac_diego

Un sector del Ejército intentó un golpe contra el gobierno de Erdogan pero fracasó. Hubo masivas movilizaciones en las calles y enfrentamientos que incluyeron muertos.

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Foto / EFE

En el atardecer turco el gobierno de ese país denunciaba el intento de un golpe de Estado por parte de un sector del Ejército. El primer ministro, Binali Yildirim, confirmaba en declaraciones a distintos medios que había un intento de golpe militar en la capital, Ankara. "Hay probabilidad de un levantamiento militar", dijo Yildirim, y aseguraba en ese momento que ya descartaba que la asonada tuviera éxito.
"Se trata de un grupo dentro del Ejército que se ha alzado", dijo el jefe de gobierno, quien admitía que los militares habían "rodeado algunos edificios importantes".

El Ejército envió a los medios un comunicado en el que afirmaba que había tomado el poder en el país y varios edificios gubernamentales. Al mismo tiempo, unidades de la Gendarmería cerraban los puentes sobre el Bósforo en Estambul, impidiendo el tráfico entre la parte oriental y occidental de la ciudad.

Luego de esas declaraciones, el mando militar golpista declaraba el estado de sitio, los vehículos militares se apoderaban de las principales ciudades con disparos escuchados en la capital, Ankara, y en la segunda ciudad del país, Estambul. Ya entrada la noche hubo, además, informes de una explosión de una bomba en el Parlamento turco en Ankara.

En el comunicado los militares golpistas declaraban “El presidente y el gobierno están traicionando los derechos civiles y la libertad” y el “estado de derecho ya no está vigente”.

Según el mismo comunicado, los golpistas no cuestionaban la relación de Turquía con la OTAN y las Naciones Unidas. Su objetivo era fortalecer la colaboración con las organizaciones internacionales y “reconstruir el prestigio de Turquía en la política exterior, combatir el terror y la corrupción, y construir un Estado laico, democrático, social y justo”.

Erdogan, que estaba de vacaciones, realizó una primera declaración por FaceTime a un medio de comunicación, donde llamó a la población a salir a las calles para resistir el golpe. "Este golpe de Estado nunca tendrá éxito. Tarde o temprano será eliminado", aseguraba Erdogan por teléfono a la emisora CNNTürk.

A esa altura las hipótesis sobre el destino del Presidente turco eran tan confusas como la situación en el país. Desde un posible asilo en Alemania o que había sido detenido por los militares golpistas. Lo cierto es que lo único seguro a esa altura de la noche en el hemisferio norte, eran las declaraciones de los principales gobiernos de la Unión Europea -con Alemania a la cabeza- y de la administración estadounidense, llamando a respetar las instituciones democráticas en Turquía y respaldando al gobierno de Erdogan.

Masiva respuesta en las calles contra el golpe

El gobernante Partido Justicia y Desarrollo (AKP) llamó a la población a manifestarse en protesta contra el golpe perpetrado por un sector del Ejército contra el presidente, Recep Tayip Erdogán.

En las principales ciudades las escenas se repetían: miles se movilizaban desoyendo el toque de queda impuesto por los golpistas.

Se produjeron enfrentamientos, incluidos ataques aéreos, mientras que las autoridades civiles insistían en su pedido para que la gente se eche a la calle para detener a los militares rebeldes. Las imágenes de la población deteniendo a los tanques y de heridos por la represión del Ejército recorrían el mundo.

En varias ciudades se produjeron enfrentamientos entre la policía (aliada con Erdogan) y el sector golpista del Ejército. La agencia Anadolu informó que 17 policías de las fuerzas especiales murieron en enfrentamientos en una academia policía en Ankara. En esa misma ciudad varios tanques dispararon en las inmediaciones del Parlamento turco.

Si los militares golpistas contaban con el rechazo de un sector importante de la población a las medidas del Gobierno, la respuesta en las calles demostró que esa apreciación fue un tanto precipitada.

Erdogan demostró que, además de un fuerte rechazo, concita igualmente un fuerte apoyo popular en Turquía. Miles de personas comenzaron a llenar las plazas enarbolando banderas de Turquía, mientras desde las mezquitas se llamaba a defender al Gobierno electo democráticamente.

A medida que transcurría la noche, los generales de las principales fuerzas militares hacían llamamientos para que las tropas volviesen a sus cuarteles.

Erdogan vuelve triunfal tras el fallido golpe

Una vez que descendió en territorio turco, el presidente Erdogan fue escoltado por una multitud de seguidores en el aeropuerto Ataturk, al que llegó en la madrugada del sábado (horario de ese país NdR) después del fallido intento de golpe.

Luego de su llegada, Erdogan habló por la televisión en vivo. Dijo que el levantamiento fue un acto de "traición" y que los responsables pagarán un "alto precio", según informó Reuters. Añadió que el primer ministro ha dado la orden de "erradicar" a los que “están disparando desde el aire”.

Reiteró lo que ya habían dichos funcionarios de su gobierno acerca de que el levantamiento se llevó a cabo por una "minoría" dentro de los militares que no pueden soportar la unidad del país. Erdogan aseguró además que algunos de esos militares han estado siguiendo órdenes del clérigo Gülen y que el intento de golpe muestra que la estructura de Gülen es una organización terrorista armada. Gülen había negado horas antes su participación en el golpe.

Mientras el gobierno de Erdogan asegura que el golpe fracasó, y solo quedan algunos focos de enfrentamientos, los principales gobiernos imperialistas respiran aliviados. Si la crisis en el país que funciona como una “barrera” entre Europa y Medio Oriente se profundizaba, perdían a un gobierno aliado en la región y garante de las políticas imperiales en Siria o en la espinosa cuestión de los refugiados (en la frontera turca funcionan verdaderos campos de concentración para detener a los refugiados que escapan de la guerra).

Lo cierto es que aún no están claros los sucesos de la noche del viernes y madrugada del sábado, o qué llevó a un sector del Ejército a dar un golpe que no contaba con suficiente base de apoyo nacional e internacional.

A primera vista el que aparece como triunfador es Erdogan y su proyecto bonapartista que venía enfrentando dificultades, con una economía declinante, varios atentados por parte de sectores kurdos que reclaman contra la opresión turca y la difícil situación que conlleva actuar como garante de las políticas del imperialismo en su frontera con Medio Oriente.

 
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