Fotografía: DYN // Alberto Raggio
Bonifacio R. Espinoza tiene 33 años, vive en uno de los populosos barrios de Benavidez (Tigre), junto a su esposa y sus dos pequeños hijos. A escasos minutos de su hogar, en el barrio Doña Justa, se encuentra ubicada la cabecera de Ingeniero Maschwitz, que posee la empresa de transporte MONSA, conocida popularmente como “la 60”, donde el “boni”, como le dicen cariñosamente sus hijos, es chofer y miembro de la agrupación Al Volante.
Al finalizar el conflicto del 2015, sacó una importante lección: que en 42 días de lucha había aprendido lo que seguramente le hubiese llevado aprender más de 10 años, donde incluye su experiencia con el gobierno kirchnerista que los reprimió brutalmente sobre Panamericana y con quien se identificaba.
“Yo antes de la lucha, sí, simpatizaba con el Kirchnerismo” , nos dice Bonifacio. “De hecho, hay cosas que ha dado que sí, que las reivindico como las asignaciones universales; políticas que aplicaba que le servían al resto de los trabajadores. Muchas políticas sociales, y sí, también en ese período hubo un crecimiento económico que después se estancó y empezó a ir para abajo. Presionaba a ciertas empresas, se ha visto; entendiendo que se enfrentó al poder económico que nunca nadie se había enfrentado acá en Argentina, eso se lo reivindico hasta el día de hoy. No sé los objetivos, los tratados de ellos, pero se le plantó a los fachos más fachos, a los que generaron todo el genocidio de la Argentina que causaron muchas muertes, muchos daños. Fueron los únicos que se la dieron, o sea, que estuvieron en el lugar, que llegaron [refiriéndose a la presidencia] a ese lugar y hasta ganaron territorio. Yo creo que el proyecto de ellos, o sea, lo que es el peronismo, yo honestamente creo que es lo mejor que la Argentina vivió hasta hoy. Pero qué paso, la corrupción, o los acomodamientos que hay… no lo terminaron de desarrollar”.
Tiene un aire de duda, una cierta pregunta interna de que si solo se puede tratar de la corrupción o si eso que afirmó del peronismo es categórico. Pero se le puede echar la culpa a la corrupción que tanta ganancia le saca el macrismo, y que con tanto afán reproduce su gobierno que no tiene nada que envidiarle al kirchnerismo a la hora de hacer negocios para los empresarios amigos, sean o no familiares.
“No. Podríamos ir más a fondo. Deberíamos tener muchos más. Pero nunca lo tuvimos. Hasta ahí llegó el peronismo. Tal vez en algún momento es verdad que si no era por Perón, o que Perón los haya detenido hasta ahí, que el movimiento obrero podía haber estado armado para conseguir una Revolución o poder haber conseguido una independencia para los trabajadores. Cuando llegó, los sindicalizó, puso esto, esto y lo otro, y ahí apareció la burocracia. Lo burocratizó hasta ahí y dijo hasta acá llegamos. Más de esto no mires para arriba porque no hay. Como decía él, el movimiento obrero era la columna vertebral y la cabeza eran los dirigentes. Un peronismo que luego vendrá para poner orden e intentar decir ’hasta ahí’, o sino ’palos’, y si no alcanza con eso: los militares”.
Luego recuerda: [El movimiento obrero] “Organizado con internas combativas que tenían bien decidido lo que eran, gente que no se corrompían. Tenían los ideales bien puestos por los trabajadores que veían que el empresario era el que le robaba la dignidad todo el tiempo. A la burguesía se le había ido de las manos el movimiento obrero; desde el año 50 hasta el año 70, hasta el golpe militar, no se pudo armar nunca más de la manera que estaba armado”.
Como bien dice Bonifacio, el movimiento obrero luego de la huida de Perón había logrado resistir y ganar posiciones tan avanzadas que dieron experiencias como las del clasismo cordobés: el SITRAC-SITRAM. Entonces los ojos se tornan en cálida nostalgia, como sintiendo la embestida que sufrieron los trabajadores y su vanguardia con el golpe militar del ‘76. Luego, quiere afirmar que reivindica, pero también busca explicarse gráficamente los límites de los gobiernos populistas, dentro de los que ubica al kirchnerismo.
“Yo quería remarcar la represión que hubo en Bolivia por el Gobierno de Evo [Morales] que se considera socialista, como reprimió a los trabajadores. El modelo de Gobierno declina a eso, o sea, ’hasta acá te puedo dar o sino palos’. Porque lo que está pasando allá son como los últimos años del Kirchnerismo acá. El fin era eso: ’De esta manera yo voy a conseguir que vengan capitales, mostrando que le doy palos a los trabajadores’. En el mundo hay plata, pero prefieren meterla a la bicicleta financiera”.
Una clara descripción de por qué hay un hilo nada invisible que empalma a los gobiernos post 2001 y los gobiernos de derecha que hoy avanzan en Latinoamérica.
En la próxima entrega de la entrevista, la denuncia al rol pasivo de la dirigencia sindical, la tregua que mantienen con un Gobierno que aplica un “terrible y feroz ajustazo”, así como la reflexión sobre el FIT y su relación con el movimiento obrero. |