Según los organizadores participaron unas 100 mil personas, aunque otros cálculos estiman unos 30 mil manifestantes.
La marcha, convocada el día de San Cayetano, Santo del Trabajo, fue una nueva expresión masiva de descontento social tras los “ruidazos” de la semana pasada.
La composición fue compuesta mayoritariamente de sectores populares del conurbano bonaerense, aunque también participaron delegaciones de provincias del interior del país, y grupos de clase media.
Las columnas más numerosas fueron las de la CTEP (Central de Trabajadores de la Economía Popular), del Movimiento Evita y del Movimiento Popular La Dignidad, organizado dentro de la central.
La figura del Papa Francisco fue una de las postales predominantes de la movilización, incluso superando a la imagen de San Cayetano.
La Iglesia, a través del Arzobispo Mario Poli, aunque con con las ambigüedades del discurso eclesiástico, apunto al problema del desempleo y la desigualdad social , reclamando “compasión”.
El Arzobispo aprovechó la masiva convocatoria para ubicarse como la voz de Francisco en Argentina, ante quienes se declaran voceros “por sacarse una foto”.
Desde el gobierno, aunque con cautela, advirtieron sobre la “politización” de una convocatoria de origen religioso, y le pusieron “paños fríos” a la gravedad de la situación social.
El ministro de Trabajo Jorge Triaca fue el mas polémico , y desde su Twitter hizo descansar el reclamo de trabajo en un “rezo”: “Hoy es San Cayetano. Que Dios nos acompañe cuidando el trabajo de los que lo tienen y abriendo oportunidades para los que lo buscan”.
La concentración funcionó como catalizador de una oposición política y social que no encuentra otros canales, en el marco de las divisiones del kirchnerismo y del llamado -casi permanente- de Cristina Fernández a “no hacer oposición”. La iglesia se mostró como un gran actor de contención frente al descontento social. |