Al editorialista de Les echos parece interesarle más la campaña presidencial de 2017 que otra cosa. Luego de candidatear la semana pasada a la ultraderechista Marine LePen, el viernes “moderó un poco su discurso”, llamando a la derecha tradicional a comportarse correctamente. Deberán limar las “disputas personales”, pero, a diferencia del PS, los tres precandidatos a la presidencia del UMP (Sarkozy, Fillon y Juppé) se muestran cada vez más de acuerdo con las medidas necesarias frente a la crisis: Aumento de la edad jubilatoria, aumento de la jornada laboral (actualmente está en 35 horas semanales) y controles a la inmigración, entre otras. Esto daría la ventaja a la derecha si logran superar las “luchas fraticidas” que desde hace tiempo les vienen jugando en contra. Por el otro lado las divisiones del PS son más “profundas”, “ideológicas”. Esto surge luego de que Martine Aubry, alcalde de Lille y una de las figuras más importantes del PS, saliera públicamente a apoyar a los diputados díscolos (los “revoltosos”) y a alejarse de la política económica del gobierno. La gran burguesía francesa se prepara para un cambio de gobierno. Parece que el PS ya perdió todo interés aunque haya sido (y lo siga siendo) un excelente defensor de sus intereses.
Libération, periódico de centro-izquierda derrapa respecto a las reformas necesarias. El editorialista del viernes se sube al tren del “triunfo” del premio Nobel francés Jean Tirole para abrir la puerta a más reformas. “Romper los tabúes, ¿Por qué no?”, comienza el artículo, siendo los “tabúes” las conquistas de los trabajadores que hasta ahora eran incuestionables para la centro-izquierda. Más adelante el mismo artículo dice “el sistema actual de la terrible impresión de girar en el aire, sería sensato querer estudiar otras pistas”. El problema es que las otras pistas siempre significan más ataques, no son, por ejemplo, el reparto de las fuentes de trabajo.
Lo que está en juego es una reforma de los contratos laborales barajada explícitamente por el Premier Manuel Valls. Tanto él como su ministro de Economía, el ex banquero Emmanuel Macron quieren imponer algo “intermedio” entre los “contratos por tiempo indeterminado” (CDI) y los “contratados por tiempo determinado” (CDD). Lo quieren vender como una mejora para los sectores más precarizados, pero en realidad significa más precarización para los trabajadores “estables”.
Otro proyecto es reformar la posibilidad de trabajar los domingos. En Francia, salvo para algunos sectores como la gastronomía o el turismo, el trabajo los domingos está prohibido. Hay sectores que quieren modificar esto sobre la base del “voluntariado”. Pero cuando un patrón le pregunta a su empleado si es voluntario para trabajar el domingo, éste difícilmente podrá decir que no, por miedo a ser el primero en ser despedido o a otras represalias. Esta medida encuentra, por el momento, la oposición de los sindicatos.
Le journal du dimanche, un diario popular, el único que sale los domingos, centra su edición sobre estos temas. Aunque le da aire a las reformas, sobre todo en boca de Eric Woerth, diputado del partido de derecha UMP, también le da un espacio a la oposición de Jean-Claude Mailly, secretario general del sindicato Force Ouvrière. Pero lo más interesante es que relaciona estas reformas con el “Jobs act” italiano, impulsado por el primer ministro italiano Mateo Renzi. Estas reformas, que implican un aumento de la precarización laboral, están generando una fuerte oposición del otro lado de los Alpes. Cientos de miles de personas manifestaron ayer en Roma contra la política del gobierno italiano. |