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23 de agosto de 2016 Twitter Faceboock

MUNDO SINDICAL
CGT: algo de unidad, mucha prudencia y aún más tregua
Eduardo Castilla | X: @castillaeduardo

El tan anunciado congreso de reunificación terminó con duras críticas hacia quienes no estuvieron y la ratificación de la tregua con el Gobierno.

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Finalmente llegó el día de la tan ansiada reunificación de las centrales sindicales. Después de varias horas se sesión, dedicadas específicamente a la rosca, terminando el acto se podían escuchar cánticos de festejo. Aunque, a decir verdad, entusiasmo no era lo que sobraba.

Desde el palco los discursos finales de Barrionuevo, Caló y Moyano apuntaron sus dardos contra los “ausentes”. Lo mismo haría el “ingresante” Héctor Daer (Sanidad), que pidió que nadie se “haga el revolucionario” fuera de la CGT.

¿Qué explica el enojo? Tan solo el hecho de que las ausencias arruinaron un poco la “fiesta” de la unificación. Gremios importantes quedaron afuera y esto ocurrió a pesar de los largos meses en los que los dirigentes sindicales dedicaron sus energías exclusivamente a esta negociación y la que tenían con el Gobierno por los recursos de las obras sociales. Ni los brutales tarifazos, ni los despidos ni la inflación creciente alcanzaron para hacerlos salir de esas cuestiones de agenda.

Los más de tres meses de negociaciones parieron una reunificación que, según consignaron los presentes, terminaron votando un 72% de los congresales en representación del 59% de las organizaciones sindicales. Una cifra de ausencias para nada menor.

La rosca infinita

Desde temprano se sabía que no estarían presentes los 67 gremios agrupados con Gerónimo “Momo” Venegas (Uatre) ni los congregados en el llamado Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA), que tuvo como vocero al líder de los taxistas, Omar Viviani.

Si esto ya configuraba un escenario de tensiones, el último golpe vino de la mano de la denominada Corriente Sindical Federal, donde habitan organizaciones ligadas al kirchnerismo pero que, en este caso, llevó al radical Sergio Palazzo (bancarios) como candidato a secretario general por ese espacio. Ese sector se retiró poco después del mediodía por no haber logrado los cargos a los que aspiraba. Con él se fueron, según Palazzo, una veintena de organizaciones más.

Así, solo entre los gremios que podían participar en calidad de organizaciones confederadas, solo se encontraban poco más de 124 sobre las 213 totales.

Más allá de los congresales

Pero este dato no hace más que empezar a bosquejar la ausencia de representatividad que tuvo este congreso. Es preciso mensurar el peso específico de algunos de los gremios que no fueron parte de la reunificación.

El mismo Palazzo encabeza la Asociación Bancaria, que dice contar con 130 mil afiliados. Demás está decir que se trata de uno de los sectores más importantes dentro del conjunto de la economía. Afuera de esta unidad quedó también el SMATA, hoy dirigido por el ex kirchnerista Ricardo Pignanelli, que agrupa a decenas de miles de trabajadores con inserción en las grandes multinacionales automotrices, otro centro neurálgico del poder capitalista en la Argentina. Tampoco estará, integrando esta nueva central “reunificada”, la Unión Ferroviaria, gremio estratégico del transporte en la Argentina.

Los límites a la unidad del movimiento obrero no pueden mensurarse solo desde el punto de vista de las organizaciones que estaban autorizadas a participar en la reunión de este lunes.

En Argentina se hallan registradas alrededor de 3.000 organizaciones sindicales, entre aquellas que tienen personería gremial y las simplemente inscriptas. La cifra multiplica por diez la cantidad de organizaciones que estaban registradas para participar del congreso de Obras Sanitarias, dando cuenta de la distancia real entre esas conducciones y el conjunto de la clase trabajadora. Esa miríada de organizaciones existentes en todo el país y a distintos niveles, expresa la crisis del llamado “modelo sindical argentino”, con organizaciones altamente burocratizadas, donde amplios sectores no encuentran canales siquiera para los reclamos mínimos.

Los problemas de representación no se cierran aquí. A esta cuestión hay que añadir que las organizaciones sindicales, por su propia estructura, dejan afuera a una porción sustancial de la clase trabajadora.

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En Argentina, trabajadores tercerizados, informales y en negro se hallan marginados prácticamente del llamado “mundo sindical”. Ese conjunto dentro del colectivo de la clase trabajadora se mantuvo en niveles similares –cercanos al tercio del total- desde 2008-2009, evidenciando los límites reales del llamado “modelo de inclusión social” que postulara el kirchnerismo como parte de su relato político. Esa dinámica de precarización del empleo no ha hecho más que profundizarse en el corto ciclo macrista de ochos meses de gobierno, según consignó hace pocos días un estudio realizado por la UCA.

En esa realidad, las conducciones sindicales tuvieron un papel no menor. La continuidad de la precarización laboral se sostuvo a lo largo del ciclo kirchnerista. Allí la burocracia de los gremios, lejos de pelear contra esas condiciones, permitió su profundización.

Un relato opositor

La unidad no puede prescindir de la situación que atraviesa al conjunto el país. A pesar de la tregua, la CGT debe sostener un discurso de oposición que permita canalizar el descontento social creciente, descontento que se expresó ante los tarifazos y se manifiesta, de manera aislada, ante despidos, suspensiones y otros ataques de las patronales.

El mismo Caló, en su discurso de cierre, habló de los “problemas” de la inflación y de las importaciones haciendo propio, como ya es costumbre, una demanda de los empresarios.

El mismo Daer, uno de los nuevos integrantes del triunvirato, lanzó una feroz crítica contra la “necedad de la política económica que claramente llevó a cabo este gobierno”.

Es preciso anotar que Daer es diputado nacional por el Frente Renovador. Acuña, que también integra ese espacio político, lo acompaña en el triunvirato. Fue esto lo que motivó que el “Momo” Venegas pudiera presentar el cónclave como el hecho de “regalarle la CGT a Sergio Massa”.

La prudencia y la tregua

“Nos quieren venir a imponer medidas de fuerza cuando recién estamos consagrando la unidad del movimiento obrero y creemos que es una falta de respeto. No sé si somos sabios pero sí prudentes y sabemos cuándo, qué día y a qué hora vamos a saber asumir la responsabilidad”.

Quien habla es Luis Barrionuevo. El mismo dirigente que hace más de veinte años inmortalizó la frase “hay que dejar de robar por dos años” ante Mirtha Legrand, regala otra afirmación de antología.

Terminar un congreso de reunificación y empezar garantizando la “prudencia” constituye una declaración política de ratificación de la tregua, una confirmación para quienes quieren oír, de que el tiempo de las medidas de fuerza “aun no ha llegado”. Música para los oídos de un Gobierno que, hace pocos días, terminaba una semana políticamente bastante complicada.

Hugo Moyano, en el cierre del congreso, habló elípticamente contra el Gobierno nacional, anunciando que “no nos van a doblegar”. La realidad es que no parecería ser necesario doblegar a nadie. Lo único en lo que se mantienen firmes los dirigentes es en la tregua con el Gobierno.

Después de tanta pompa y anuncio, el congreso de reunificación terminó con algo de unidad, mucho de prudencia y una ratificación de la tregua con el Gobierno. Esto ocurrió el mismo día en que Macri se despachó con un discurso contra los trabajadores por "poner palos en la rueda".

El congreso vuelve a hacer evidente lo necesario de la pelea por recuperar las organizaciones sindicales, que se desarrolla desde la izquierda trotskista.

 
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