En enero del año que corre, Duarte presentó la propuesta para reformar el artículo 4° de la constitución veracruzana, con argumentos poco coherentes como comparar el aborto con la pena de muerte, y usando como argumento un criterio de la Suprema Corte: "nadie podrá ser privado, entre otros derechos, de la vida, sin cumplir con la garantía de audiencia." Resulta incluso contradictorio el argumento del gobernador, en un estado en que las cifras de feminicidio son abrumadoras y en el que han sido asesinados cerca de una veintena de periodistas en su gestión.
El 18 de julio fue aprobada en la cámara de diputados del estado, y posteriormente respaldada por 137 de los 203 ayuntamientos.
Pese a la manifestación de repudio por parte de organizaciones de mujeres y las críticas echas a la reforma por parte de Organización de las Naciones Unidas (ONU), el día de ayer se aprobó lo reforma antiaborto en el estado.
La práctica no baja, pero las muertes de mujeres sí aumentan. Este tipo de leyes no dismimuye la práctica de aborto, sin embargo, sí aumenta la muerte de mujeres en sus casas desangradas por intentar hacer abortos caseros o en las planchas insalubres de quirófanos clandestinos.
Las que mueren, son principalmente aquellas que no tienen condiciones para trasladarse a lugares donde esté permitido el aborto o las que no tienen dinero suficiente para pagar su realización en mejores condiciones; las que mueren son mujeres trabajadoras y de los sectores populares.
No sólo se niega el derecho a decidir, las mujeres llegan a ser condenadas a prisión. Tan sólo en 2015, 30 mujeres fueron encarceladas por abortar. Ni una muerta más por aborto clandestino. Para conquistar nuestro derecho a decidir, necesitamos ser miles en las calles. Es urgente levantar un gran movimiento de mujeres para luchar por la libertad de las mujeres presas por abortar, y para evitar que el número de mujeres que mueren por abortos clandestinos cesen.
Como lo demostró el caso de Belén en Argentina, cuando nos organizamos y decidimos tomar las calles podemos arrancarle al Estado a las presas, e ir incluso por más.
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