La “rosca libre” de los últimos meses tenía su último capítulo el lunes 22 en el estadio Obras. Desde las 8 de la mañana se estiraban las colas para acreditar congresales. Padrones rigurosamente acordados, secretarios generales designados de antemano, discursos “prudentemente” preparados y catering encargado. Nada estaba librado al azar. A media mañana, solo una duda merodeaba el ambiente: ¿qué iban a hacer Palazzo y la Corriente Sindical Federal?
Antes del mediodía, la tranquilidad de las afueras del estadio se interrumpía. Palazzo, dirigente bancario de origen radical y amigo de Cobos, respondía con “mi voto no es positivo” a la propuesta de la mayoría. “No nos fuimos de la CGT, renunciamos a los cargos. No hay plan de lucha ni programa claro”.
Después de dejar su mensaje, encara la calle, seguido por 200 militantes bancarios, lecheros, gráficos y curtidores. “A volver, a volver / vamos a volveeer” cantaban. Palazzo niega que el canto tenga una connotación política; el gráfico Amichetti sonríe. La columna envalentonada se detiene en el semáforo. Espera el verde peatonal para cruzar respetuosamente la Avenida Libertador. “Vamos a volveeer”.
Un camarógrafo los observa y no puede evitar la comparación. “Congresos eran los de antes”.
¿Hay una sola CGT?
Al entrar al estadio, la voz familiar de Jorge Formento sacude a los recién llegados. El hombre que con voz engolada hacía jugar a la juventud en “Feliz domingo”, trata de conducir un congreso de hombres entrados en años.
En la Argentina el promedio de los secretarios generales es de 29 años en sus cargos. Parece que los congresales también. Los únicos jóvenes en Obras son los muchachos de pecheras que los custodian quién sabe por qué.
Formento cede el micrófono a la comisión de poderes, que se encargará de cumplir las formalidades de la jornada. “Con la presencia de 1582 congresales en representación de 124 organizaciones confederadas, el Congreso General Ordinario está en condiciones de sesionar”.
El aplauso y la ovación bajan de las gradas al escenario, como si acabaran de protagonizar una batalla heroica. Hugo Moyano se monta sobre los aplausos para aclarar que “a pesar de los compañeros que se fueron, está aquí el 72 % del padrón de los gremios confederados”.
A esta altura, queda claro que “los que no están” son más importantes de lo que aseguran desde el escenario. Con la retirada de los bancarios y la Corriente Federal, la ausencia del MASA (Smata, Telefónicos, Ferroviarios, Luz y Fuerza) y las 62 Organizaciones de Gerónimo Venegas, la “unidad de toda la CGT” parece cuestionada.
Ni hablar de la unidad del movimiento obrero. ¿En qué mesa se podían anotar los congresales de los tercerizados, de los desocupados, de los contratados? ¿Donde está el padrón de los 2750 gremios que no están confederados?
Entre 4 millones de trabajadores sindicalizados, solo 1582 pudieron elegir a quienes conducirán la central obrera los próximos 4 años.
Los tres a la final
Momentos decisivos. Formento anuncia que “los compañeros que quieran, pueden presentar otras listas hasta las 14:30 horas”. Finalmente – lo sospechábamos – no aparecen listas opositoras.
La Lista 1 tiene el triunfo asegurado. Desde el escenario se leen una y otra vez los nombres y los cargos negociados minuciosamente en las últimas semanas. Tres secretarios generales (Schmidt, Acuña, Daer, “los tres a la final” diría Formento), un adjunto (Rodríguez), 35 sillas en el Consejo Directivo, otras tantas en la Comisión Revisora de Cuentas y algunos puestos en el estratégico Comité Arbitral, que define las polémicas por encuadramiento.
Nombre a nombre, sigla a sigla, el aplausómetro irá ayudando a medir lealtades y cantidades. La guerra de cantitos deriva, inevitablemente, en la vieja rencilla Camioneros vs UOCRA; hasta que el resto del estadio impone el “Y ya lo vé / y ya lo vé / hay una sola CGT”.
En la Argentina, cualquier trabajador puede elegir Presidente; hasta puede organizarse con otros para postularse a un cargo político. Pero no puede participar de la elección de los hombres que conducen los destinos de la central obrera.
Las reglas del “modelo sindical” que custodia la CGT.
“No somos sabios, pero quédense tranquilos que somos prudentes”
La tarde se hace larga y el horario de votación se acorta. Para qué estirar lo obvio. Los secretarios generales, flamantes y eternos integrantes del Consejo Directivo de la Confederación General del Trabajo, empiezan a subir al escenario.
La comisión de poderes canta la posta: “de 1582 congresales habilitados, votaron 1540, 8 votos fueron en blanco y 4 impugnados”. Ovación.
Luis Barrionuevo inaugura entonces los esperados discursos. Después de dejar claro que son los herederos de “Rucci, Vandor, Lorenzo y Ubaldini”, deja otra de sus frases para la historia. “No somos sabios, pero quédense tranquilos que sí somos prudentes”.
Antonio Caló solo se apasiona cuando defiende las pymes y la industria nacional.
Hugo Moyano encara su último discurso como dirigente cegetista. Quizá presagiando los debates que flotan en el ambiente, elige destacar “la forma ab-so-lu-ta-mente democrática en que hemos elegido nuestras autoridades” y remarcar que “estos compañeros que asumen van a poner todo lo necesario para que los reclamos sean escuchados”.
¿Hasta cuándo?
La jornada va llegando a su fin. Debajo del escenario, los secretarios generales sonríen mientras explican a la prensa “el paso histórico de la unidad”. Es cierto que se han juntado quienes venían por veredas distintas. Pero alrededor del escenario, los que conocen el paño confiesan en voz baja que “la unidad nace torcida”, “quedan muchos afuera” y “no están muy entusiasmados”. Y se preguntan: “¿hasta cuándo pueden demorar la convocatoria al paro con la bronca que hay abajo?”.
Formento vuelve a engolar la voz para presentar a los nuevos jefes.
Carlos Acuña, de Estaciones de Servicio y el Frente Renovador, se pone ronco jurando que “el modelo sindical que creó Perón hoy está más vigente que nunca”.
Juan Carlos Schmidt se excusa de la falta de programa y plan de lucha que le achacan sus adversarios. “Vamos a edificar el programa de la clase trabajadora, pero no en un gabinete de expertos, sino entre todos”. ¿Ahora va a decir la fecha de las asambleas en los lugares de trabajo para discutir entre todos el programa y cómo conquistar esos reclamos? Error.
Héctor Daer, de Sanidad y el Frente Renovador, toma el micrófono. Por si hiciera falta, vuelve a marcar la cancha. “El que hace un discurso acá, y afuera en la conferencia habla como si está haciendo la revolución, se equivoca. Pero tenemos que hacer recapacitar a este gobierno; la medida que se tome será la necesaria y en el momento adecuado”.
Como el resto de los oradores, Daer evita las dos palabras prohibidas de la tarde: Paro y Macri.
Pero se guarda un minuto para hablar de “estrategia”. “Tenemos que pensar las alianzas posibles para establecer un parlamento y un gobierno que defienda nuestros intereses”. Así tiende un puente hacia el 2017. La reunificación de la CGT también es una señal hacia dentro del peronismo, todavía golpeado por la derrota. Que dos de sus secretarios generales sean legisladores massistas no parece casualidad. Todo sindicalismo es político. Lo saben ellos más que nadie.
Cinco y cuarenta y cinco de la tarde. En Obras empieza a sonar la marcha peronista, aunque la mitad del estadio ya está vacío. Después de meses de “rosca libre”, las cúpulas sindicales se unificaron a su manera. Estrenan nuevos secretarios generales, pero siguen con el mismo libreto: el de la tregua. ¿Hasta cuándo?
Claves
» En el Congreso Confederal se unificaron tres de las CGT: Azopardo (Moyano), “Alsina” (Caló) y Azul y Blanca (Barrionuevo). Los nuevos secretarios generales son Schimdt (responde al moyanismo y los gremios del transporte), Acuña (responde a Barrionuevo) y Daer (de “los gordos”). Dos de ellos (Acuña y Daer) son legisladores de Sergio Massa.
» De los 213 gremios “confederados”, 89 no participaron de la elección. Entre ellos bancarios, lecheros y gráficos (Corriente Sindical Federal), telefónicos, taxistas, lucifuercistas, ferroviarios y mecánicos (Movimiento de Acción Sindical Argentino), trabajadores rurales y correos (Mesa Sindical de Unidad Federal).
» De los 4 millones de trabajadores sindicalizados, votaron 1582.
» 3000 gremios hay en la Argentina, entre simplemente inscriptos y con personería. El 60 % de la clase trabajadora no está sindicalizada (desocupados, “en negro”, fuera de convenio).
» 160 mil despidos, 12 % caída del salario real, 500 % aumento de tarifas, y las cúpulas sindicales no convocaron en 250 días de ajuste ninguna medida de fuerza nacional.
» $ 100.000 promedio cobran por mes los secretarios generales de los gremios de la CGT, y hace 29 años ocupan sus cargos.
» El PTS-Frente de Izquierda se propone seguir construyendo una fuerte corriente militante en el movimiento obrero, que ya impulsan 2500 compañeros y compañeras en 62 gremios. Abajo la tregua: que el ajuste lo paguen los capitalistas. |