Lo reconoció el Ministro de Minería de San Juan. Aclaró también que la minería es una de las actividades más importantes para la provincia. Se extiende el reclamo por el cierre definitivo de Barrick.
La megaminería es contaminante. No hay ejemplos que demuestren lo contrario, ni podría haberlos. Para extraer oro, estas empresas destruyen con explosivos y a cielo abierto, el cerro donde se aloja el mineral. Trituran la roca y luego realizan lo que se denomina proceso de lixiviación. En este proceso se utiliza cianuro y metales pesados para separar el oro de la roca. El cianuro es altamente tóxico.
El derrame del año pasado arrojó unos 5 millones de litros de solución cianurada a la cuenca de los ríos. El descontento y la resistencia de la comunidad que no quiere la megaminería, obligó al gobierno a pedirle a Barrick que mejore su seguridad.
En el valle de lixiviación donde opera la minera, hay una especie de barreras para contener el cianuro y otras sustancias, su función es ser un límite y se conocen con el nombre de bermas. Levantar las bermas a una altura mayor para evitar desbordes era uno de los pedidos que la multinacional debía cumplir. Barrick no lo hizo y un año después se conoció un nuevo derrame, de magnitudes aún desconocidas.
Casi una semana ocultaron este nuevo desastre ambiental a la población. Barrick y el gobierno de San Juan actuaron juntos hasta que las fuerzas políticas que gobiernan la provincia -todas cómplices del cianuro que corre por los ríos- tomaron nota que el costo a pagar sería proporcional al tiempo que dure la mentira. Finalmente lo hicieron público y la empresa tuvo que reconocer el derrame. Por estos días, el gobierno intenta demostrar preocupación, pero el límite de no querer ir a fondo contra Barrick, lo deja con sabor a poco entre la población que cada vez tiene menos paciencia y mayor indignación.
El gobernador Sergio Uñac viajó a Jáchal y habló de multas y remoción de algunos cargos en la empresa. Las familias y asambleístas que lo escucharon insistieron en el reclamo de cierre definitivo de la mina. Uñac respondió no tener competencia para ello. En otras palabras, el mensaje de Uñac en Jáchal fue “multa y medidas de seguridad para calmar las aguas, a cambio de seguir explotando, saqueando y contaminando”. Por si quedan dudas sobre quién mueve los hilos realmente, cuando de gobiernos cipayos y multinacionales se trata.
Horas más tarde, el Ministro de Minería Alberto Hensel, fue el encargado de seguir con esta línea de mensaje. En conferencia de prensa, Hensel reconoció que después del derrame el año pasado, Barrick no “mejoró todas las barmas” y recordó que “esto estaba dentro del plan de trabajos que debían realizar luego del primer incidente”. Instó a la empresa a resolver este asunto y a poner más cámaras de seguridad, para reanudar así las tareas que fueron suspendidas en la mina desde que el derrame tomó estado público. Y, siguiendo los pasos del gobernador, aclaró “que la minería tiene que ser un factor del desarrollo de San Juan”.
Justamente la falta de desarrollo es una de las razones por las que también en Jáchal dicen Fuera Barrick! La megaminería fue transformando esta localidad en los últimos años, según cuentan todos sus habitantes. Barrick no representa puestos de trabajo ni mayores ingresos para Jáchal. Por el contrario, con la llegada de la minera la localidad perdió su producción agrícola; ya no llegan los canales de TV o las radios que sí lo hacían hace unos años; prácticamente no hay acceso a Internet; el estado de las calles, las escuelas o el hospital dejan ver la falta de recursos y el agua no sólo escasea sino que ya no puede consumirse. Barrick condenó a Jáchal al aislamiento y al atraso, el mismo que aplasta a todos los pueblos a lo largo de la cordillera, donde la megaminería está instalada.
En esas condiciones, un sector de la comunidad resiste para defender su tierra y el agua, de multinacionales como Barrick y de los gobiernos que se arrastran. Lo hicieron durante el kirchnerismo y siguen firmes ahora frente al gobierno de Cambiemos. Hombres, mujeres, jóvenes y niños sostienen el acampe, que hace un año exige cierre definitivo de mina; remediación de los pasivos ambientales y sociales; y prohibición de la megaminería a cielo abierto con uso de sustancias tóxicas. Estas son las consignas que cobraron vida en las diferentes movilizaciones que se vienen llevando adelante en apoyo a Jáchal y contra la Barrick. Desde todo el país llegan muestras de apoyo a esta lucha, que será persistente mientras los gobiernos sigan apostando a la megaminería. Los jachalleros no están dispuestos a bajar los brazos. Para ellos el agua se defiende con la vida.