Tomó por calle 140, en dirección a la 66, y fue acompañando el paso con su pensamiento, quizá recordando algunos hechos que marcaron su vida, quizá pensando en el juicio que se estaba llevando a cabo contra el ex comisario de la Policía Bonaerense Miguel Ángel Etchecolatz, en donde fue querellante y testigo, y relató las torturas y martirios a los que fue sometido durante los años 1976 a 1979, mientras fue detenido ilegalmente por la dictadura militar.
Su recorrido llegó hasta la avenida 66, donde caminó unas cuadras hasta llegar a 138, se detuvo unos instantes a saludar a un vecino y siguió su marcha, hacia el centro comercial del barrio.
En la transitada 66 se detuvo. Entre los cajones de verduras y frutas y las ventanas de Edelap, lo vieron por última vez. En aquel rincón de Los Hornos, una puerta con el número 2125, albergaba a Susana Beatriz Gopar, una de las 9.000 agentes de la policía bonaerense que estaban activas desde la Dictadura, y quien además fuese secretaria de Etchecolatz. Su número de teléfono estaba en la agenda del genocida al que López iba a mandar a prisión perpetua aquella misma mañana.
Frente a la casa de Gopar un cartel despintado dice “Arana”, y señala la dirección que López recorrió en 1976 rumbo al campo en donde estuvo detenido ilegalmente durante 10 días, uno de los centros clandestinos de detención que conformaban el Circuito Camps. Macabra casualidad. A pesar de los datos aportados por los vecinos que lo vieron ahí “como buscando algo”, esa casa nunca fue allanada.
Para cuando se encontró sobre la vereda de la avenida principal, flanqueada a ambos lados, por comercios y aceras colmadas de vecinos, López caminó en dirección ascendente, hasta que se encontró con la esquina de calle 67, dobló hacia la izquierda y siguió su camino.
Julio, circuló por una vereda angosta, llena de baches y piedras sueltas, que dificultan el paso, hizo unos 200 metros, hasta que se encontró con la esquina de 135, una estrecha calle mejorada con conchilla y arena, giró hacia la izquierda y sus pasos se detuvieron, sus pies cesaron el viaje y su figura se incrustó en la memoria de todos sus vecinos, aquellos que lo conocieron y los que no, su familia que aún recuerda su esfuerzo por mejorar la casa y el barrio, sus compañeros que esperan el reencuentro y todos los que reclamamos justicia a pesar del tiempo transcurrido.
Hoy a 10 años de ese último trayecto, zigzagueante recorrido por las calles de Los Hornos, López no ha vuelto a caminar las calles de su tan querido barrio, de su cuadra y de su casa. La Izquierda Diario recorrió ese trecho en donde hace una década los pasos del hombre que desapareció dos veces aun siguen pisando fuerte en la memoria.
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