Luego del 2011 las calles dieron el grito de alerta, estudiantes tendieron a confluir en las calles con los trabajadores demostrando que había cambiado la vida del Chile recio y exitoso -para los empresarios- de los años 90.
El país está convulsionado, aunque siempre con vaivenes
Luego del 2011 el país no volvió a ser el mismo, los estudiantes abrieron las calles a los trabajadores, quienes ingresaron con una fuerza enorme a exigir sus demandas.
No solo los sectores más tradicionalmente combativos, como portuarios o mineros, entraron en escena. Las calles se las tomaron las tías de la Fundación Integra, los trabajadores de Correos de Chile, las y los docentes, los funcionarios públicos, etc.
Este Chile ha cambiado y los gobernantes lo saben
La política de los consensos ya no da abasto para mantener la gobernabilidad de un país que cada día ve con más desconfianza al un gobierno intransigente y a un parlamento que es una cueva de políticos millonarios, pagados, los más inescrupulosos, directamente por empresas como Corpesca, Penta o SQM.
La política tradicional no ha logrado retomar el control que durante todos los años 90 permitió mostrar al mundo el “milagro chileno”, un modelo de un Chile precario basado en trabajo inestable, flexible y mal pagado, de privatizaciones y derechos sociales con un marcado carácter mercantil que hoy no da más.
Hoy todo desemboca en movilización. La educación, las viviendas, las pensiones, los sueldos, etc. Marchas que terminan con cortes de calle, barricadas y la respuesta represiva del gobierno. Y este descontento también se refleja en las urnas, otro flanco que abre el temor a políticos y empresarios, las cuales cada vez tiene menor afluencia.
Políticamente esta emergencia busca como expresarse, lo que ha abierto camino a nuevos fenómenos políticos, como lo expresa Giorgio Jackson (diputado de Revolución Democrática) a nivel parlamentario o Jorge Sharp (novísimo alcalde del Movimiento Autonomista) quienes pretenden expresar a una difusa ciudadanía y reformar los puntos más odiosos del régimen.
Pero la situación es mas urgente aún, en este Chile donde se puede ver que el gobierno empuja a los docentes a la protesta con barricadas, o a los funcionarios públicos a enfrentarse sin miedo con Carabineros, resistir el carro lanzaaguas, se expande el rechinar de dientes mientras entre los trabajadores crece la bronca.
Que estos nuevos fenómenos políticos quieran expresar a la ciudadanía no basta para las tareas urgentes para ponerle fin a este régimen heredado de la dictadura y administrado eficientemente para los empresarios. En un Chile donde los trabajadores cada vez tienden más a ponerse al centro y tomar la batuta estos requieren que sus exigencias tengan una expresión política, una expresión que sea independiente de los empresarios, que ponga en perspectiva un gobierno centrado en los intereses de los trabajadores y en la perspectiva de transformar el sistema capitalista, no administrarlo ni reformarlo.
En cierta forma esta expresión política se empieza a hacer carne en la FECH, Barbara Brito, militante trotskista del Partido de Trabajadores Revolucionarios y feminista, se encumbró en una sorpresiva elección a la vicepresidencia de la federación de estudiantes más importante del país. Su discurso de proclamación se centró en los derechos de las mujeres trabajadoras y estudiantes, en la lucha de los funcionarios públicos y la lucha contra las AFP.
Un discurso desde el mundo estudiantil que busca ser la voz de los trabajadores y trabajadoras dentro de la FECH.
Hay un cultivo interesante en el país.
El pasado jueves los funcionarios públicos se tomaban las calles del país, que además continuaron este viernes. En Santiago cortaron la Alameda siendo reprimidos por carabineros con carros lanzaagua, pero lo impresionante era ver como mujeres y jóvenes trabajadores, con teñida funcionaria (vestidos, zapatos, delantales), mojados de pies a cabeza, se enfrentaban a la represión, le hacían frente a carabineros, arrancaban a compañeros de las manos de carabineros, etc. Los trabajadores se están alzando, son los que mueven el país, no es para menos.