Tres impugnaciones
La primera, al empresariado. Porque como si todavía estuvieran en dictadura, y a través de su gremio mayor, la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC); exigió que dos diputados que apoyaron la huelga de los trabajadores de Sodimac, Gabriel Boric y Camila Vallejos, fueran destituidos de sus cargos, amparada su cavernaria pretensión, en el artículo 60 de la Constitución de Pinochet aún vigente. Este artículo establece que “cesará en su cargo el diputado o senador que ejercite influencia ante las autoridades administrativas o judiciales en favor o representación del empleador o de los trabajadores en negociaciones o conflictos laborales, sean del sector público o privado, o que intervengan en ellos ante cualquiera de las partes”.Vallejos la ignoró. Boric respondió que no la respetará. Y para colmo de sus males, volviendo del 11 de septiembre de 1973 al presente, se encontraron con que su propio Tribunal Constitucional dictaminó años atrás que no era incompatible con la función parlamentaria. Fueron por lana y salieron trasquilados.
La segunda, la de las cúpulas burocráticas oficialistas, uno de sus apoyos entre el movimiento de los trabajadores. Sufrieron una aplastante derrota en las elecciones para el Colegio de Profesores: Jaime Gajardo del Partido Comunista tras casi 10 años tuvo que dejar la Presidencia a su opositor Mario Aguilar, y quedó relegado a solo 3 cargos contra 7 que obtuvo la lista ganadora. La culminación de un proceso que se inició a fines del 2014 con la “rebelión de las bases” y siguió con el “paro largo” contra la Carrera Profesional Docente del 2015.
La tercera, la de la prensa del régimen empresarial. La huelga de los trabajadores de Sodimac mostraba su fuerza con la paralización y las movilizaciones, pero era, cómo no, silenciada en los medios. Su fuerza se impuso, demandando que no se informaba por ser uno de los principales avisadores, lograron perforar el muro de silencio, obligándolos a informar, aunque por supuesto, buscando perjudicar a los huelguistas.
La impugnación y el rechazo a todo lo que huela al régimen y sus instituciones, sigue marcando el presente político, y todo dice que lejos de debilitarse, es un proceso que se fortalecerá.
La trinchera
Los guardianes del régimen se sienten asediados y se atrincheran. El Gobierno para el último tramo de su mandato, reunido en Cerro Castillo, decidió que es tiempo de “consolidar”, pero no para avanzar, sino para retroceder.
La reforma educacional y la gratuidad sigue estancada, y virando a derecha. La derecha de la Alianza por Chile vuelve a advertir que irá al Tribunal Constitucional por la glosa de gratuidad, y el Gobierno para contentarlos dice que ampliará sus beneficios a las Universidades privadas.
La puja distributiva sigue abierta y con Gobierno y empresarios con una respuesta anti-trabajadores: el reajuste del sector público quedó cercano al 0%, los dueños de Sodimac rechazan las demandas de sus trabajadores, el directorio de Codelco proclama que pondrán fin al “bonismo” (es decir, que no darán bonos de fin de conflicto) y mantendrán la política de aumentos salariales de 0%.
La cerrada defensa de sus privilegios e intereses, no hace más que ahndar el abismo que los separa del pueblo trabajador, y aumenta sus crisis.
La pendiente
Caen así en una pendiente. Todos sus partidos e instituciones se canibalizan y desangran.
En la Nueva Mayoría, Lagos atacó a Bachelet por el Transantiago. Guillier a la DC. A pocos días de firmar una tregua entre el PC y la DC, y la DC con el Gobierno, tras ausentarse ambos del Comité Político. Insulza anuncia su precandidatura complicando al PS. El PPD propone al PS un candidato único y el PS responde que haría primarias internas. Todos suplican a la DC que no siga un “camino propio”.
Mas ciego es el PC. Desorientado, pasaron de explicar la derrota en el Colegio de Profesores por un supuesto “anti-comunismo”, según Bárbara Figueroa, a hacer como si nada pasar, en palabras de Teillier: “es solo una elección”. Pero una elección que expresó el ánimo de unas bases con dos grandes huelgas con movilizaciones en su haber que replantean todo el movimiento sindical y de los trabajadores.
En la derecha, Piñera está en el foco por sus empresas y negocios siendo Presidente, cuestionado por sus pares Manuel José Ossandon y Felipe Kast. Y en RN nombran a otro de sus archienemigos, Carlos Larraín, en la directiva.
En el Parlamento, discuten poner vidrios de seguridad en las tribunas, para protegerse de quienes asistan a las sesiones. Todo un símbolo de una distancia que no hace ma´s que crecer, mientras se debilitan más porque cada vez menos tienen que ver con las demandas, luchas y necesidades de trabajadores y estudiantes. |