En un contexto en donde la debacle capitalista avanza aceleradamente, dejando a su paso guerras, hambruna, migración, despojo, desigualdad, violencia, devastación ambiental, muerte, feminicidios y explotación. No es de extrañarse que las películas, series y la literatura que aborda el tema de las distopías, tenga un gran auge.
Mientras que las condiciones de explotación por parte de los capitalistas se agudizan y las condiciones de precarización avanzan para las grandes mayorías. Las grandes compañías producen una amplia gama de material para el entretenimiento que abordan el tema sobre un futuro nada prometedor para la humanidad y aprovechan para generar ganancias.
Netflix no se podìa quedar atràs en este jugoso negocio y lanzó su propia serie distòpica, producida en Brasil. Se trata de 3%, una serie creada por Pedro Aguilera y dirigida por César Charlone. Con un total de ocho capìtulos para su primera temporada, ya está disponible en la plataforma.
Esta trama se desarrolla en un planeta Tierra devastado, en la ciudad ubicada dentro de la “Amazonia Subecuatorial” donde la población vive en condiciones paupérrimas de marginación, hacinamiento, precariedad, y escasez de recursos naturales entre otras carencias —nada lejano de la realidad—.
Una ciudad completamente devastada, donde la única esperanza de obtener una “mejor vida”, es conseguir salir al “extranjero” para poder formar parte del 3%. Un porcentaje que, a diferencia de la gran mayoría, vive en las mejores condiciones posibles en un sitio en donde según los fundadores “la injusticia no existe, todos tienen las mismas oportunidades y ocupan el lugar que merecen”.
No todos pueden formar parte de ese 3%, para ingresar “los padres fundadores” crearon un proceso selectivo que se realiza cada año, aquel que cumpla 20 años puede participar e intentar salir de la miseria en la que se encuentran inmersos. El proceso lo es todo para la mayoría de la población pobre.
Este proceso es elaborado por parte de la élite del exterior, consiste en poner varias pruebas al conjunto de los participantes con la intención de que "sólo los mejores” sean los que puedan llegar hasta el final. Una dinámica, donde la juventud participante del proceso es orillada a entrar en una competencia voraz ¿Les suena familiar?
“Ustedes son los creadores de su propio mérito y no importa lo que suceda, ustedes lo merecen…” Con estas palabras Ezequiel —encargado del proceso— da inicio a la competencia. Los participantes saben que pueden perder la vida o salir seriamente lastimados. Perder la oportunidad de pertenecer al 3% no es lo peor a lo que los competidores se exponen, también está en juego sus vidas.
No todos están de acuerdo con la micro-sociedad del 3% y menos con los privilegios que ostentan, mientras el 97% sobrevive en condiciones inhumanas. Dentro de la ciudad existe un grupo de personas que lucha por cambiar la situación y contra el legado de los padres fundadores. Un sector que se organiza en la clandestinidad conocido como “La Causa”, que para el proceso de este año (el número 104), ha infiltrado a dos de sus integrantes, los cuales pueden cambiar el rumbo de la situación.
No sólo la infiltración pondrá en juego la estabilidad del legado de los padres fundadores, también se presenta una problemática que rompe la estabilidad de la élite en el exterior. Después de 108 años de paz, ha ocurrido en el exterior el primer asesinato en su historia. Hecho que ha creado un panorama de incertidumbre entre la casta política.
¿Socialismo o Barbarie?
Sin duda las series distópicas muestran un futuro nada prometedor, la maquinaria de los medios de comunicación masivos intentan hacer creer que un futuro devastador es inevitable, reflejan la impotencia que las clases dominantes tienen para dar salida a sus crisis, mostrando que es mejor darse por vencido, aceptar lo dado y esperar la barbarie. No obstante hasta en el más sombrío futuro, hay resistencia.
Esta serie anima la discusión sobre qué presente y futuro podemos construir la juventud, los trabajadores, las mujeres y todos los sectores más precarizados en este sistema capitalista, al que no le debemos nada. Se abre la interrogante: ¿socialismo o barbarie?
Los socialistas al contrario de la mentalidad derrotista que las clases poseedoras difunden, consideramos que por medio de la organización de la clase trabajadora y el pueblo pobre, en clave revolucionaria e internacionalista, es posible echar abajo este sistema capitalista. Estamos a tiempo de girar el timón y cambiar la situación.
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