La muerte de Gustavo Cerati se suma a otras de figuras destacadas de la cultura y la música nacional en los últimos tiempos: Pappo Napolitano, Mercedes Sosa, Luis Alberto Spinetta, para nombrar a los más trascendentes.
Ya habrá tiempo para especulaciones acerca de si clínicamente había o no esperanzas fundadas de que el ex líder de Soda Stereo despertara de su largo coma de 4 años. Sus “fans” y sobre todo su familia se aferraban a ellas de manera legítima. El tiempo, los rumores, las anécdotas, los especiales y documentales terminaran de construir el mito post-morten.
El análisis sin mediaciones que uno pudiera hacer acerca de su vida y su trayectoria recaería sin dudas en un sinfín de lugares comunes y de palabras reescritas y releídas hasta el hartazgo, pero otra no nos queda.
Su historia musical puede dividirse claramente en dos (algunos podrían objetar que son tres, si tomamos el descolorido regreso del trío como otra): por un lado, su etapa en Soda hasta el eterno “Gracias… totales”, ante un River colmado, y por otro, su exitosa etapa como solista (algo en lo que han fracasado muchos Front-men de bandas emblemáticas).
Soda Stereo irrumpió en los ’80, tal vez no como la primera banda del Pop Nacional (recordemos Los abuelos y Virus, por ejemplo), pero sí como la más fuertemente mediatizada. Esos tres jóvenes con peinados y ojos delineados a lo The Cure, llenaron las tapas de las revistas especializadas y de las otras como ninguna otra banda argentina hasta el momento. No había en los ´80 quien no tuviera un póster de Soda pegado en su pared.
Soda no sólo fue la primera banda masiva, con asesor de imagen y toda la parafernalia (como diría Cerati) de una banda Pop al estilo británico o norteamericano. Sino que ante el rockandroll crudo de Patricio Rey, Riff o Sumo, le opuso su música con guitarras “livianas” y la voz gangosa de su líder clamando: “¿Por qué no puedo ser del Jet Set?”.
El efecto entre el público fue instantáneo: amor y odio. Si lo que algunos teóricos llaman “la futbolización de la música” (algo así como el traslado de las dicotomías nacionales: peronismo-radicalismo o River-Boca al ámbito musical) existiere, sin dudas el nacimiento de Soda fue uno de sus elementos fundantes. El “…que se muera Cerati…” coreado por miles de voces durante décadas aportaría pruebas a la hipótesis. También fue la primera banda “exportable” del país. Soda realizó giras exitosas por toda Latino América y parte de Europa, de donde nació su disco en vivo Ruido Blanco (1987).
La vida de Gustavo Cerati (tanto como la de Charly o Zeta), se expuso al público no sólo en programas y medios especializados, sino en los shows mediáticos de “chimentos” o de la “farándula”, como se decía entonces. Salidas con “Top-Models” y otras extravagancias eran la moneda corriente.
Soda Stereo no sólo fue una banda del denominado “rock nacional”, también fue un producto muy cuidado desde todos los aspectos: impecables musicalmente e innovadores en sus shows en vivo (fueron los primeros en utilizar láser y las famosas “varilights” (las luces que se movían y cambiaban de color) para crear diferentes climas en el escenario.
Tras el “gracias totales”, Cerati apostó fuerte a la música que, se notaba, él quería hacer ya en el último Soda (Dynamo y Sueño Stereo). Como suele pasar cuando se separan grandes bandas, queda al descubierto cual era el reservorio de talento de éstas. En el caso de Soda no hubo dudas. La voz de Gustavo no paraba de mejorar disco a disco y su guitarra, ya más madura, se transformó en una de las mejores de la historia de nuestro rock.
En el medio hubo una comercial re-unión de Soda (la gira “Me verás volver”, año 2007) con trascendencia tan sólo para los números (rompiendo récords de asistencia de público y recaudación) y sus seguidores más fieles.
Gustavo Cerati no murió joven, ni de manera trágica (si es que existe alguna muerte que no lo sea), se fue apagando de a poco, como si hubiera querido que nos acostumbrásemos a su ausencia lentamente. Antes, como frutilla del postre, lo pudimos ver junto al Flaco cantando “Bajan” en el mítico concierto “Las Bandas Eternas”.
Aquellos que fuimos a sus recitales, aún habiendo escuchado a Los Redondos o a Sumo, tuvimos la suerte de ver a una de las mejores e innovadoras bandas que han parido estas tierras. Y eso no es poca cosa. |