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1ro de marzo de 2017 Twitter Faceboock

POLITICA
Macri en el Congreso tras escándalos políticos y con el frente sindical abierto
Fernando Scolnik | @FernandoScolnik

Con los negocios de la familia presidencial aún bajo la lupa, al macrismo se le abre el frente sindical. La paritaria docente. La izquierda y el sindicalismo combativo marcharán el 7 de marzo en un bloque independiente.

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Hoy cuando Mauricio Macri inaugure por segunda vez el período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, el contexto será distinto al del año pasado.

Los escándalos que envuelven a su Gobierno no terminaron con la tortuosa vuelta a “foja cero” en el acuerdo por el Correo Argentino, sino que continúan con revelaciones como la que se conoció esta semana, que confirmó con nuevos datos el vínculo entre la empresa del primo de Macri, Ángelo Calcaterra, y la constructora Odebrecht. A ambos socios se los denuncia por estar involucrados en coimas por la obra del soterramiento del ferrocarril Sarmiento. Tradiciones de familia que siguen vigentes.

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Sin embargo, el mes de marzo se abre también con otro frente para el oficialismo, relacionado con el plano sindical. De la resolución de estos conflictos depende buena parte del futuro político del Gobierno nacional, que se jugará una importante parada en las elecciones legislativas de octubre.

Según trascendidos periodísticos, Macri podría hoy intercalar en su discurso en el Congreso Nacional proyectos sobre la baja de edad de imputabilidad, con apartados sobre economía que intenten convencer de que lo peor ya pasó y que la Argentina ha ingresado en la senda del crecimiento.

Algo de esto intentó ya este fin de semana su nuevo ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, cuando afirmó que "la recesión en la Argentina ha terminado", y pronosticó un crecimiento económico para este año de por lo menos "3 % o casi 4 %", a la par que estimó que la inflación quedará "por debajo del 1 % mensual" en el segundo semestre.

Pero a contramano de los discursos, la temperatura en las calles y lugares de trabajo no coincide con el relato oficial, en el marco de un año que ha comenzado con miles de despidos, cierres de empresas, suspensiones y la continuidad del alza de precios.

Al cierre de esta edición, fracasaba una nueva reunión por la paritaria docente, tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en la provincia. De no haber acuerdo en los próximos días, la situación avanza hacia un escenario de conflicto, sin inicio de clases, en uno de los gremios más importantes del país. De hecho, ya es una pelea testigo contra el plan del gobierno nacional y los gobiernos provinciales de todo el arco político, que coinciden en ajustar el salario docente.

El paro docente coincidirá a su vez con la marcha convocada por la CGT para el 7 de marzo, que cuenta con el apoyo del peronismo (desde Cristina Kirchner a Miguel Ángel Pichetto y el Grupo Esmeralda), el Frente Renovador y el Partido Socialista (todos partidos que aplican el ajuste donde gobiernan o bien le votaron las leyes a Cambiemos en el Congreso), así como de cámaras empresariales como la CGERA y la CAME.

Atento a lo que viene, este fin de semana fue el propio Macri quien atacó la movilización de la CGT. El presidente señaló que "todas las cosas que estamos viendo lo que muestran es que hay una ansiedad por disparar el año electoral, que va en contra de lo que necesitan los argentinos que es armonía, tranquilidad, resolver los temas”.

El libreto oficial fue repetido ayer por María Eugenia Vidal, quien dijo en referencia al paro docente que "no quiero pensar que todo esto tenga que ver con una politización, antes que con una defensa del salario".

Ambos mandatarios del PRO reclaman cínicamente que haya “diálogo”. Sin embargo, se puede afirmar que la CGT tuvo exceso de diálogo desde el comienzo del Gobierno de Cambiemos, al punto de que cientos de miles de despidos y una fuerte escalada inflacionaria no fueron siquiera respondidos con un paro general.

Incluso, los “acuerdos” alcanzados en la “Mesa de diálogo para la producción y el trabajo”, de la cual hasta hace poco formaba parte la central sindical, fueron incumplidos por los empresarios que se habían comprometido a no despedir, con el aval implícito del Gobierno, que dejó correr. Como denunció la izquierda desde el primer momento, los acuerdos firmados eran papel mojado.

En este marco, la CGT ha dispuesto la convocatoria a la movilización del 7 de marzo, ofreciéndola de válvula de escape del descontento de los trabajadores, sin desplegar la fuerza de millones en un plan de lucha que verdaderamente se proponga derrotar el ajuste. Incluso el paro nacional aún sigue sin fecha. Ayer Héctor Daer, del triunvirato que dirige la CGT, afirmó que la convocatoria a un paro general "dependerá de que el gobierno cambie las actitudes y el rumbo de la política socio-económica". Las cúpulas sindicales siguen dándole tiempo al Gobierno.

Al mismo tiempo, la intencionalidad de la marcha tiene otro componente central que se expresa en su programa de convocatoria, que es funcional a los intereses electorales del peronismo y de los empresarios nacionales, que en muchos casos reclaman por una política “proteccionista” de la industria nacional, que de hecho implica una nueva devaluación, es decir, un nuevo ataque al salario, mientras en sus mismas empresas mantienen altos porcentajes de flexibilización laboral y trabajo no registrado. Por eso es significativa la adhesión de cámaras empresariales a la convocatoria.

La ausencia de apoyo de la CGT en las principales luchas contra los cierres, los despidos y por el salario, habla por sí misma, dando cuenta de que un verdadero plan de lucha contra el ajuste no está en sus planes.

Por estos motivos, desde la izquierda y el sindicalismo combativo no firman la convocatoria de la CGT, bajo el planteo de que el plan de Macri no se derrota con empresarios ni con los políticos ajustadores que adhieren a la marcha. El 7 de marzo la izquierda y el sindicalismo combativo se movilizarán de forma independiente en un polo propio dentro de la marcha, para exigirle a la burocracia sindical un paro nacional con movilización y verdadero plan de lucha con continuidad hasta derrotar el ajuste, así como para denunciar el programa pro empresarial y funcional al peronismo de la marcha. Por el apoyo a todas las luchas, por el salario, contra los despidos y las suspensiones y contra la precarización laboral, como parte de un programa para que la crisis la paguen los capitalistas. Con esas banderas la izquierda y el sindicalismo combativo saldrán a las calles.

 
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