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El combinado nacional empezó mejor el partido en el Old Trafford, estadio en el que Manchester United oficia de local. Prolijo en el trato de la pelota, triangulando bien entre Pastore, Di María (aplaudido y ovacionado por la parcialidad local cada vez que tocaba la pelota) y Messi (silbado y abucheado por la parte roja de Manchester).
La oportunidad más clara fue en ese lapso, cuando a los 10 minutos Messi, habilitado por Biglia, desbordó por la derecha y pegó un pelotazo en el segundo palo que terminó afuera.
Portugal de a poco fue imponiendo su juego defensivo y la selección se fue diluyendo.
Lo que prometía ser el gran juego de las estrellas fue perdiendo el brillo. Para colmo de males, la Pulga y CR7 no salieron para disputar el segundo tiempo.
El partido se hizo aburrido, para el bostezo. Ni siquiera el ingreso de Tevez sacudió la modorra. Tanto fue así que a los 45 minutos de esa etapa final, la defensa Argentina parecía haber caído en los brazos de Morfeo cuando un desborde y centro por la derecha el ataque luso, encontró a todos dormidos menos a Guerreiro que clavó un cabezazo a la red. Apareció de repente y solo para darle el 1 a 0 a la selección portuguesa.
Si bien un encuentro amistoso de esta jerarquía puede ser aprovechado para encontrar el equipo y el funcionamiento, Martino deberá atender uno de los aspectos flojos que mostró la selección: la falta de chispa, de sorpresa. Aun queda un largo camino por recorrer. |