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6 de abril de 2025 Twitter Faceboock

Historia
A 27 años de que asumiera Aylwin para administrar la obra de la dictadura

El 11 de marzo de 1990 Patricio Aylwin asumió el primer gobierno de la Concertación, tras casi 17 años de dictadura. La banda presidencial fue entregada por el genocida Pinochet, convirtiéndose en un símbolo de la transición pactada.

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La Concertación triunfó en las elecciones presidenciales de 1989, con el apoyo de amplios sectores de la población, que vieron la posibilidad de terminar con diecisiete de dictadura cívico-militar.

La transición pactada fue una salida por arriba, entre militares, empresarios, derecha y Concertación, luego de la derrota sufrida en las movilizaciones y grandes protestas populares de mediados de los ‘80.

La Concertación prometió en su programa de gobierno avanzar en la verdad y la justicia; sin embargo, la realidad es que aceptó las reglas de la transición pactada y la institucionalidad impuesta por la dictadura: Constitución del ‘80, senadores designados y vitalicios, sistema binominal, leyes de amarre, Ley de Amnistía, entre otras.

La lucha por la verdad y la justicia se transformó en los gobiernos de la Concertación por la lucha por la “justicia en la medida de lo posible” y la política de la reconciliación nacional.

Es que la transición pactada tuvo como fundamentos la impunidad y la continuidad de las políticas neoliberales de la privatización, la mercantilización de la salud, las pensiones y la educación, la precarización del trabajo y la defensa del Código Laboral impuesto en 1979, la destrucción de las organizaciones sindicales y sociales y el autoritarismo, dando paso a un régimen político que se caracterizó –salvo algunas reformas cosméticas– por la mantener la herencia de la dictadura.

La transición se construyó así sobre el edificio institucional que la dictadura erigió para garantizar la continuidad del modelo económico, político y social neoliberal.

Se trató de garantizar una democracia tutelada o protegida, un régimen antidemocrático construido desde la lógica de la Constitución del ‘80 y el sistema binominal (1), donde existían un número de senadores designados por Pinochet que garantizaban la continuación de sus políticas, en la que las fuerzas armadas actuaban como garantes del orden institucional teniendo un alto grado de autonomía y una alta representación en el Consejo de Seguridad Nacional del Estado. Pinochet quedó al frente del ejército durante otros ocho años, tras los que asumió como senador vitalicio. La reforma a la constitución era prácticamente imposible, siendo necesarios más de dos tercios de los votos para cualquier cambio.

La Concertación aceptó esta institucionalidad y la mantuvo en sus aspectos fundamentales, y propuso algunas reformas que no cuestionaron el modelo en su conjunto.

En 1987, Aylwin delineó su posición respecto a la “salida” de la dictadura, señalando que era necesario “lograr una salida democrática, pacífica, concertada, respaldada por la voluntad popular”, pero también “crear las condiciones para que las Fuerzas Armadas y de Carabineros abandonen el poder preservando su dignidad institucional, sin actitudes de venganza, reafirmando su rol de defensa de la soberanía nacional” (2); su visión respecto a la Constitución del ‘80 no era muy diferente, poco tiempo después de las primeras masivas protestas nacionales que comenzaron a enfrentar a la dictadura pinochetista (3), el presidente de la Democracia Cristiana dijo que cuestionar esta Constitución no era una “cuestión de principios”, había que “eludir” por tanto el tema de su legitimidad para actuar dentro de los márgenes que la Constitución”(4).

En la medida en que se acercaba el plebiscito de 1988, la Alianza Democrática –antecesora de la Concertación (5) – llamó a inscribirse en los registros electorales; tras el triunfo del No se hicieron algunas sucintas reformas, como la derogación del artículo que facultaba al presidente para disolver la Cámara de Diputados, aumentar el número de senadores y derogar el artículo 8vo. para promover un mayor pluralismo; dejando temas fundamentales fuera de la negociación entre los militares, la derecha y la Concertación, como “la institucionalidad política de las Fuerzas Armadas, el fuero parlamentario (o inmunidad parlamentaria) de Pinochet y la ley de amnistía”(6).

Según Manuel Antonio Garretón y otros intelectuales de la Concertación, la transición chilena era una transición “incompleta”, por lo tanto de lo que se trataba era de eliminar los “enclaves autoritarios heredados” (7); sin embargo ya en 1992, el mensaje presidencial de Aylwin daba la transición por terminada.

Su gobierno se trató básicamente de administrar la obra de la dictadura, mateniendo el modelo económico y social neoliberal, salvaguardando las fuerzas armadas y dejando en la impunidad los crímenes de la dictadura.

La imagen de Pinochet entregando la banda presidencial a Aylwin simbolizó claramente esta transferencia ordenada y pacífica que caracteriza la transición chilena.

El programa de la Concertación no cuestionó el modelo económico neoliberal impuesto en la dictadura, simplemente propuso la idea de un crecimiento con mayor equidad; aceptaba la idea de la democracia protegida y la legitimidad que había alcanzado la llamada "obra económica" de la dictadura nunca fue puesta en juego. Andrés Zaldívar señaló que “la “herencia positiva” de Pinochet ‘fue la transformación económica’” (9). ESa "herencia positiva" fue solo para los empresarios, ya que los trabajadores y el pueblo perdieron todos sus derechos y conquistas.

La transición a la democracia se fundó en la continuidad e incluso profundización gran parte del modelo implementado en dictadura y en la lógica del pacto social y el consenso. Las grandes demandas sociales quedaron olvidadas, entre ellas las de la clase trabajadora, cuando se mantuvo el Código Laboral que impuso en 1979 con sangre y fuego la dictadura, de la mano del entonces Ministro de Trabajo José Piñera.

El Partido Comunista también fue parte de este proceso, ya sea llamando a votar a Aylwin u otros candidatos de la Concertación, hasta lograr integrar hoy el gobierno de la Nueva Mayoría.

Referencias:
1.El sistema binominal que rige hasta la actualidad favorece sólo a los grandes partidos o coaliciones, de la derecha y la Concertación.
2. Retamal Ávila, J. (1990). Aylwin: la palabra de un demócrata. Santiago de Chile. Planeta. P. 335
3. Y que aceleraron la política de acuerdos entre la dictadura y la oposición de los partidos que luego conformarían la Concertación.
4. Godoy Arcaya, Ó. (1999). La Transición chilena a la Democracia Pactada. En: Revista Centro de Estudios Públicos, N° 74. Otoño 1999. Santiago. CEP. p. 90.
5. Que se constituyó en febrero de 1988.
6. Godoy Arcaya, Ó. (1999). La Transición chilena… Op. Cit., p. 104.
7. Garretón, M. A. (1995) Transición incompleta y régimen consolidado. Las paradojas de la democratización chilena. En: Revista de Ciencia Política, Santiago de Chile, v. XVI, n. 1-2, 1995. p. 22.
8. Programa de Gobierno. Concertación de Partidos por la Democracia. Documentos: La Época. Julio. 1989
9. Fazio, Hugo. (1996). El programa abandonado. Balance económico social del gobierno de Aylwin, Santiago de Chile. LOM Ediciones, p. 25.

 
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