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5 de abril de 2025 Twitter Faceboock

Huelga Escondida
Escondida: una gran lucha que aún no termina
Néstor Vera | Médico.

Este sábado, vuelven a sus labores los trabajadores de Escondida, luego que el Sindicato se acogiera al artículo 369. De esta importarte huelga debemos sacar sus principales lecciones, para preparar los próximos embates.

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Al cumplirse 43 días, se termina la huelga en minera Escondida, el principal conflicto sindical de este año y la huelga minera más larga en la historia de este sector productivo. Sin duda, fue un hecho político clave para la burguesía y para los trabajadores, ya que para todos marcó un precedente. Determinó la relación de fuerzas entre las clases; desde ahí que los dos bandos desarrollaron al máximo sus fuerzas.

Es un largo proceso de lucha que debemos analizar, midiendo y caracterizando los distintos factores que llevaron a este resultado. A continuación queremos avanzar en esta tarea, aportar los primeros elementos para un balance de esta movilización.

Contra la precarización del trabajo

El motor de esta lucha no era el aumento salarial o el bono término de conflicto (como intentaron mostrar la empresa y los medios de comunicación), el motor fue la pelea contra el ataque de la patronal hacia las conquistas de los trabajadores. Acortar los tiempos de descanso y no extender los beneficios a los trabajadores nuevos, fue lo que movió a más de 2.000 trabajadores para votar la huelga. En ese sentido, se configuró como una lucha defensiva, frente a la arremetida de los empresarios para abaratar costos a costa de los trabajadores.

Anti imperialismo práctico

Los trabajadores de Escondida se enfrentaron contra una gran transnacional como es BHP Billiton, empresa que tiene operaciones en más de 25 países. Una patronal imperialista, que rapiña los recursos naturales nacionales, negocio permitido por la ola privatizadora de la dictadura y los posteriores gobiernos de la Concertación. Por esto mismo una de las discusiones que dieron los huelguistas era la nacionalización de los recursos naturales, arrebatar la principal mina de cobre del país a la transnacional australiana.

Unidad de los empresarios y sus políticos

Los trabajadores enfrentaron más que una patronal particular. En el desarrollo de la huelga vieron cómo se configuraba un bloque anti-obrero. Una alianza donde se encontraba BHP, el Consejo Minero, el gobierno de la Nueva Mayoría y los medios de comunicación tradicionales. Todos conscientes del importante precedente de esta huelga, aunaron fuerzas para debilitarla. BHP y el Consejo Minero bajo una postura intransigente de no ceder ningún punto central, buscando deslegitimar la huelga inventando hechos de violencia e incluso amenazando con cerrar las operaciones de la mina y el despedido de los contratistas. El gobierno culpando al sindicato por afectar el crecimiento económico del país. Por último, los medios de comunicación contribuyendo a formar una opinión pública sobre los “privilegiados” trabajadores de Escondida, desviando las demandas motoras de la lucha hacia el bono término de conflicto. Se mostraron sin disfraces, develando qué intereses defienden. Una alianza anti-obrera que tuvo su contra parte.

Solidaridad de clase

Es así como alrededor de la huelga se forjó un frente único obrero, buscando desarrollar este conflicto sindical como un conflicto de clase. La huelga de Escondida se une con otros sindicatos en huelga, uniendo su lucha con las de Molyb y Molinor, lo que tuvo su expresión más desarrollada en la gran marcha obrera que juntó a más de 1.000 trabajadores en Antofagasta.

Junto con esto se creó una red de solidaridad, expresada en la formación de comités de apoyo en diversas regiones del país, desde donde se organizaron las Jornadas Nacionales de Lucha. En Antofagasta se agrupó el Frente de Trabajadores Mineros (FTM), sindicato de Orica, Colegio de Profesores, Ferrocarril, FEUA, FEUCN, movimiento NO+AFP y organizaciones de izquierda como el Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR); así mismo en Santiago se sumaron trabajadores de CODELCO sección El Teniente y el sindicato del Centro Cultural Gabriela Mistral. Unidad que logró fortalecer la lucha, abrirla a nuevos sectores y expandir el conflicto.

La fuerza de la base

El poder del sindicato radicaba en dos factores: son el sindicato de la principal empresa ubicado en el sector estratégico de la economía chilena y también son uno de los sindicatos más grandes de trabajadores, con más de 2.000 afiliados. La convicción de la base en su lucha fue clave para sostener a la huelga que hoy se configura como la más larga en la historia de la minería. La casi unánime votación por la huelga, la organización del campamento y sus comisiones, la discusión en asambleas, sus distintas movilizaciones y cortes de ruta, mostraron la fuerza de los Patos Negros.

Un nuevo aire en el sindicalismo

Junto a la huelga se pudieron evidenciar dos fenómenos que están ocurriendo en el mundo sindical. La crisis de las organizaciones sindicales clásicas y sus dirigentes burocráticos, contrasta con el surgimiento de nuevos dirigentes y corrientes sindicales, con características antiburocráticas y combativas. Un hecho ejemplificador fue la cumbre de la Federación Minera de Chile, instancia organizada por dirigentes sindicales de la Nueva Mayoría (que incluso contó con la presencia de la presidenta de la CUT y militante del PC, Bárbara Figueroa), reunión de burócratas que no fue capaz de discutir ni organizar una sola jornada de lucha por el principal conflicto de los trabajadores. Incluso en su visita al campamento, Bárbara Figueroa y su comitiva fueron pifiados por los huelguistas quienes criticaron la tardanza y tibieza de sus declaraciones.

Por el contrario, se fortaleció la experiencia del FTM, logrando organizar a diversos sindicatos de la minería y sectores afines, superando las divisiones que ponen los empresarios. Destacaron dirigentes antiburocráticos y combativos como Lester Calderón (presidente del sindicato de Orica) y Patricia Romo (presidenta del Colegio de Profesores comunal Antofagasta). Experiencias de organización que se están extendiendo a nuevos sindicatos, forjando una nueva tradición en el movimiento sindical.

¿Y los contratistas?

Una de las debilidades de la huelga fue sin duda la unidad con los contratistas. A falta de una política consciente de la dirección sindical por unirse con los trabajadores contratista y sus sindicatos, se abrió un espacio para que la empresa pudiera meter una cuña entre trabajadores. Aliarse con este sector, mayoritario numéricamente, pero también mucho más precarizado, hubiese permitido golpear mejor a la patronal. No solo por las demandas especificas del sindicato, sino que incluso exigiendo el paso a planta de estos trabajadores.

Un equilibrio inestable

El resultado es dispar, ninguna de las fuerzas logró imponerse completamente. La patronal se mantuvo en una posición intransigente y los trabajadores no iban a ceder sus puntos centrales. Aplicar el artículo 369 fue una forma de extender los beneficios, evitando el ataque de la patronal; en este sentido mantiene un significado defensivo. La resolución final de este conflicto queda pendiente para 18 meses más, cuando trabajadores y empresa volverán a enfrentar la negociación, donde los balances de este primer enfrentamiento serán claves para vencer la intransigencia patronal.

 
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