En la plaza 12 de octubre de Pilar y alrededores, ya se ven los afiches que rezan "Tengo ocho semanas, estoy creciendo, quiero nacer. Soy una persona desde la fecundación, mi vida está en tus manos" acompañado de la imagen de un feto.
La polémica surge por el hecho de que ésta campaña reaccionaria está impulsada por una militante católica, hija de un funcionario de la dictadura y defensora del genocida Videla, en la causa por el robo de bebés bajo la última dictadura. Invita a colgar muñecos y stickers con “un bebito” para “defender la vida” en el que –dice- es “el mes del niño por nacer”.
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Es una ironía que esos afiches lleguen a la ciudad pilarense, donde ya hemos denunciado desde Pan y Rosas, como así también la ONG Red de Mujeres, que Pilar iba en camino a convertirse en la capital nacional del femicidio, debido al incremento de este tipo de crímenes en la zona el distrito se encuentra quinto en el ránking de femicidios en la provincia de Buenos Aires.
También está el caso de Carla, una joven que llegó a la guardia del hospital municipal Sanguinetti, el 31 de agosto pasado "con una emergencia gineco-obstétrica (con hemorragias y dolores menstruales). Al ser atendida, el Dr. Christian Pesce, en violación a su deber ético y legal de guardar secreto profesional, acusó a la joven "de haberse practicado un aborto" tras el pedido de intervención policial por parte del médico, oficiales de la policía en la habitación del hospital la interrogan acerca del “paradero del pibe” y la acusan de haberlo vendido. El caso recuerda al de la tucumana "Belén", la joven injustamente condenada a ocho años de prisión luego sufrir un aborto espontáneo, que fue liberada y finalmente absuelta tras una gran campaña nacional e internacional desarrollada en su apoyo.
Mientras no haya una educación sexual integral, mientras no hayan anticonceptivos gratuitos, y hasta que el aborto no sea legal, seguro y gratuito en el hospital, estas historias seguirán repitiéndose. En la Argentina, la tasa de mortalidad de mujeres gestantes sigue siendo muy alta y el aborto inseguro es la primera causa. El aborto ilegal no impide que las mujeres abortemos, mientras las mujeres que pueden pagarlo lo hacen en clínicas privadas y de forma segura, las pobres los hacen en las peores condiciones imaginadas. Por eso decimos que el derecho al aborto hoy en día, es un derecho para pocas. Se hacen 500.000 abortos clandestinos por año, 80.000 mujeres deben ser hospitalizadas por complicaciones en estos abortos y al menos 300 mujeres pobres y jóvenes mueren por esta causa. Las mujeres queremos decidir sobre nuestro propio cuerpo y nos negamos a morir por abortos clandestinos e inseguros.
Esta realidad genera un negocio altamente redituable. Mantener la ilegalidad del aborto, es permitir un gran negocio de cientos de millones de dólares anuales que caen en manos de pocos médicos, clínicas o personas sin escrúpulos que se aprovechan de la necesidad de las mujeres que deciden interrumpir su embarazo. Uno de los grandes interesados en que esta situación no cambie son los mismos que ganan esas fortunas haciendo abortos clandestinos.
Otro factor de oposición son los grandes laboratorios y empresas farmacéuticas, quienes se oponen a la libre venta de medicamentos como el Misoprostol en las farmacias, facilitando los altos precios en el mercado ilegal, multiplicando hasta un 200% el costo de los medicamentos. Una pastilla de Misoprostol que cuesta $15 en una farmacia, en el marcado negro se consigue por un valor de hasta $250 y $300. Mientras, el Estado nacional gasta $ 35.000.000 en el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable por año; es muy poco en comparación con las millonarias ganancias que genera el negocio del aborto clandestino.
Sólo las diputadas y diputados del Frente de Izquierda defendieron en cada ocasión, sin ambages, el proyecto de ley de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto en el Congreso Nacional y acompañando las movilizaciones del movimiento de mujeres.
El Kirchnerismo en sus 12 años de gobierno y 8 con una presidenta mujer, nos negó sistemáticamente un derecho tan elemental para que las mujeres y niñas pobres dejen de perder las vidas en abortos inseguros. Otra prueba más de que el género nos une y las clases nos separa, es el de Vidal, que tuvo que dar marcha atrás en octubre del año anterior, al intento de dejar sin efecto a la resolución firmada por la ministra de salud Zulma Ortiz, que eliminaba los obstáculos al derecho al aborto no punible en la provincia de Buenos Aires.
Macri y los gobernadores oficialistas y opositores (de los que nada tenemos que esperar las mujeres en lucha por cada uno de nuestros derechos), de la mano de Bergoglio como máximo representante de la Iglesia Católica, encabeza la cruzada contra el derecho al aborto que reclaman las organizaciones de mujeres, y que se expresó con fuerza en el último Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) de Rosario, el más multitudinario desde su primera realización.
Por todo esto exigimos la separación de la iglesia del Estado, porque es la misma institución que quiere seguir decidiendo sobre nuestros cuerpos, y cuenta con el aval de los partidos del oficialismo y la oposición, que siguen dando la espalda al reclamo por la legalización de esta práctica. Para terminar con esta situación, que pone en peligro la vida y la salud de miles de mujeres, desde Pan y Rosas también exigimos educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal, seguro y gratuito en el hospital para no morir. |