¡Vamos, vamos vamos!”. Las primeras palabras que sonaron en voz alta la mañana del 6 de abril entre los compañeros. Antes de eso, las palabras que se dicen al amanecer, las que intercambiamos a diario. Ir llegando al punto de encuentro y ver las luces azules de la Policía, las camionetas verdes de la Gendarmería y pensar que es una suerte no haber desayunado, porque comienza la jornada de lucha, en un, dos, tres.
“Vamos, vamos, vamos”. Las zapatillas sobre el asfalto y el vamos, vamos en la boca de todos. No pensás en ese momento en los autos a los que les cerrás el paso, pensás en vos, en tus compañeros y aun en los que no están ahí. Pensás en la tradición de los cortes para la lucha obrera y en que otros, con mejor o peor suerte, ya lo hicieron antes que vos. Entonces no es contra el auto que se quedó parado en la Pana mano a Capital, el tipo que no llega a su laburo como tenía planeado porque lo agarró el piquete. El tipo no tiene cara y vos sos un trabajador que comienza su día de lucha, contra la patronal que te oprime, contra el gobierno que ajusta, pensás en tus hijos si los tenés y en su escuela, en sus maestros y ahí los ves, con sus guardapolvos, codo a codo con vos.
Aún es de noche. “¡Te cortamos, mierda!” recuerdo que grité, con toda el alma, saltando, con la mochila en la espalda, mientras iban abriéndose de a poco las banderas del PTS (Partido de los Trabajadores Socialistas) y de las agrupaciones.
“Te cortamos, mierda”, le grité a la gendarmería, a Bullrich, a Macri, pero también a los que me despidieron y tuvieron que reincorporarme, a las patronales que nos maltratan, que nos despiden, que nos precarizan. Te cortamos, por un rato, una mañana, con el puño en alto, la frente en alto, las ideas bien claras a pesar de los palazos.
No le tuve miedo a los escudos, a sus caras rudas, a sus gases enceguecedores, respiré mal un rato, me dolió la nariz un rato, vi a los compañeros ensangrentados pasar a mi lado, los socorrí, me abracé con ellos.
No pudieron con la impotencia, nos quisieron disciplinar para mostrarle a toda su base que este es un gobierno intransigente, que no se deja amedrentar por los zurdos.
Pero les cortamos la Pana, 3 horas. Ahí amanecimos, ahí resistimos, los únicos, la izquierda, mientras otros dormían en sus casas el sueño dominguero del paro que se hace solo.
Sabemos que vienen por más, que vienen por todo, que creen que con los chorros de los hidrantes nos van a sacar las ganas de luchar, pero el agua nos aviva, nos hace más grandes. Los golpes nos re acomodan, volvemos a empezar.
Nos quisieron arrebatar nuestras banderas, sostenidas por las “jabalinas” de las que hablan algunos medios hoy, las cañas con las que las sostenemos, pero lo que no saben es que las banderas son las caras de nuestros compañeros de las fábricas, los que no estaban, los despedidos, los precarizados, los que van dándose cuenta de que ahora hay que salir a pelearla. Nuestras banderas no se regalan, no se las llevan los mulos del patrón, porque son nuestra sangre, nuestro futuro, nuestra lucha.
A pesar de que eran cientos, de que caíamos como moscas para volver a levantarnos, a pesar de que dicen que lograron limpiarla, los mulos del patrón, su ministra y su primer mandatario, saben que la Pana es nuestra y que “¡te cortamos, mierda!”. |