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La Izquierda Diario
28 de abril de 2017 Twitter Faceboock

Tribuna Abierta
Máscaras: relato de una injusticia
Hernán Luzuriaga

Debo admitir que la novela Máscaras de Leonardo Padura me provocó un gran impacto. Quizás mayor que el provocado por la lectura de El beso de la mujer araña, de Puig, o The Farewell Symphony (La sinfonía del adiós) de Edmund White.

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Como homosexual y persona de izquierda, el relato toca algunas de mis fibras más íntimas. Máscaras es una novela policial pero con fuerte impronta de alegato político contra la discriminación a los homosexuales en Cuba luego de la Revolución Cubana.

En ella, Mario Conde, el inspector de la policía de La Habana tiene que resolver un asesinato truculento: el de Alexis Arayán, homosexual que aparece muerto en un parque de La Habana vestido de mujer. Arayán es hijo de un alto funcionario y miembro del Partido Comunista Cubano y ha sido asesinado por estrangulamiento.

En su pesquisa, Conde conocerá a Alberto Marqués, dramaturgo gay que vive sumido en un ostracismo autoimpuesto luego de su defenestración política en 1971, poco antes del estreno de una versión de Electra Garrigó, obra de teatro de Virgilio Piñera dirigida por él: "Y entonces hablaron de mí", le confiesa Marqués, "como el principal responsable de la línea estética de aquel teatro. La primera acusación que me hicieron fue la de ser un homosexual que exhibía su condición, y advirtieron que para ellos estaba claro el carácter antisocial y patológico de la homosexualidad y que debía quedar más claro aún el acuerdo ya tomado de rechazar y no admitir esas manifestaciones de blandenguería ni su propagación en una sociedad como la nuestra".

Este personaje impactante y camaleónico –y su fatídico derrotero– provocará una profunda impresión sobre el inspector Conde, homofóbico jurado. Como en un juego de muñecas rusas, la figura del Marqués es quizás una alusión a la vida de Virgilio Piñera, destacado escritor, poeta y dramaturgo cubano, hacia quien Padura prodiga una gran admiración (varios de sus libros, incluyendo Máscaras, contienen citas textuales de la obra de Piñera).

Piñera, quien al igual que Reynaldo Arenas, Calvert Casey, José Lezama Lima y otros destacados escritores cubanos, era homosexual, tuvo que enfrentarse a la marginación impuesta por los funcionarios del régimen luego de la Revolución Cubana: "Esos fueron los que quisieron acabar con gentes como yo, o como el pobre Virgilio, y lo consiguieron, usted lo sabe. Acuérdese que en sus últimos diez años Virgilio no volvió a ver editado un libro suyo, ni una obra de teatro representada, ni un estudio sobre su trabajo publicado en ninguna de estas seis provincias mágicas", le cuenta Marqués a Conde.

La cruel paradoja es que Virgilio Piñera, al igual muchos artistas e intelectuales homosexuales (como Antón Arrufat y Reinaldo Arenas, entre otros) apoyaron en forma entusiasta la revolución de 1959. Se sintieron atraídos por la promesa socialista de una sociedad igualitaria, que abriría las puertas a la libertad sexual y cultural. Piñera y Arrufat participaron de "Lunes de revolución", el famoso suplemento literario semanal del periódico Revolución, dirigido por Cabrera Infante desde su creación en marzo de 1959 (cuando Batista estaba todavía en el poder) hasta su cierre en noviembre de 1961. Aunque al comienzo su propuesta estética radical –que incluía textos homoeróticos– contó con el aval del gobierno, al tiempo entraría en contradicción con los cánones proclamados por la nueva estética revolucionaria, lo que provocó el cierre de la revista y la marginación de parte de los escritores que colaboraban con ella.

El travestismo según Padura
Al correr de la historia, nos enteramos que el Marqués, junto con dos personajes más, el Recio y el Otro Muchacho (cuya identidad no se devela nunca; el narrador se limita a dar pistas para que el propio lector la descubra) habían visitado París luego del Mayo Francés como parte de una delegación cultural. Es en el París convulsionado por la revuelta estudiantil y los comienzos de la liberación sexual donde se toparán, frente a frente, con un travesti. Este encuentro es casi una "revelación profana" para Alberto Marqués: "Es perfecta –dije, pues ya sabía de aquellos travestis adelantados de París, que salían a confundirse y exhibirse, pero nunca pensé en un espectáculo así: aquella mujer hubiera arrebatado a cualquier hombre porque era más perfecta que una mujer, casi diría que era la mujer, y así lo dije".

Alberto Marqués se entrevista con Sartre y Simone de Beauvoir y les explica la puesta apoteótica de Electra Garrigó que está preparando para estrenar en La Habana y en el Teatro de las Naciones de París en 1971. Pero a su retorno a Cuba, se enfrentará al peso de la censura y la homofobia institucionalizada. Los funcionarios del área de cultura, recuerda Marqués, sostuvieron que no "se permitiría que reconocidos homosexuales como yo tuvieran alguna influencia que incidiera sobre la formación de nuestra juventud… y que se reubicaría a todos los que no debían tener contacto alguno con la juventud y que no se les permitiría salir del país en delegaciones que representaran el arte cubano".

La novela aborda al fenómeno del travestismo, entendiéndolo bajo tres aspectos: como metamorfosis, como camuflaje y como provocación. El interés del policía Mario Conde en el travestismo parte del hecho de que la víctima, Alexis Arayán, aparece muerta vestida en el vestido rojo de Electra Garrigó, la protagonista de la obra teatral (amigo a su vez de Alberto Marqués, uno de los sospechosos del crimen).

En el relato sobrevuela la necesidad que impone la realidad social y la opresión política de adoptar máscaras camaleónicas para sobrevivir en un entorno hostil: "Y la máscara facial debía ser algo esencial en el propósito revelador de esa máscara moral con que ha vivido mucha gente en algún momento de su existencia: homosexuales que aparentan no serlo, resentidos que sonríen al mal tiempo, brujeros con manuales de marxismo bajo el brazo, oportunistas feroces vestidos de mansos corderos, apáticos ideólogos con un utilísimo carnet en el bolsillo: en fin el más abigarrado carnaval en un país que muchas veces ha debido renunciar a sus carnavales…" Las máscaras, entonces, no son un recurso al que acuden solamente quienes se trasvisten, sino también los advenedizos y arribistas. Como comenta amargamente Alberto Marqués: "Por cierto, según me han dicho, el que hizo el discurso de clausura ahora es un notable perestroiko y solicitante de la Glasnost como necesidad social. ¿Qué le parece ese cambio de máscara?"

Revolución social, conservadurismo sexual
En el transcurso de la investigación, Alberto Marqués hace un racconto histórico de la homofobia desde la época de la conquista española, hasta su transformación en política oficial del Estado cubano luego de la revolución social. En sus propias palabras: "La experiencia de la vida histórica le puede agregar otros conflictos al drama, policía amigo mío: no olvide que en los años sesenta hubo aquí mismo algo que se llamó UMAP, las famosas Unidades Militares de Apoyo a la Producción, donde confinaban, entre otros seres dañinos, a los homosexuales, para que se hicieran hombres, cortando caña y recogiendo café y que, después de 1971, se dictó una ordenanza, otra vez aquí mismo, para que los policías como usted y los fiscales y los jueces la cumplieran, donde se legislaba jurídicamente sobre el «homosexualismo ostensible y otras conductas socialmente reprobables»…"

Aquí se resume el meollo de un trágico desencuentro: el de una revolución social que subvierte un orden social capitalista decadente, pero implementa una política sexual represiva basada en los peores prejuicios machistas y homofóbicos que el capitalismo y la religión católica instigaron durante décadas y aun siglos. La Revolución Cubana, que avanzó a paso resuelto en la expropiación de la burguesía y la ruptura con el imperialismo, terminó por imponer, a poco de andar, una auténtica "dictadura heterosexista".

Esta política represiva parece haber estado basada en la dicotomía establecida por la psiquiatría europea del siglo XIX, entre la heterosexualidad entendida como algo naturalmente dado, y la homosexualidad como "degeneración" o desviación de la norma social imperante. En el caso de Cuba, fue declarada incompatible con el espíritu del "hombre nuevo", una patología que requería una "cura" muy particular: los homosexuales fueron enviados a cortar caña de azúcar, "para hacerse hombres".

No podemos establecer a ciencia cierta las motivaciones más profundas que alentaron estas políticas en el marco de esta escueta reseña, pero la evidencia histórica parece apuntar a un giro represivo en la esfera cultural que se operó en la isla luego del fracaso de la "zafra de los 10 millones" del año 1970 y la alineación con la Unión Soviética (expresada en el apoyo brindado por Fidel a la invasión de los tanques rusos en Checoslovaquia dos años antes). Aquella coyuntura es evocada por el inspector Mario Conde (quien a su vez escribe cuentos y aspira a ser escritor).

Por aquella época, cuando tan sólo contaba con dieciséis años, Conde recuerda el cierre de La Viboreña, la revista del taller literario de sus épocas de colegial: "Lo frustrante, sin embargo, fue la represión que desató aquella revista que nunca llegó al número uno –y dentro de ella, también su cuento–. Cada vez que lo recuerda, el Conde recupera una vergüenza lejana pero imborrable, muy propia, toda suya, que lo invade físicamente, muy propia, toda suya, que lo invade físicamente: siente un sopor maligno, unos deseos asfixiantes de gritar lo que no gritó el día en que los reunieron para clausurar la revista y el taller, acusándolos de escribir relatos idealistas, poemas evasivos, críticas inadmisibles, historias ajenas a las necesidades actuales del país, enfrascado en la construcción de un hombre nuevo y una sociedad nueva".

Cabe aclarar que los gays y las lesbianas no tuvieron mejor suerte en el mundo capitalista de la posguerra. Las democracias liberales de Estados Unidos y Europa tuvieron el mismo enfoque represivo y homofóbico. Este andamiaje comenzó a resquebrajarse a finales de la década de 1960-principios de 1970 con el advenimiento de la "revolución sexual", los movimientos feministas y las grandes luchas obreras y revoluciones anticoloniales del periodo. Fue en este marco donde surgieron los primeros movimientos reivindicativos de los gays.

En lo inmediato la utopía anticapitalista y revolucionaria ha desaparecido del horizonte, y es incierto el destino que le aguarda a Cuba hoy en 2017, luego de la muerte de Fidel y de una sociedad agobiada por un bloqueo económico de décadas. Afortunadamente, la realidad de la comunidad LGTTB en Cuba parece haber mejorado en los últimos años, y ya no son víctimas de acoso institucional o violencia (la propia publicación de Máscaras es testimonio de una apertura e intento de revisión crítica). Por otra parte, los gays, lesbianas, travestis y transexuales hemos conseguido conquistas democráticas importantes en varios países. Al igual que otros 22 países entre los que se cuentan Estados Unidos, Inglaterra y Francia, la Argentina cuenta con una Ley de Matrimonio Igualitario. Incluso nuestro país ha avanzado más allá, al implementar la Ley de Identidad de Género, promulgada en mayo de 2012, que permite a las personas trans sean inscritas en sus documentos personales con nombre y género de elección.

¿Qué queda entonces de esta experiencia narrada en Máscaras? Quizás muchos piensen que es tan solo una anécdota que habla de un error cometido por revolucionarios bien intencionados, quizás otros piensen que se trata de la naturaleza intrínsecamente totalitaria que tuvo el comunismo en todo el mundo. Yo prefiero pensar que de esta experiencia surge un aprendizaje: fue una injusticia. Y también una lección de cara al futuro: no puede haber auténtica emancipación si se perpetúa la opresión hacia las minorías sexuales. La utopía anticapitalista, para poder recrearse genuinamente, debe partir de reconocernos a los gays, lesbianas, travestis y transexuales como seres humanos con una subjetividad propia y particular, que vamos por la vida sin necesidad de cubrirnos con ninguna máscara.

 
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