Ayer miércoles se conocían nuevas evidencias de corrupción que tienen como protagonista, nada menos que a Michel Temer, que asumió el ejecutivo el año pasado a partir del proceso de impeachment contra Dilma Rousseff.
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Cuando se produjo ese golpe institucional hubo un fuerte repudio en América Latina y en el propio Brasil. Sin embargo, el Gobierno del golpista Temer fue reconocido públicamente por parte de su par argentino.
Macri había sido el primer mandatario en saludar abiertamente el golpe institucional de Brasil alegando que "respetaba" la decisión del Impeachment.
Ahora, en el marco de una crisis política que golpea al país vecino que desató movilizaciones de masas y la huelga general del 28 de abril (la más importante en décadas) Macri mantiene un silencio hermético.
Si Temer esperaba algún apoyo del Gobierno argentino, deberá ir abandonando cualquier esperanza. |