Aun cuando los panelistas de tolerancia 0 intentaron homologarlo a la nueva Mayoría e infantilizaron las propuestas del candidato, un Mayol lejano a su pasado de académico se presenta con prestancia. Un acongojado Villegas exclamaba y murmullaba tras las propuestas del candidato quien denuncia correctamente la corrupción de la casta empresarial y el Chile neoliberal de los políticos del duopolio.
Ruptura por izquierda con la Nueva Mayoría
Un “Sanders duro”, podríamos decir. Hablando a un votante muy claro y definido, la apuesta de Mayol es consolidar un sector “popular” que hizo una experiencia con la Nueva Mayoría y también aquel sector que despertó a la vida política el 2011. Retoma elementos de un programa fastidioso para los empresarios y vuelve a hablar de expropiación a las empresas estratégicas, en un porcentaje lo suficientemente importante para ganar peso dentro de cada directorio.
Sin duda el candidato es reflejo de un trabajo en la minería, que lo presiona a la izquierda; gracias a su nexo con Cristian Cuevas. Así, la experiencia de la UNE en el movimiento estudiantil, agrega elementos progresivos al faro del candidato de Nueva Democracia, que sin duda despierta esperanza en los sectores más hastiados de la política tradicional.
“Nueva sociedad” o el problema del electoralismo sin fuerza material
Podríamos decir que el programa de Mayol es un programa socialdemócrata de izquierda. Nos habla de un Chile “normal”, tratando de evocar a los países desarrollados, compartiendo elementos de Podemos en España, tomando a Mujica e incluso a Chávez, pero sin casarse con ninguno: quiere intentar levantar un proyecto propio, innovador y moderno para responder a problemas que solo se pueden eliminar haciéndolo de raíz.
Sin duda el candidato vuelve a traer a la palestra un aire sesentero, en parte producto de la crisis de la política en Chile, en parte por que toma reivindicaciones que se han puesto al centro del escenario político, como la propuesta de la coordinadora NO+AFP, que hizo propia.
Propone entonces, una nueva sociedad al estilo país desarrollado: Trenes para aumentar el desarrollo, más democracia, mayor participación estatal en las empresas estratégicas (con pago, salvo SQM) y por ende un estado “fortalecido”.
Cabe preguntarse la naturaleza del estado que Mayol busca fortalecer. El mismo estado que reprime y aprueba leyes contra los trabajadores, donde aún mueren mujeres por el solo hecho de serlo. Necesariamente un cambio de esa profundidad exige un cambio radical para echar a andar un programa como el de Mayol, a la vez que se echa abajo la herencia de Pinochet, consolidada por la Nueva Mayoría y la derecha. Lo más realista y acorde a las promesas del Frente Amplio debe ser enfrentar estos problemas medulares, para no ser una mera nube de polvo. Cuando Mayol habla de quitar el poder a la derecha, ¿Qué intereses están en juego?, ¿Qué se necesita para lograr este cometido?
“Quitar el poder a la derecha”
La derecha, fiel representante del empresario más duro, no lo ha pensado dos veces a la hora de privatizar el país; la industria, la minería, la pesca y las forestales, que controladas por fuertes grupos económicos, tienen sus propias leyes, sus propias reglas y sus propios intereses. Mayol sostiene que se debe expropiar un 20% de aquellas empresas para ganar peso en los directorios, y realizar el cambio “desde dentro”. No por nada Villegas cuestionaba el realismo de dicha política, asegurando que para controlar la propiedad capitalista de puntos tan medulares de la economía se necesita mucho más que eso.
Y es cierto.
Que la crisis la paguen ellos
La economía, concentrada en la política, solo puede cambiar algo realmente si se sostiene sobre una fuerza material capaz de producir y organizarse para poner en cuestión el control de la propiedad privada. Se necesita peso orgánico en la clase obrera, como el Partido Socialista y el Partido comunista, quienes para los años 60 – 70 sostenían una parte importante de militancia obrera en fábricas, sindicatos y en los cordones industriales.
La cuestión clave sobre las promesas del candidato, debe pensarse en torno al cuestionamiento de esa propiedad y cuanto tenemos que pagar los costos de la crisis, con desempleo, y derechos sociales precarios, depredados por los intereses salvajes de los empresarios que son protegidos por el duopolio. La protección de dichos derechos es antagónica a la protección de los intereses privados.
Se necesita entonces, organizar en un gran partido para la revolución socialista, que se plantee el fin del capitalismo con un programa independiente que pelee por que la crisis no la paguen los trabajadores.
Y aun cuando Mayol no plantea el fin del capitalismo, tiende puentes y levanta ilusiones de un estado de derecho con mayores garantías y derechos sociales, lo que resulta profundamente irritante para la casta empresarial enquistada en el poder. La mayor debilidad del programa del candidato es no cuestionarse disputar el poder, donde radica la única posibilidad de cambio.
Este problema elemental es encerrado tras una promesa peligrosa. Los intereses que están en juego son los de aquellos que controlan la economía, ¿pueden los trabajadores hacer frente a esto solo por medio de las elecciones?
Erosionar la democracia capitalista hacia un gobierno de trabajadores
Todo esto, se conjuga con una diferencia clave con el programa de los Trotskistas; la organización de los trabajadores y su fuerza. Para nosotros, las elecciones son una tribuna para hablarle a miles de trabajadores, mujeres y juventud, con el fin de cuestionar la propiedad capitalista para desenmascarar la verdadera “naturaleza íntima” de los partidos políticos tradicionales”, usando la agitación política, a través de ideas audaces y claras, ¿el fin? Elevar la conciencia política de los trabajadores, sin esconder la necesidad de la revolución, sino abriéndola para que tome forma en lugares de trabajo y estudio, con el claro límite, por supuesto, de no engañar de vuelta a nuestra clase, haciéndoles creer que dentro de esta democracia para ricos se puede cambiar el sistema, como decía Trotsky “El proceso histórico es, ante todo, lucha de clases y acontece que clases diferentes, en nombre de finalidades diferentes, usan medios análogos. En el fondo, no podría ser de otro modo”.
Para esto, luchamos por un programa anti capitalista, con pre candidatos del Partido de trabajadores revolucionarios (PTR), en Antofagasta y Santiago, planteando un programa de ruptura con el capitalismo, que todo parlamentario gane como un profesor, así como también la nacionalización de los recursos naturales bajo control de los trabajadores, para financiar todos los derechos sociales. |