Los últimos informes del Ministerio de Trabajo indican que la cantidad de trabajadores registrados aumentó 1,5% en forma interanual en mayo y los asalariados privados se incrementaron 0,5% respecto al mismo mes de 2016, en base a datos de AFIP. Sin embargo, un informe elaborado por el Observatorio del Derecho Social de CTA - autónoma advierte que es erróneo concluir, como hace el gobierno a dos semanas de las PASO, que ello significaría que haya mejoras en el mercado de trabajo.
Por el contrario, el informe analiza que los números “muestran un agravamiento de las tensiones que el mercado de trabajo ya venía presentando desde al menos el año 2012”. Esto se debe a que los datos publicados por Trabajo esconden “por un lado, que la comparación se realiza contra el peor momento de la crisis de 2016 y, por el otro, que en el mediano plazo la evolución del empleo registrado apenas acompaña el crecimiento vegetativo de la población”.
Como hemos venido publicando en La Izquierda Diario, el débil crecimiento del empleo que comenzó a registrarse hacia medidos del año pasado luego del inicial impacto negativo de las políticas de ajuste del gobierno estuvo sustentado en el aumento del número de monotributistas y del empleo público, a diferencia del sector asalariado privado que es el sector que se vio más golpeado.
Pero incluso al interior del conjunto de los asalariados existen grandes disparidades que manifiestan la vulnerabilidad de la dinámica económica. La industria manufacturera no hace pie, mientras que sectores beneficiados por las políticas del gobierno, como minería y el sector primario, también retrocedieron.
El único impulso con cierta constancia es la construcción, pero según advierte el Observatorio del Derecho Social de CTA, este sector ha estado en manos de empresas directamente ligadas a decisiones del Estado, tanto a través de la obra pública como del fomento al mercado inmobiliario, lo que genera dudas sobre su sostenibilidad luego de las elecciones.
Hacia una mayor precarización del empleo
El informe de CTA realiza una comparación de los datos de trabajadores registrados del SIPA (Sistema Integrado Previsional Argentino) de mayo de 2017 con los del mismo mes del año pasado y del 2015. Ello muestra, en primer lugar, que la evolución del total de trabajadores registrado es relativamente similar al crecimiento vegetativo de la población (levemente superior al 1% anual).
Pero además, se destaca un dato llamativo: la cantidad de asalariados registrados en el sector privado se mantiene virtualmente estancada en términos absolutos. Por lo tanto, el crecimiento “anémico” del empleo está explicado por los trabajadores en el sector público, en casas particulares y con mucha mayor intensidad en las distintas formas de monotributo existentes.
De conjunto, el resultado es una pérdida de posiciones del empleo asalariado privado respecto del total de trabajadores, que pasaron de representar el 55,5% del total de los trabajadores registrados en 2012 al 51,4% del total en 2017. Mientras que los monotributistas crecieron 4,7% y 5,9% con relación a 2016 y 2015 respectivamente y los asalariados del sector público se incrementaron en un 1,4% y 4,7% en relación a esos años.
Lo que el gobierno oculta: el retroceso de los asalariados privados
En términos porcentuales, el crecimiento de los asalariados registrados en el sector privado entre julio de 2016 y mayo de 2017 fue del 0,8%. Sin embargo, el informe sostiene que el principal motor de este incremento fue la industria de la construcción, con un crecimiento del 8,2% en dicho período, mientras que la industria y la minería registraron caídas del 2,2% y 4,6% respectivamente.
Por su parte, el resto de las actividades mostraron un comportamiento más cercano al promedio. Así, según el Observatorio, gran parte del crecimiento del empleo generado a partir de julio de 2017 se explica por la evolución de la industria de la construcción.
“Este comportamiento se debe, parcialmente, a que este sector había sido el más afectado por el ajuste que se produjo luego del cambio de gobierno, por lo que su capacidad de rebote era significativamente mayor, sumado a que se trata de una de las actividades que presenta mayor capacidad de reacción a estímulos provenientes de un crecimiento de la actividad o de decisiones de política pública”, explica el informe.
El crecimiento del empleo en este sector se explica casi exclusivamente por el comportamiento de las grandes empresas constructoras (más de 100 trabajadores) que dan cuenta del 75% del incremento total de trabajadores entre julio de 2016 y mayo de 2017. La cantidad de trabajadores en esas grandes empresas constructoras se incrementó en un 23,6% en el mismo período, situación que se explica fundamentalmente por la reactivación de la obra pública y el impulso de grandes construcciones.
En el otro extremo, la evolución del empleo en la industria manufacturera no ha mostrado crecimiento alguno durante los últimos meses. Por el contrario, en este sector se ha profundizado un retroceso que ha llevado a que el último registro correspondiente al mes de mayo de 2017 sea el mínimo desde agosto de 2010.
Pero tampoco en el sector primario y los servicios, supuestos sectores con “ventajas competitivas” del país (que justificó la enorme transferencia de recursos a las patronales agrarias y del sector no transable) se verifica creación de empleo, sino más bien un crecimiento anémico. Asimismo, en relación a 2015 en la agricultura y ganadería el empleo cayó un 1,8%, en la minería se desplomó un 11,1%.
Sigue el deterioro de los salarios reales
En los últimos días el gobierno empezó a relucir un diagnóstico poco creíble sobre la evolución del salario real de los trabajadores, afirmando que este viene creciendo. Al respecto, el informe de CTA aclara que “la evolución del salario real de los trabajadores registrados del sector privado también experimentó una fuerte caída en el primer semestre de 2016”.
Desde junio y julio pasados “el salario real comenzó a mostrar un leve crecimiento, producto en gran medida de los acuerdos salariales celebrados entre los meses de marzo y junio de 2016. De esta manera, las variaciones interanuales negativas se suavizaron significativamente en los últimos meses del año, sin llegar a recuperar el retroceso experimentado en el primer semestre. En otras palabras, los acuerdos salariales llegaron tarde y fueron insuficientes para evitar un deterioro en el salario real de los trabajadores”.
“Sin embargo, este crecimiento solo se prolongó hasta el mes de enero de 2017. (…) Desde entonces el salario real ha vuelto a experimentar retrocesos mensuales, consolidando un declive respecto de los años previos. Por el contrario, el discurso del Gobierno Nacional que hace hincapié en un crecimiento del salario real solo puede explicarse a partir de la comparación interanual con los peores meses de la crisis de 2016”.
Pero los estatales han sido uno de los sectores más perjudicados. Si bien no existe una serie de salarios que permita hacer las comparaciones precedentes, “sí es posible evaluar en términos reales la evolución del salario de convenio de los trabajadores del sector público nacional”. Esto muestra que “el retroceso salarial en términos reales ha sido sostenido en el tiempo y luego de implementados los recientes acuerdos salariales (agosto de 2017) el salario real de convenio se encontrará un 4,7% por debajo de un año atrás y un 21,7% por debajo del nivel del año 2009”.
Por un urgente Plan de lucha nacional
El gobierno pretende llegar a agosto, y luego a octubre, con un relato que contiene un encierro en su propio juego. De una parte, al volverse evidente de que luego del fracaso de la recuperación del “segundo semestre” de 2016 y luego, de que la primera mitad del año 2017 tampoco alcanzó para mostrar los brotes verdes prometidos de la economía y del mercado de trabajo, pretende anotarse algún logro que lo haga confiable para “contener” a los sectores sociales con creciente descontento hacia el gobierno y la política de ajuste, sobre la base de indicadores ficticios y anémicos de la economía.
Pero por otra parte, utiliza los supuestos datos “favorables” a los trabajadores, como por ejemplo, la falacia de la recuperación de los salarios reales, para justificar la necesidad de implementar reformas laborales que permitan reducir los costos a los empresarios. Una mirada un poco más profunda de los indicadores laborales y de empleo muestra las alarmantes tendencias hacia una mayor precarización laboral y de ingresos y hacia una posible reversión de los pocos resortes que mantienen ciertos sectores para evitar que la caída sea aún más pronunciada.
Enfrentar al ajuste en toda la línea, contra los despidos, las suspensiones, y las paritarias a la baja en disputa por una urgente reapertura. y la exigencia de un plan de lucha con paro nacional a las centrales sindicales que rechace toda perspectiva de mayor flexibilización, son entonces las tareas más urgentes de los trabajadores y sus organizaciones de base. |