La campaña cordobesa tiene una dinámica diferente a la nacional. Con De la Sota fuera de juego (hipótesis Odebrecht de por medio) y un kirchnerismo que no pudo hacerse fuerte ni siquiera durante la “década ganada”, la situación se ha emparejado en la provincia que es “acusada” de ser la que le permitió llegar a la presidencia a Mauricio Macri y su séquito de CEO’s.
Según los analistas, lo que con José Manuel hubiera sido una victoria asegurada, hoy se transforma en un empate técnico que podría cambiar una relación de fuerzas que viene sosteniéndose desde hace casi dos décadas.
La famosa “grieta” entre el kirchnerismo y Cambiemos se da solo en un nivel mediático y que se “profundiza” en el plano discursivo durante los períodos electorales. Pero en Córdoba, el PJ y la UCR vienen gobernando en sintonía provincia y ciudad con una simbiosis poco antes vista en la historia política reciente, lo que hace aparecer a la supuesta “fisurita” que se quiere instalar entre el candidato PRO y el de UPC, menos creíble que denuncia de Carrió.
Tal vez por esto mismo, y teniendo en cuenta que algunas de las últimas encuestas colocan al ex árbitro Héctor Baldassi unas décimas por encima del sanfrancisqueño LLaryora, Unión por Córdoba ha querido reeditar la vieja fórmula del “cordobesismo” que tantas alegrías le ha dado en el pasado.
Esto llevó a Schiaretti a confrontar con Macri públicamente en una de sus últimas visitas a la provincia mediterránea y tal vez por eso uno de los spots electorales reza que la “bandera cordobesa” está por encima de todas las otras, incluida la nacional.
Esta pantomima de confrontación entre el actual gobernador y el presidente, no borra que la relación llevada por ambos hasta ahora sea la más “carnal” que haya tenido Cambiemos con cualquier otro gobernador por fuera de su órbita política. Relación que incluyó que Schiaretti mismo tenga que salir a la cancha para justificar el veto a la Ley Antidespidos aprobada en el Congreso. El gobernador salió a la dar la cara por su amigo Mauricio y por las patronales de las multinacionales automotrices que rigen parte del pulso económico y político cordobés.
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La campaña a nivel provincial, que tuvo como inicio la disputa entre el radicalismo y el PRO por quien encabezaba la lista (con Mestre finalmente cediendo), se intensificó por ser Córdoba uno de los lugares donde el gobierno nacional apuesta a mostrar con un buen resultado, cierta fortaleza política, tras lo que se perfila como una derrota segura en la llamada “madre de todas las batallas” en Provincia de Buenos Aires. Ganarle a Unión por Córdoba después de tantos años de hegemonía justicialista, sería una buena carta para mostrar el lunes después de las PASO. Es por esto que Macri visitará “La Docta” en esta semana clave.
Dentro del duranbarbismo que ha teñido la campaña (“Ciudadanos de carne y hueso” incluido), la palabra “cambio” sigue siendo el sintagma sobre el que gira lo discursivo electoral. Cambian los enunciadores, pero no el enunciado. Y siguiendo una de las reglas matemáticas más popularizadas, en este caso tampoco el orden de los factores altera el producto: más ajuste.
Con los slogans “El cambio que llega a vos” y #SigamosCambiando terminan los spots de campaña de Baldassi y compañía. La apuesta al ya retirado “pito” fue una de las tantas que realizó el PRO, que a falta de referentes políticos, recurrió a personalidades mediáticas y por fuera de la política para atraer votos. El misógino Miguel Del Sel en Santa Fe es otro botón de muestra. La fórmula no es una novedad, ya el kirchnerismo cordobés (si es que existe algo semejante) había llevado en 2015 entre sus filas al humorista “Cacho” Buenaventura acompañando a Acastello.
Baldassi, quien juega una interna de “mentirita” con el radical Dante Rossi, no hizo más en el Congreso que ser un levantador serial de mano a la hora de votar las leyes que afectaron la vida de millones de trabajadores.
El gobierno nacional, que entre sus insólitos logros de gestión incluye el haber terminado con el “cepo” cambiario y haber “recuperado” el Indec (con el mismo énfasis con que EEUU y Rusia se disputan haber recuperado Alepo de las manos del EI); tiene muy poco que mostrar en materia económica. Los salarios y el consumo no se recuperan, la inflación no bajó más allá de los guarismos que sostuvo en los últimos años el kirchnerismo y el dólar parece no tener techo. Los tan mentados brotes verdes solo son vistos desde los prismáticos oficialistas. Cambiemos y por derrame la versión local, Juntos por Córdoba, apelan a los votantes a seguir “sufriendo” el cambio que tanto pregonan, a la esperanza y al viejo y conocido “aún falta mucho por hacer”.
Como si hubieran sido cortados por la misma tijera (o coucheados por el mismo asesor), desde Unión por Córdoba apelan a algo similar. Llaryora se presenta como “El verdadero cambio”. Marcas de agua mediante, lo extraño del caso es introducir a la fuerza política que gobierna la provincia sin interrupciones desde 1999 como representante del “cambio” genuino.
Tanto De la Sota, como Schiaretti, son responsables de una provincia que según las estadísticas cuenta con alrededor de un 40% de pobreza estructural, de una provincia que ha sido un laboratorio de las multinacionales agrarias, donde el bosque nativo ha sufrido la peor desforestación de todo el país. Al mismo tiempo que han desfinanciado la educación y la salud pública dejando a ambos sistemas en estado reservado.
Si a nivel nacional, desde el Frente Unidad Ciudadana, se llama al tan pequeño horizonte de “ponerle un freno a Macri”, Llaryora ya dejó claro la semana pasada que UPC va “por un voto correctivo, no opositor” a Macri.
Como dijimos, Córdoba tiene una dinámica propia, y es por eso que el Frente Córdoba Ciudadana (la versión autóctona de Unidad Ciudadana), con el ignoto Pablo Carro a la cabeza, debió endurecer su discurso con respecto a sus pares del resto del país.
En un panorama de campaña donde lo que prima es el “couching” y lo que falta son las propuestas políticas, el Frente de Izquierda y los Trabajadores viene proponiendo desde principios de año la reducción de la jornada laboral a 6 horas, 5 días a la semana con un salario mínimo igual a la canasta básica familiar. Para así poder repartir las horas de trabajo y terminar con los despidos, las suspensiones, la sobreexplotación y el desempleo.
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Con Liliana Olivero encabezando, y con referentes de la juventud y las mujeres como Javier Musso y la legisladora Laura Vilches, el FIT intentará conquistar la banca que en 2013 le fuera arrebatada de manera fraudulenta por la UCR, en connivencia con el peronismo. |