Casi ningún partido, a una semana del cierre de la inscripción ante el Servel de las listas, está pudiendo cumplir con la cuota de género.
No tanto por falta de militancia femenina. Incluso, muchas mujeres, partiendo por Bachelet, están en la presidencia de sus partidos (como van Rysselberghe en la UDI, Carolina Goic en la DC) o en posiciones prominentes (como la senadora y ex presidenta del PS Isabel Allende). Aún así, no se rompe la discriminación instalada en los partidos del régimen.
Hay otro factor: la perpetuación de los parlamentarios, la mayoría hombres, buscan ser re-elegidos o favorecen a sus elegidos con más posibilidades que eventuales nuevas candidatas.
Pero hay otro factor más: salvo casos puntuales, las mujeres siguen siendo discriminadas, oprimidas por el patriarcado capitalista, objeto de la violencia que muchas veces queda impune o está naturalizada.
Y esos casos puntuales, cuando llegan a posiciones de poder, reproducen las prácticas y políticas discriminatorias. ¿O han hecho algo para, por ejemplo, cerrar la brecha salarial o en las pensiones? Poco y nada. Es que defienden los intereses de los empresarios que están en la base de la reproducción del patriarcado: pagan menores sueldos a las mujeres, porque eso contiene las demandas salariales de los trabajadores hombres, y después se traduce en las pensiones, todo en beneficio de sus millonarias ganancias.
Lo peor es que ya están planteando retroceder en esta ínfima materia. El presidente DC del Senado, Andrés Zaldívar declaró que “todos cometimos un error al legislar esta materia en forma demasiado apresurada. Se va a tener que hacer una revisión a fondo de esta ley, una vez que haya terminado la elección y los resultados sean visibles”. Incluso el presidente de Izquierda Ciudadana Francisco Parraguez, que se supone más progresista que la DC, dijo que “el Congreso se disparó en los pies al definir un porcentaje tan alto sin ver la realidad de los partidos. La mayoría de las colectividades tiene pocas mujeres interesadas en competir”. |