En principio, se pudo observar que los resultados de las PASO fueron una inyección de entusiasmo para los agentes del mercado financiero, donde evidenciamos un retroceso en el precio del dólar, una caída del riesgo país combinado con una bolsa en alza. Esto nos muestra claramente cuál es el sector beneficiado por los resultados electorales y a su vez, hacen más urgentes sus demandas de implementar en profundidad el plan económico del gobierno.
Como expuso la fundación privada Fiel una vez resuelta la incógnita electoral, el gobierno parece decidido a avanzar en reformas estructurales en los impuestos, las regulaciones al trabajo y en el sistema previsional.
Ahora bien, es claro que estos resultados permiten a Cambiemos asegurarse de un “capital político” necesario para desarrollar dicho programa de reformas, tan exigidas desde los sectores del núcleo duro del oficialismo. De esta forma, los resultados de las PASO logran revalidar su permanencia y solvencia, necesarias para desarrollar su programa económico a fondo.
Debemos caracterizar correctamente a Cambiemos, que lejos de los memes y las burlas, se configura como la nueva derecha argentina. Representando el republicanismo, con un discurso plenamente meritocrático, en donde el país debe aumentar su competitividad de forma urgente para poder insertarse correctamente en los mercados internacionales. Para este fin, las recetas tradicionales: bajar el famoso “costo salarial”, reducir el gasto público y estabilizar precios y tasas.
Sin embargo, este discurso meritocrático se vuelve peligroso cuando notamos que no tiene en cuenta que las personas parten desde distintas condiciones sociales, que prefiguran en gran medida su potencial “progreso”.
En este sentido, la perspectiva de género es invisibilizada en estos discursos y vuelven frases como “las mujeres ganan menos porque son malas negociando”, en un país que mantiene una brecha salarial del 27% en el mercado formal y que llega casi al 40% en el mercado informal.
La fortaleza ideológica de estos relatos radica en la atomización de las personas, que se vuelven completamente responsables de su condición social, sin poder caracterizarla dentro de un comportamiento sistemático que favorece a pocos en detrimento de muchos.
Es claro que para el gobierno es necesario imponer las reformas impositivas, laborales y previsionales que se vienen rumoreando hace tiempo, acompañadas ideológicamente desde los medios de comunicación masivos y exigidas explícitamente por las empresas de grandes capitales y calificadoras internacionales.
Pero vayamos a la realidad del país, según el INDEC tenemos una pobreza del 30.3 % y una población en situación de indigencia del 6.1 %. Estos números nos brindan un panorama de emergencia social. A su vez, es necesario enfatizar que estas desigualdades se distribuyen asimétricamente entre varones y mujeres.
De esta forma, el informe de distribución del ingreso del INDEC del primer trimestre de este año muestra lo que desde la Economía Feminista se conceptualiza como la feminización de la pobreza, el 10% de la población con menores ingresos del país es constituido mayoritariamente por mujeres, llegando a ser casi 7 de cada 10 personas que sufren la mayor marginalidad económica y social.
Si bien esta situación es la más urgente la brecha de género se evidencia en todos los deciles, por lo que podemos afirmar que en nuestro país los ricos son en su mayoría varones (más de 6 de cada 10 personas del nivel de mayores ingresos), mientras que en los deciles de menores ingresos las mujeres estamos sobrerrepresentadas.
Se puede profundizar este análisis a partir del artículo de Estefania Pozzo, también participante de Economía Femini(s)ta.
Es necesario que en los análisis políticos y económicos se mantenga una perspectiva de género para poder caracterizar fehacientemente quiénes son las perjudicadas por las medidas políticas.
En este sentido, si analizamos la economía en este año de campaña el gobierno logró mantenerse, en gran medida, a través de la obra pública, que se evidencio en el sector de construcción. En este punto es necesario decir que este sector es uno de los tradicionalmente masculinizados donde el 97% de la fuerza de trabajo es masculina. Otra muestra de cómo las políticas públicas tienen efectos diferenciados en mujeres y varones.
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