Declaró, principalmente, el levantamiento del secreto de la Comisión Valech I, y también un proceso de recalificación para quienes fueron descartados por Valech II.
Medidas que significan en cierto aspecto un avance, en el marco de un Chile neoliberal donde ha primado la impunidad y una reparación totalmente insuficiente a los familiares y a las víctimas de violaciones a los Derechos Humanos durante la dictadura encabezada por Pinochet, la derecha y los empresarios.
Pero quedó en el aire una de las principales discusiones abiertas por estos días: el futuro del “penal” Punta Peuco, donde se encuentran recluidos militares condenados por violaciones a los Derechos Humanos, quienes pasan su encierro entre comodidades y privilegios, incluso algunos de ellos recibiendo pensiones muy superiores a las que viven los jubilados del pueblo trabajador.
Hace dos años la misma Bachelet, luego de reunirse con Carmen Gloria Quintana, había declarado que Punta Peuco sería cerrada, y los internos trasladados a un anexo en Colina 1. Pero han pasado los años, el debate, y todo se mantiene en suspenso.
Es totalmente inaceptable que militares que torturaron, violaron, ejecutaron y desaparecieron a jóvenes, mujeres, trabajadores y militantes de izquierda, todavía hoy, a 27 años del término de la dictadura, sigan “pagando” sus penas en penales de lujo.
Estas situaciones sólo aportan a un clima de impunidad, de falta de verdad y de justicia, justamente cuando Humberto Oviedo, Comandante en Jefe del Ejército declara que las Fuerzas Armadas “ya no tienen información que entregar sobre las violaciones a los Derechos Humanos”. Dichos hipócritas, porque el pacto de silencio de ex militares es sabido y comentado, y porque las víctimas de los atropellos a los Derechos Humanos, durante los 17 años de dictadura, se contaron por centenares de miles, mientras que procesados por estos casos actualmente hay alrededor de 1300, de los cuales una ínfima fracción, cercana a los 150, cumple pena efectiva en este penal de lujo.
Por su parte, ex Comandantes en Jefes de las ramas de las Fuerzas Armadas publicaron una carta insólita reclamando por “discriminación” a los torturadores. Y los firmantes mismos están involucrados o en casos de violaciones a los Derechos Humanos o en casos de corrupción (Milicogate, Pacogate, escándalo de Capredena), como el ex Comandante en Jefe del Ejército, Juan Miguel Fuente-Alba.
¿Cómo responde la Nueva Mayoría a la ofensiva de los militares y a la violenta retórica pinochetista de la derecha? Manteniendo los privilegios de torturadores, asesinos y represores. ¿Y Bachelet? guarda silencio.
Los crímenes de ayer sostienen el modelo neoliberal de miserias para el pueblo trabajador de hoy, y amparan la impunidad con la que actúan las fuerzas represivas en la actualidad, desapareciendo a jóvenes como José Huenante, o como en Argentina, con Santiago Maldonado, asesinando comuneros, abusando sexualmente de estudiantes secundarias, matando a trabajadores en huelga como Nelson Quichillao.
Es necesario plantearnos una política hacia los Derechos Humanos consecuente, de una vez por todas, que termine con los privilegios de los condenados, para que paguen sus penas en cárceles comunes, que se dedique a investigar a fondo y a castigar con severidad a los violadores de Derechos Humanos, tanto militares como civiles (no olvidar los casos de Laja, donde la multimillonaria familia Matte está involucrada, o el de Paine, que involucra a la familia de José Antonio Kast, candidato a presidente), y que entregue medidas de reparación dignas para familiares y para las víctimas.
No hay reconciliación social posible por el trauma que significó la dictadura. Considerando esto, nuestro norte tiene que ser el juicio y castigo a los culpables, la batalla permanente por la memoria y la lucha constante por enfrentar a la derecha golpista, a los empresarios (como Nicolás Ibáñez, ex dueño de supermercados Líder, que destacó por declaraciones pro golpe y dictadura hace unos días atrás) y a los militares torturadores.
En esa vía, el cierre del Penal Punta Peuco es una urgencia, una necesidad y una tarea pendiente. |