El silencio sobre la escandalosa corrupción macrista. El latrocinio de los dineros públicos como fuente común de financiamiento de los políticos patronales y de enriquecimiento del hampa en las esferas del Estado.
El espectáculo de Comodoro Py
La operación montada por Cambiemos, la justicia y los grandes medios tiene por objetivo presentar a la derecha argentina como protagonista de una épica contra el imaginario enemigo del "populismo" que mediatizaba el acceso directo de la clase capitalista al manejo de los recursos del Estado. En esto hay que ser claros, los subsidios del kirchnerismo a las empresas era dinero otorgado a capitalistas que emprendían con esos fondos el camino de la fuga de capitales. Ahora se trata de exprimir el bolsillo del pueblo pobre y trabajador además de los recursos del Estado. Tiene el bonus extra de dejar al peronismo opositor contra las cuerdas, que le permita cooptar más fácilmente a un peronismo conciliador que debido a su derrota pide la escupidera.
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La épica macrista tiene como abanderada "moral" a la, a esta altura siniestra, diputada Elisa Carrio, quien encubre a una derecha rapaz y corrupta, bajo el manto de una moralidad que tiene vista selectiva. Y como base de apoyo a una pequeña y alta burguesía porteña, que se cuentan entre las que tiene mayor concentración por metro cuadrado de almas turbias, por no decir adicta a la truchada, de toda Sudamérica.
La bandera de la anticorrupción, bandera enarbolada por el gran capital y el imperialismo en Brasil para llevar adelante un golpe de estado contra un gobierno salpicadísimo de corrupción, es el complemento legitimador de un programa de contrarreformas económicas y sociales que afectarán profundamente la vida del pueblo pobre. En Brasil sirvió para llevar a cabo una reforma laboral que hizo tabla rasa con los derechos del movimiento obrero y en Argentina, por medio de la amenaza a la "mafia sindical" se busca aplicar por sector, con la complicidad de una burocracia asustada dispuesta a hocicar.
Sirve, además, para tapar el encubrimiento oficial de la desaparición forzada y el crimen de Santiago Maldonado, una crisis aún no resuelta que todavía puede perturbar la felicidad de un gobierno comprometido hasta los huesos con este siniestro crimen político al servicio de los terratenientes Lewis y Benetton.
El Nunca más de la corrupción de la "patria contratista"
La algarabía hepática del macrismo llega al punto tal de comparar el encarcelamiento del ex Ministro de Planificación, con los juicios a las Juntas Militares por el genocidio en los comienzos del gobierno de Raúl Alfonsín: "Esto me hace acordar mucho al momento después de que asumiera Alfonsín, cuando se juzgó a los militares de la dictadura. El Nunca Más como contrato social surge después del juicio a las juntas, por la lectura del libro y por el juicio. La sociedad se da cuenta de lo que había pasado. De que eso no podía ocurrir nunca más. Aquello fue en relación a los derechos humanos. Esto en relación a la corrupción", asegura Joaquín Morales Solá, quien solía acompañar en la tenebrosa Escuelita de Famailla a los genocidas que saqueaban las pertenencias de los desaparecidos y robaban a sus niños. Con esa "autoridad" moral a cuestas, el escriba del mitrista diario La Nación (que supo apropiarse de Papel Prensa, junto a Clarín, en una mesa de tortura) supone sentenciar el inicio de una etapa "histórica" donde una justicia venal y servil al poder de turno por donde se la vea, blanqueadores de capitales, fugadores de divisas, evasores impositivos, titulares de cuentas off shore de dudoso origen y acusados de recibir y repartir coimas por los negocios de la construcción, encabezarían una cruzada moral para sanear a la "República". La analogía además no deja de ser una confesión de la farsa en curso. El juicio a las Juntas significo el juzgamiento de un puñado reducido de jefes militares para garantizar la impunidad de miles de genocidas y de sus cómplices civiles, entre los que se cuentan amén de Clarín y La Nación, la familia Macri Blanco Villegas (quien entro a la dictadura con siete empresas y salió de ella con más de 40) como fiel representante de la "patria contratista" que vivía de sus estafas abiertas al Estado argentino.
Precisamente fue la Cámara de la Construcción, donde los Macri y su amigo “Nicky” Caputo tienen tanto ascendiente, la principal fuente de financiamiento de los negociados de Julio De Vido, que no está demás decirlo, es un chorro liso y llano responsable de tragedias sociales como las de Río Turbio y Once y del escándalo de corrupción por la obra pública adjudicada a la fundación Sueños Compartidos, quien a través del lanzador de bolsos y comedor de scones de las monjas, José López, destruía la merecida credibilidad de Madres de Plaza de Mayo. De Vido está justamente preso, pero debería haberlo estado muchísimo tiempo antes. Cuando todos los empresarios que hoy militan por las reformas de Cambiemos se ponían en fila para saludarlo y los jueces cajoneaban una y otra vez las causas en su contra.
Festejan los hombres del color amarillo de los minions, que recordemos son picaros ladronzuelos de caricaturas, blanqueadores de capitales de dudoso origen como Gianfranco Macri, hermano de Mauricio el redimido, el primo de Marcos Peña Braun Menéndez, el mencionado “Nicky” Caputo, entre otros, blanqueando la friolera de U$S 132 millones. Claro que con el blindaje mediático de los grandes multimedios y los jueces acostumbrados a sus privilegios de ricachones, nadie se pregunta de dónde viene el dinero, ni investiga al primo presidencial, Ángelo Calcaterra, al “señor 5”, Gustavo Arribas (jefe de los servicios de inteligencia) por sus más que comprobadas manos sucias en el escándalo del Lava Jato y la corruptela alrededor del grupo Odebrecht. Ni por los sobreprecios que Shell cobraba de De Vido en tiempos del mandato en la empresa de Aranguren, ni los que pagó el hombre de apellido patricio al comprar el gas en Chile ya siendo ministro. Ni hablar del propio presidente salvado en su momento por evadir impuestos y vaciar el Correo Argentino.
El hampa en las esferas del Estado
La corrupción es inherente al capitalismo desde el momento que emergió utilizando como medio el pillaje, el robo, el despojo y el fraude. Ya Carlos Marx describía en el siglo XIX como la burguesía una vez en el poder "dictaba leyes, dirigía las gestiones del Estado, disponía de todos los poderes públicos constituidos, dominaba la opinión pública por la fuerza de los hechos y por la prensa en todas las esferas, desde la Corte hasta el café borgne se reproducía la misma prostitución, el mismo engaño desvergonzado, la misma sed de riquezas, no por la producción, sino por el escamoteo de la riqueza ya existente de otros”. Ya desde entonces, Marx en su fantástica obra La lucha de clases en Francia, denunciaba como la obra pública “pasando (...) enormes sumas entre las manos del Estado, daban lugar a fraudulentos contratos de entrega, a corrupciones, a malversaciones y estafas de todo tipo”.
El FIT fue la única fuerza que denunció la corrupción durante el kirchnerismo y lo hace con la misma convicción frente a una derecha reaccionaria que es expresión del hampa en el manejo del Estado tanto como sus predecesores. Fue la izquierda quien hizo suyas las denuncias de los trabajadores ferroviarios, de los mineros del carbón en el Turbio, de los familiares de Once exigiendo justicia y señalando como estas prácticas eran responsables de sendos crímenes sociales. Lo hace coherentemente porque su programa es el gobierno de los trabajadores, que ponga fin a un régimen de expropiación y pillaje como es el capitalismo. |