La discusión sobre el apoyo al candidato que pase a segunda vuelta del archipiélago de la centroizquierda, y que ha incluido al Frente Amplio, cobra cada día más fuerza.
Y cada día se deshace la posibilidad, profundizando la fragmentación. Y aumentando la distancia. MEO dijo públicamente en el reciente debate de la ARCHI, la Asociación de Radios de Chile, que apoyaría a Guillier en segunda vuelta, esperando una declaración igual por parte de Guillier, que no se produjo. Poco después, MEO trató al candidato, senador y periodista de “político torpe”. Que no puede no saber que el efecto será aumentar la distancia.
Tres factores lo explican.
El primero, electoral. Si Guillier declara que apoya a MEO, restará votos de la DC. Si Goic acepta el compromiso de apoyar a Guillier en segunda vuelta, podría perder votos en la primera vuelta. Si MEO trata de torpe a Guillier no hay voluntad de convergencia, pero declara su apoyo porque necesita intentar fortalecerse como figura para fortalecer las candidaturas parlamentarias de su partido. Es decir, cada cual juega su juego, y ni la amenaza de un triunfo de Piñera convoca a una real convergencia.
El segundo, político. Las diferencias entre la DC y el resto de la Nueva Mayoría se han acrecentado, y de todos ellos con Bachelet. La DC eligió el “camino propio” y reivindica más a Lagos que a Bachelet. Guillier no destaca mucho ser continuador del segundo gobierno de Bachelet, a lo sumo del primero y su idea de la “seguridad social”, más que del segundo con sus “reformas estructurales”.
El tercero, más de fondo, la pérdida de brújula de la centroizquierda. Este mismo debate lo comprueba: discuten apoyos cruzados, discuten las fuentes de financiamiento, discuten que discuten, y ninguna sola política que conecte con las demandas populares. Ni retroexcavadora, ni retroexcavadora al revés (como Piñera), sino este “realismo sin renuncia” que renunció a todo y no puede entusiasmar a nadie. Del “crecimiento con equidad”, a la “protección social”, a las “reformas estructurales”, para desembocar en unos lemas vacíos como “fuerza de mayoría”, “poder de muchos”, o un ensimismado “yo me atrevo”.
Este estallido, o fragmentación, conocerá nuevos episodios, manteniendo un mar de fondo que hace frágil e inestable toda la situación política. |