El aniversario número 56 de la Revolución cubana encuentra la isla inmersa en un profundo proceso de transformación económica y de las tensas relaciones que durante décadas ha mantenido con la mayor potencia mundial distante apenas 180 km de distancia. Una transformación de sentido opuesto al que abrió el 1ro de Enero de 1959 que no viene a profundizar o mejorar las conquistas sociales obtenidas por aquella revolución, sino a revertirlas y liquidarlas. Una transformación hacia el capitalismo que en nada va a favorecer a las grandes masas trabajadoras de Cuba, sino a las franjas más altas de la burocracia gobernante asociada a los monopolios extranjeros, y a los sectores acomodados con acceso al dólar que se ven beneficiados con la apertura de la economía.
A pocos días de las celebraciones por el nuevo aniversario, los gobiernos de Barack Obama y Raúl Castro sellaron un histórico acuerdo por el cual reanudan las relaciones diplomáticas interrumpidas desde 1961 y abre la puerta a las negociaciones para el levantamiento del bloqueo económico y financiero con el cual la potencia imperialista ha intentado ahogar la revolución. La burocracia castrista que encabeza el proceso de reformas pro mercado, el “progresismo” latinoamericano que defiende los intereses capitalistas en Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia o Ecuador, y hasta ciertos sectores de la izquierda trotskista como el PO argentino, presentan el acuerdo como un triunfo de Cuba sobre EEUU.
Sin embargo, hasta ahoralos grandes beneficiados del proceso de reformas son la propia burocracia que parasita al Estado para ‘apalancarse’ financieramente y transformarse en la nueva clase dominante, las trasnacionales que desde hace años vienen haciendo importantes negocios en turismo, minería y otras áreas, y el sector alto de los cuentapropistas con acceso dólares al que se le abrieron mayores oportunidades y beneficios. Las amplias masas trabajadoras perdieron el ‘empleo seguro’, una de las grandes conquistas sociales de la revolución, con la imposición de cientos de miles de despidos (la proyección es reducir la plantilla en 1,5 millones). La drástica reducción de la Libreta de racionamiento, que aseguraba la alimentación básica a la población, el aumento en cinco años de la edad jubilatoria y la eliminación de distintos subsidios y gratuidades, destinados a reducir el gasto social, son otros duros golpes al bolsillo de los trabajadores.
La ‘explosión’ del cuentapropismo, que se triplicó en los últimos años, y es una de las herramientas usadas por el gobierno para evitar un estallido social, es un sistema perverso que poniendo como símbolo a unos pocos que ‘triunfan’, oculta la existencia de una amplia mayoría de pobres que buscan desesperadamente un sustento económico y al que el Estado sigue persiguiendo con elevados impuestos y complicados requisitos legales. Así se han visto desalojos y hasta represión en plazas públicas y calles turísticas de pequeños puesteros y artesanos que no cuentan con la habilitación requerida. Aquellos que no logran ‘progresar’ son señalados como únicos responsables de su precaria y hasta desesperada situación ya sea por ‘vagancia’ o ‘inoperancia’.
Una revolución de las masas
Cuba enfrenta de esta forma la mayor encrucijada de su historia pos revolución. Medio siglo atrás, el gran proceso que abrió la toma del poder en el ’59 no se limitó a barrer con la sangrienta dictadura de Batista sino que siguió el camino lógico de expropiar a los grandes capitalistas y terratenientes y echar al imperialismo para conquistar un orden social verdaderamente progresivo y favorable a los intereses de las grandes mayorías. Es así que tuvo el apoyo activo, movilizado, combatiente, de las masas campesinas, obreras y de la juventud. En los primeros años de los ‘60, al calor de la lucha contra la reacción interna y del imperialismo, surgieron los Comités de Defensa de la Revolución que organizaron a las masas manzana por manzana, cuadra por cuadra en todos los barrios de las principales ciudades y pueblos del país. Se conformaron las Milicias que superaron ampliamente las fuerzas del Ejército Rebelde y derrotaron la invasión imperialista en Bahía Cochinos convirtiéndose en el principal sostén armado de la revolución.
Así, decenas y cientos de miles de combatientes campesinos, obreros y populares, apoyados por millones en el campo y las ciudades eran verdaderos protagonistas de la profunda transformación social que nacionalizó la economía, la liberó de las ataduras y la expoliación imperialista, y socializó los medios de producción poniéndolos al servicio de la satisfacción de las necesidades sociales y no de las ganancias capitalistas. Decenas de periódicos y revistas de diversos grupos solidarios con la revolución, incluyendo trotskistas y anarquistas, circularon en aquellos primeros años revolucionarios abordando distintos temas del nuevo orden social como la planificación de la economía, el rol del arte en la revolución o el papel de la mujer en la nueva sociedad.
Estos debates se saldaron por derecha, imponiéndose la visión conservadora del castrismo, que gozaba de la amplia legitimidad y autoridad de haber conducido la revolución, y del partido comunista (por entonces PSP) cada vez más aliados a la burocracia estalinista de Moscú. Pero aquellas acaloradas discusiones fueron un reflejo de una revolución genuina, donde la efervescencia social era la ‘materia prima’ del proceso en curso y donde prácticamente todo era cuestionado en pos de la nueva sociedad.
Y una restauración de la burocracia
A más de 50 años, el proceso actual de transformación, de sentido inverso, hacia el retorno al capitalismo, también refleja su carácter reaccionario en la separación de las masas de la toma de decisiones, quedando como observadores impotentes frente a los cambios. La conducción del proceso es potestad exclusiva del gobierno de Raúl Castro y de la burocracia aunque haya sido revestida de un falso ‘debate de masas’ realizado en 2010 y 2011 previo al 6to Congreso del Partido Comunista donde se votaron los Lineamientos económicos, marco jurídico y de legitimidad de las reformas. La realidad es que este ‘gran debate’ que efectivamente incluyó miles de asambleas reuniendo a gran parte de la población y de las que ‘surgieron’ cientos de propuestas de cambios económicos, así como los ‘debates’ que se continúan dentro de las ‘organizaciones de masas’ como sindicatos, CDR, lugares de estudio, etc., están completamente controlados por la burocracia y el partido comunista.
En el marco del régimen de partido único que impuso durante décadas el control político sobre las masas y reprimió a la oposición política, todo debate es puramente formal. La burocracia da lugar a las críticas y propuestas que le son funcionales, por ejemplo, para la introducción de reformas de mercado o el recorte de subsidios. Pero nadie tiene el derecho a organizarse para pelear por sus ideas. Está prohibido fundar sindicatos, partidos o agrupaciones por fuera del PCC y demás organizaciones oficiales. No se pueden publicar las críticas e ideas políticas y difundirlas en otras asambleas y sectores. Toda publicación en Cuba necesita la autorización previa de las autoridades. La única vía para difundir ideas propias más allá de la asamblea en la que se participa, es enviar una ‘carta de lector’ al diario oficialista Granma la cual puede salir en las próximas semanas, meses o directamente nunca. La participación en la asamblea correspondiente, a sabiendas que la integran y coordinan miembros del aparato político oficial ya sea de bajo, medio o alto nivel, y que son muchas veces los encargados de proveer la asistencia social de la que depende la enorme mayoría, impide también desde el principio cualquier tipo de debate serio.
‘Modelo chino’ y represión política
Es así que las reformas de mercado y el acercamiento a EEUU se están produciendo hasta ahora de la mejor manera que podía esperar la burocracia castrista. Esto es, sin verse obligada a conceder cambios en el régimen político que abran el ‘juego democrático’, una exigencia histórica de EEUU con el objetivo de poder influir políticamente en el futuro de Cuba. Hasta el momento, Castro viene aplicando con éxito su plan de un ‘modelo chino o vietnamita’ donde la economía capitalista con gigantescas inversiones extranjeras, convive con un régimen y un Estado monolíticos controlados férreamente por el Partido Comunista y su casta dirigente.
En estos días vimos una clara muestra de que el régimen de partido único y sus métodos policiales siguen intactos y no tienen perspectivas de cambiar. Contra lo que muchos auguraban, incluso desde la izquierda, de que los acuerdos con EEUU cerrarían el margen para la represión política y aumentarían las oportunidades de organización para los trabajadores y sectores populares, el gobierno detuvo a varios dirigentes de la oposición política derechista, de forma completamente arbitraria, e impidió la realización de un acto político pacífico que estaban organizando. Estos sectores, como la conocida bloguera Yoani Sánchez o el grupo Damas de Blanco, son abiertamente pro capitalistas y hasta pro imperialistas y en muchos casos mantienen contacto directo con la Oficina de Intereses norteamericana. Pero la represión hacia ellos es la misma que usarán luego contra quienes salgan a luchar contra los desastrosos efectos sociales que más temprano que tarde van a tener las reformas y la liquidación de las conquistas históricas de la revolución. La represión a los sectores de derecha no tiene nada de socialista ni de revolucionario sino que sólo persigue la perpetuación de la burocracia en el poder, justificar el inmenso aparto represivo y amedrentar de antemano cualquier oposición por izquierda que pueda surgir.
Los artículos que publicamos en este Especial de la Revolución cubana, están cruzados no solo por la reivindicación de aquella gesta del proletariado y los campesinos cubanos que protagonizaron la primera revolución socialista triunfante de nuestro continente, sino muy especialmente por el anhelo y la certeza de que más tarde o más temprano volverán a ser los actores principales de la historia cubana y de esa forma parte fundamental de la revolución social en toda América latina.
La revolución cubana de 1959. Por Facundo Aguirre
Tribuna Abierta: Todo el poder al Ejército Rebelde. Cuba a la hora de la revolución. Por Juan Hernández.
Cuba, cine y revolución. Por Violeta Bruck |