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14 de noviembre de 2017 Twitter Faceboock

Historia
Cuando las decisiones se tomaban en Catalunya
Guillermo Ferrari | Barcelona | @LLegui1968

Hubo una época, no muy lejana, y durante un período corto de tiempo, en que Catalunya decidía sobre muchas cosas en que se hacían en su territorio.

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En el verano del ’36, la clase obrera y amplios sectores populares de Catalunya se pusieron al frente de los destinos de toda la sociedad (y también en Madrid, Valencia y muchas otras ciudades). Los trabajadores salieron a la calle para enfrentar al golpe fascista de los generales (Mola, Franco, etc.). En Catalunya, dirigidos por la CNT y un profundo odio al fascismo que asomaba en Europa y todo el Estado, los trabajadores se organizaron para tomar los cuarteles y hacerse de las armas para combatir al General Goded. Armas que al igual que en 1934 fueron negadas por la Generalitat

Después de 3 días de una heroica lucha en las calles de Barcelona, acabaron con la resistencia de los militares. Muchos trabajadores dejaron su vida en la lucha por las libertades y contra el golpe fascista. Mientras Lluís Companys y todos los consellers de la Generalitat estaban escondidos en la Jefatura de Policía de Vía Laietana, los trabajadores crearon el Comité Central de Milicias Antifascistas de Catalunya (CCMAC) y comenzaron a organizarse para enfrentar el golpe en el resto del Estado. También organizaron la producción de armas y para la retaguardia.

El Comité organizó las Milicias que fueron a combatir el fascismo en Zaragoza. Miles de trabajadores se sumaron para ir a la capital de Aragón, donde el golpe fascista había triunfado. Así fue que surgió una enorme fuerza militar en Catalunya: de entre los mejores luchadores de la clase obrera. Las Milicias no dependían de las decisiones del Gobierno de Largo Caballero. El “ejército” catalán era la vanguardia de los trabajadores.

La clase obrera creó su propio servicio de orden, basado en el sindicato más combativo e importante, la CNT. Se crearon comités de barricadas que se encargaban de verificar la identificación de quienes circulaban por las calles. Había un comité de patrullas de control que se encargaban de la represión a la burguesía, la iglesia, fascista y los francotiradores que aún rondaban por la ciudad.

Cuando los trabajadores volvieron a las fábricas, a finales de mes, se encontraron que en muchas de ellas ya no estaba ni el dueño, ni el encargado. Habían huido para defender el pellejo. Sin embargo, los trabajadores debían vivir. Se hicieron con la gestión de las fábricas y los diferentes lugares de trabajo. Muchas de ellas se fueron coordinando por rama y por territorio para poder prosperar la actividad económica y hacerla funcional a las necesidades sociales y de la guerra civil.

También se hicieron comités de abasto para combatir el hambre entre los sectores populares. Se organizaron comedores populares, como por ejemplo, en el antiguo Hotel Ritz. Dejó de albergar a los ricachones son sus lujos, para dar de comer a los pobres. Se encargaban del stock de comidas y de los precios como para que sean accesibles. Así como también de los precios de las viviendas.

Este verano del 36, fue un verano de libertad. Desplegó la enorme fuerza de los trabajadores, una creatividad espectacular. Sin embargo, las direcciones de la clase obrera no estuvieron a la altura de los acontecimientos. En lugar de crear un poder de los trabajadores unificando la multitud de comités revolucionarios, cedió el poder político a la Generalitat de Companys que se encargó junto con el recién nacido PSUC de acabar con la resistencia obrera como acabó sucediendo unos meses después en las gloriosas jornadas de mayo del 37.

Una República como la del 36

No se había declarado la república catalana, pero la clase obrera Catalana daba pasos en organizar el territorio catalán. A diferencia de la declaración de la República catalana de Macià en el 31, y la de Companys en el ’34, esta no se declaró pero sí que dio pasos concretos en su independencia. Creo su ejército, su fuerza de orden, comenzó a organizar la producción y a solventar el problema del techo y el hambre. La clase obrera catalana fue mucho más allá que los representantes de la burguesía.

Es que una República catalana, aún en el Siglo XXI, no podrá realizarse a través de un acuerdo con las reaccionarias instituciones del Estado español. Menos aún con un Borbón a la cabeza del mismo y una monarquía restaurada gracias a 40 años de una feroz dictadura. Al igual que en el ’36, no hay diálogo posible con el PP-PSOE-Cs y Felipe VI. Una República catalana solo podrá ser conquistada gracias a la lucha de la clase obrera.

Al igual que en el ’36, hoy día será vital que la clase obrera catalana se una a la lucha de los diferentes pueblos del Estado y sus trabajadores para acabar con el régimen reaccionario. Lluís Companys declaró la República del 34 pero se negó a armar los trabajadores y luchar por esa república contra el gobierno de la CEDA y Lerroux. Puigdemont la declaró y se fue a Bruselas. Pero la huelga y los cortes de carretera organizados por los CDRs, demuestran que hay sectores que quieren luchar por la República.

Qué diferencia entre la “República del 36” y la de 2017. La primera organizó su propio servicio de orden, la segunda cedió el control del territorio a 12.000 policías y el control de los Mossos. La primera envió decenas de miles de obreros a luchar por la derrota del fascismo, la segunda no se atreve a enfrentar el fascismo heredado de Franco: el PP y el poder judicial. La primera comenzó a resolver el problema del hambre y la vivienda, de la segunda tenemos unos presupuestos de enormes recortes (2012-2017) sociales impuestos por el PP, Convergència y Esquerra.

Lecciones de Julio del 36

Para poder imponer la república catalana votada el 1O es necesario, al igual que en julio de 1936, la movilización y la lucha decidida de la clase obrera. También es necesario que la clase obrera luche junto al resto de los pueblos y los trabajadores del Estado para acabar con el Estado centralista y opresor.

Y, para ello es clave que los trabajadores tomen decididamente la resolución de todos los problemas sociales tanto de la clase obrera, como de los diferentes sectores sociales y todos los graves déficits democráticos que tiene ésta democracia basada en el pacto con el búnker y el Monarca en los 70. De esta forma se puede forjar una sólida alianza social para enfrentar al Régimen del 78 y el capitalismo decrépito del Ibex 35.

Este camino significa profundizar la movilización y la lucha del 1O y las huelgas del 3O y el 8N. Significa desarrollar los Comités de Defensa de la República en cada pueblo y llevarlos a cada lugar de trabajo, a cada Instituto y Universidad. No es posible esperar que esto lo haga Puigdemont o Junqueras, menos aún Forcadell. Es una tarea de la izquierda independentista y las fuerzas revolucionarias para abrirse paso dentro de los trabajadores en la perspectiva de una república catalana de los trabajadores y una libre Federación de Repúblicas de los trabajadores en toda la península.

 
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