Encontrarse con un texto de Fabián Casas siempre es algo que hay que completar. Y eso es meterse en la intensidad de una cadencia que no toma respiro para darte buenos augurios.
Un poeta de aire espeso, que se zambulle siempre que puede fuera del confort. Esta vez no es un texto que devino en poesía o en esa especie de ensayo bonsái, como supo definirlo en uno de sus libros, es una poesía que se convirtió en una obra de teatro. Lo que hay enfrente es una dramaturgia que está direccionada por Alejandro Lingenti. La obra a la que se hace referencia está titulada como Luis Ernesto llega vivo y lo que se cuela, apenas se inicia, es una relación carnal con la música.
El desarrollo de la trama va surcar el enfrentamiento de una perdida y ese recuerdo va a tener su lugar a través de un disco de Peter Frampton. Un disco llamado Frampton comes alive, que se alza por los aires en manos de la actriz María Soldi, para hacer entrar en razón a una madre y mostrar la importante de esas canciones para ahuyentar la distorsión de esa ausencia. Cecilia Rainero, en este caso, la madre en cuestión no atiende esas revelaciones, su cuerpo se bambolea al compás de dosis de tranquilizantes y ambas atraviesan la muerte de ese ser querido. Ambas se empeñan en no soltar a Luis Ernesto.
El corazón bombea desde la angustia y lo que parece fácil, no es más que el ir y venir de estrategias para afrontar la vida. Y eso es un mecanismo registrado en el mundo de Casas. Quien parece estar diciendo que la vida sin ficción es muy espesa. O al menos así parece quedar demostrado a lo largo de esta obra, que no es más que un fantasma fanatizado por Peter Frampton, al cual sus seres queridos no dejan marchar y se mantienen llamando la atención para traerlo de nuevo aunque sea por un rato. Y lo logran.
Francisco Bertin, quien personifica a Luis Ernesto, mediante la música de la canción Baby I Love Your Way, regresa por un rato. Llega vivo y canta envuelto en emoción, junto a todo el elenco, el estribillo de una generación que repitió, casi como leitmotiv, O bebe amo tu manera de ser (cada día)/ Quiero decir que me encanta tu forma de ser/ Quiero estar contigo día y noche. Esta escena quedó a cargo de la actriz Manuela Vecino, que se luce como el Frampton de una banda tributo, y canta con dos luces led a la altura de los hombros, en busca de representar la tapa del disco de un artista con el cual Luis Ernesto se emocionó o lloró cuando se peleaba con sus novias.
Hasta que las luces se apagan, queda la ilusión de Luis Ernesto por un rato. Después un ruido monocorde se adueña de la sala y aprieta la desesperanza.
Vaya a saber si la verdadera vida empieza cuando se disuelve algo.