A la Iglesia Católica no le basta con estar “en la mira” por las variadas acusaciones de abusos sexuales de parte de sus clérigos. Como si eso fuese poco, el Vaticano, a través del Papa Francisco, nombró como Obispo de Osorno al Monseñor Juan de la Cruz Barros Madrid, uno de los cuatro integrantes del Episcopado que fueron formados por Karadima, condenado por abusos sexuales a menores de edad. La decisión del Vaticano ha causado total indignación en redes sociales, en sectores políticos de la Nueva Mayoría, y sobre todo, ha generado total rechazo de parte de las víctimas de Karadima, quienes aseguran que Barros también fue parte de los abusos sexuales, los encubrió y fue un cómplice más.
Juan Carlos Cruz, periodista y uno de los denunciantes de los abusos de Karadima, realizó duras declaraciones, vía Twitter, sobre el reciente nombramiento: “Juan Barros hoy nombrado Obispo de Osorno parado al lado de Karadima cdo nos abusaba. Luego se besaban. ¡Lujo de obispo!”. Luego, catalogó a Barros como “encubridor de abusos y nefasto”, agregando que “se besaba y tocaba con Karadima, veía abusos, encubría y destruía personas, hoy Juan Barros nombrado Obispo de Osorno. ¡Impresentable!”.
James Hamilton, otro denunciante de Karadima, también expresó su molestia a través de su twitter, no sólo por esta designación, sino que también denunció directamente al Papa, manifestando su “total desconfianza”: “O francisco no cacha ná o le importan un reverendo pepino las víctimas de abuso al nombrar nuevo obispo de Osorno, que es peor?”.
En esta misma sintonía, el diputado del Partido Socialista, Fidel Espinoza, emitió declaraciones en rechazo del nombramiento realizado por la Iglesia Católica. El parlamentario aseguró que viajará a Roma y se hará cargo de llevar esta molestia, directamente con el Papa Francisco, ya que es una decisión lamentable “al nominar a una persona de tan cuestionable currículum y que se vincula a una de las peores aberraciones que ha vivido la Iglesia”.
Espinoza, buscando una respuesta que justifique la desvergonzada decisión del Vaticano, planteó que “estoy seguro que el Papa no ha tenido toda la información por parte del cardenal Ezzati para haber hecho una designación que es realmente lamentable para Osorno”. Sin embargo, la indignación que ha generado este caso no es sólo por la designación del cargo de Obispo de Osorno, sino que expresa la impunidad de la Iglesia Católica y de sus clérigos, quienes siguen estando libres, y ejerciendo cargos dentro de la entidad religiosa, sin ser juzgados ni condenados. Barros representa esta impunidad: antes de que fuese designado como Obispo de Osorno, el clérigo ejercía como “Obispo castrense”, es decir, estaba encargado de atender el servicio religioso de las Fuerzas Armadas y de Orden.
La Iglesia y sus miembros siguen ocultando la serie de abusos sexuales, haciendo “vista gorda” a una aberrante verdad que salió a la luz pública sólo hace algunos años, gracias a las víctimas, quienes se han atrevido a denunciar a estas “intachables” personas que durante años se han hecho pasar por individuos con una “irrefutable moralidad”, la cual se vino al suelo tras las sucesivas denuncias por abusos sexuales.
Una Iglesia Católica cuestionada a nivel mundial
Los casos de abusos sexuales y violaciones a menores de edad, por parte de integrantes activos de la Iglesia Católica, no son hechos aislados. En mayo de 2014, el Vaticano anunció que en el transcurso de la última década, se han destituido a 884 sacerdotes por ser encontrados culpables de abusos. En esa ocasión, el representante del Vaticano en Ginebra, Silvano Tomasi, tuvo que declarar ante el Comité de la ONU (Organización de Naciones Unidas) contra la Tortura: “De 2004 a 2013 la Congregación estudió 3.420 casos creíbles de abusos a menores de 18 años”, detallando que 30 fueron en 2004; 184 en 2005; 218 en 2006; 216 en 2007; 191 en 2008; 196 en 2009; 464 en 2010; 402 en 2011; 418 en 2012; y 401 en 2013, cifras que demuestran que los abusos cometidos por diferentes clérigos están lejos de disminuir y desaparecer.
Respecto a Chile, el caso de abuso sexual más reconocido y mediático fue el de Fernando Karadima, quien fue sentenciado en junio de 2011 por la Santa Sede, la que lo declaró “culpable” y lo obligó a “retirarse a una vida de oración y penitencia, en un lugar que determinará el arzobispo”. Karadima en la actualidad, vive rodeado sólo por mujeres en un hogar de ancianas, llamado Convento Siervas de Jesús de la Caridad.
José Andrés Aguirre Ovalle, más conocido como el “cura Tato”, cumplía condena por nueve casos de abusos deshonestos contra menores, hasta que falleció en noviembre del 2013. El abusador había sido sentenciado en 2003 a 12 años de presidio en el Centro Penitenciario Colina I por los vejámenes perpetrados entre 1998 y 2002.
El caso más “emblemático” de abusos sexuales, que nuevamente puso en tela de juicio a la Iglesia Católica, fue el del sacerdote John O´Reilly, quien en noviembre de 2014 fue sentenciado a cumplir cuatro años de “libertad vigilada”, luego de ser declarado culpable de abusar sexualmente de una menor de edad al interior del Colegio Cumbres, donde se desempeñaba como guía espiritual. Hace unos días, la Cámara de Diputados aprobó revocar la nacionalidad por gracia a John O’Reilly.
Estos tres casos de sacerdotes pederastas, son sólo algunos de los tantos casos de abusos sexuales que empañan a la Iglesia Católica, y que se unen al cuestionado Barros Madrid. La institución religiosa no logra salir de esta turbulenta situación, del cuestionamiento de miles de personas, de las denuncias y revelaciones.
Mientras su calidad y veracidad se pone en tela de juicio, la Iglesia Católica no duda ni un momento en ser la institución que se opone tajantemente a las libertades sexuales y personales de los individuos; es firme y clara en su posición represora hacia las personas homosexuales, hacia las mujeres jóvenes y trabajadoras que exigen el derecho al aborto, se niega al matrimonio entre personas de un mismo sexo, se opone a la entrega de píldoras “del día después”, sale a defender el negocio en la educación y a los empresarios. Sí, la misma Iglesia que tiene entre sus filas a pedófilos y abusadores de menores, es la misma institución que no duda en criminalizar a quienes no tienen el mismo concepto de vida, de libertad, de moralidad. |