A las mujeres nos están asesinando. Un estudio realizado por las Naciones Unidas el año 2016 muestra las horrendas cifras que han ido en aumento año a año, y que el origen primero de estos son los crímenes de odio hacia las mujeres, donde los Estados también son responsables.
En Chile el año recién pasado mas de 66 crímenes de odio contra las mujeres se desarrollaron, esta cifra contrasta con la cifra oficial del gobierno quien plantea que solo ocurrieron 42 femicidios, devaluando un problema estructural de la sociedad, no entendiendo que las mujeres hoy en la actualidad pueden mantener otro tipo de relaciones interpersonales, que no necesariamente son las que la Iglesia y las ideas más conservadoras nos han enseñado a lo largo de la historia.
En este sentido, no es que solamente los femicidios se den por parte de un cónyugue o pareja como lo plantea la ley chilena, dada la diversa variedad de maneras de relacionarse que existe entre hombres y mujeres, pero lo lamentable y grave es que hasta la fecha en Chile, en términos jurídicos, el asesinato de una mujer no es considerado un femicidio, si quien asesinó a una mujer no tiene un vínculo legal matrimonial con ella o si estos no tienen hijos en común. Un profundo error, que expresa de fondo que el Estado no quiere hacerse cargo de la violencia estructural, porque si así fuese buscaría como una política mínima, modificar las normas legislativas.
Ante este escenario, hoy mas que nunca se hace necesario levantar un proyecto en nuestras manos, un proyecto que pueda y sea necesario respaldar por el propio movimiento de mujeres, la fuerza de las organizaciones de los y las trabajadoras y los y las estudiantes. Así como podemos comprender y tomar desde la propia experiencia que han desarrollado las compañeras de Pan y Rosas en Argentina, donde el proyecto comprende por “víctima de violencia contra las mujeres a toda mujer que se encuentre sometida, ella y/o sus hijos/as, y/o personas a su cargo, a situaciones de violencia que afecten su vida, libertad, dignidad e integridad física, psicológica y sexual, económica o patrimonial, así como también a su seguridad personal”. Donde se puedan estipular subsidios estatales mensuales para todas las mujeres mayores a 16 años, “con retribuciones monetarias mensuales, acceso a previsión social” y “servicio de obra social gratuito”, “donde también tienen acceso sus hijos/as u otras personas que estuvieran a su cargo”.
Refugios transitorios y plan de vivienda estatal con impuestos a las grandes empresas inmobiliarias. Así también, se debiesen garantizar viviendas, refugios transitorios y casas de acogida estatales y costeadas mediante impuestos a las grandes empresas inmobiliarias, para todas aquellas mujeres que estén pasando por un proceso de violencia de género y no tengan vivienda o su permanencia en esta “implicara una amenaza para su integridad física, psicológicas y/o sexual”, como se plantea en el proyecto mencionado
Un proyecto que ademas pueda garantizar las licencias laborales, cuando son mujeres trabajadoras, teniendo en consideración la calidad del empleo que hoy acceden las mujeres, estos son peor pagados e inestables. Que el Estado se haga responsable de crear planes de empleo para que las mujeres puedan trabajar y así independizarse económicamente de sus agresores; como sabemos, muchas veces, las mujeres no se encuentran con empleo y tienen hijos e hijas que sostener, por lo que terminan aguantando el maltrato para ser así mantenidas. Todo esto bajo la exigencia de que sean las grandes fortunas y empresarios de la mano con el Estado que puedan sostener este desafió.
Pero con un plan de emergencia contra la violencia y los femicidios, sin duda no ponemos freno a un problema estructural de la sociedad, que es lo que refleja el machismo y la violencia hacia las mujeres, ante lo mismo la necesidad de poner al centro que la lucha contra la violencia machista , es a la vez una lucha necesariamente cotidiana y politica, y que cada uno de quienes hoy somos trabajadores y tenemos una responsabilidad mayor en la realidad, este gran problema no puede quedar ajeno, porque buscamos desde nuestra rabia, la que sentimos dia a dia como trabajadoras y trabajadores que nos oprimen y explotan, transformar y enfrentar un sistema de vida estructural, donde es necesario doblemos nuestras fuerzas para levantar una gran ala en el movimiento de mujeres que fortalezca la unidad con los y las trabajadoras, y luche por construir una herramienta politica que nos permita enfrentar este desafió con independencia de clase, independiente del Estado, la Iglesia, y los partidos políticos corruptos del regimen que de la mano del Estado abalan la violencia que vivimos las mujeres. |