“La situación de la Democracia Cristiana y su declive electoral no es de hoy día. Viene desde el año 97 en adelante y nosotros como partido no fuimos capaces de asumir que teníamos que enfrentar la manera en que la gente nos estaba dando el mensaje”. Con estas declaraciones reconoció la profunda e histórica crisis que vive hoy en día la falange la Presidenta de la colectividad, Myriam Verdugo.
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Siguiendo con el reconocimiento de la crisis, un reconocimiento que incluso se torna forzado por la profundidad de ésta y por la presión de la opinión pública, Verdugo declara: “No podemos pasar 10 o 15 años sin ver que hay un declive permanente en lo electoral, que hay un declive permanente en la cantidad de militantes y no hacemos la introspección para saber por qué está pasando eso. Hoy día, nosotros queremos hacer eso”. Añadió la presidenta DC.
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El caso de la treintena de militantes más cercanos a la derecha que estaban dentro de la DC y decidieron romper con ésta, es una expresión de una crisis mucho mayor, una crisis que engloba a otra. Crisis que se ha traducido en un proceso de resquebrajamiento, en donde militantes rompen por derecha, pero que sin embargo, no marca el fin del centro, si no que más bien una reconfiguración.
Toda esta “crisis mayor” expresa una desorientación y una falta de dirección política a la interna de la DC, entre quienes mantienen la ferviente lucha del Papa León XIII contra la “peste socialista”, y entre quienes quieren desarrollar un “capitalismo con rostro humano” de la mano de la Nueva Mayoría y abriéndose a diálogos y negociaciones con el Frente Amplio.
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