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La Izquierda Diario
17 de enero de 2015 Twitter Faceboock

LIBROS // RESEÑA
Pan, educación, libertad. El policial en tiempos de crisis
Paula Schaller | Licenciada en Historia

Pan, educación, libertad (Tusquets, 2014) es la última novela de la trilogía del escritor, dramaturgo, guionista y traductor turco residente en Grecia, Petros Márkaris, conocido por las novelas policiales protagonizadas por el comisario Kostas Jaritos y por co-guionar algunas de las películas del gran director griego Thodoros Angelópoulos. Esta trilogía fue denominada "la trilogía de la crisis", por trascurrir en el marco de las tragedias cotidianas que impone la actual crisis al pueblo griego.

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Cuando "el criminal" es la crisis

Grecia, primer día del año 2014. El país heleno sale del euro para retornar al dracma, el Gobierno se declara en quiebra y se anuncia la suspensión del pago por tres meses a los empleados públicos. Es el arranque de la novela de Petros Márkaris que, con su narrativa directa y poco adornada, nos adentra en una realidad tan dura y sombría como crudamente poco ficcional, la de la Grecia sumergida en la crisis. Los jóvenes que solo vivieron bajo el imperio monetario del euro festejan. Saben que los tiempos serán duros pero están convencidos de que es un paso hacia la ruptura con la troika y una mayor independencia de Grecia: "Acabemos con la esclavitud del euro. Si tenemos que ser pobres, mejor con el dracma". Los más viejos no albergan ninguna ilusión, saben que su nivel de vida caerá todavía más: "¡Con el euro cobrábamos migajas, con el dracma no cobraremos nada!".

Cada generación alberga las ilusiones y los temores correlativos a su propia experiencia histórica, y este es un registro que Márkaris explota a lo largo de su relato, en el que no solo abundan las comparaciones con distintos momentos de la historia griega reciente, sino que hay una suerte de batalla generacional que atraviesa toda la novela, donde los jóvenes que hoy enfrentan la crisis se distancian críticamente de la experiencia de sus padres, la generación antifascista que luchó contra la dictadura militar.

Ese nudo problemático comenzará a vislumbrarse a partir de los asesinatos que investiga el comisario Kostas Jaritos, porque esta es una novela policial, o más ajustadamente de narrativa policial. No está presente la intención del "crimen perfecto", esa que Ricardo Piglia, en la compilación homónima, analizó como la utopía y a la vez la negación del género policial, porque aunque la idea de un crimen tan misteriosamente bien ejecutado que jamás se descubre es el horizonte al que aspira el escritor, este debe frustrar esa expectativa para dar lugar a una explicación racional de los hechos.

No existe tampoco ese fetiche del investigador como portador de la inteligencia pura que descifra los enigmas por mera aplicación del racionalismo extremo que caracterizan al policial clásico, hijo de la modernidad; ni tampoco los personajes oscuros y sumidos en la marginalidad de la vida urbana que caracterizan a la novela negra. Aquí, el policial transcurre en un contexto de crisis que actúa como verdadero primer plano de la historia, que embarga todas y cada una de las situaciones, que muestra a una policía desmoralizada que interviene en el marco de la bronca y el descredito social generalizado, mientras la investigación de la serie de asesinatos irá abriendo relaciones con un pasado reciente al que se interpela.

La generación antifascista en el banquillo de la Historia

Aparecerán así los miembros de la "generación de la Politécnica", aquellos que siendo jóvenes protagonizaron la llamada Revuelta de la Politécnica en Atenas en 1973 contra la dictadura de la Junta de los Coroneles, hiriéndola de muerte. Si en aquella revuelta los estudiantes se atrincheraron en la Politécnica y tomaron la radio para comunicarse con el pueblo griego e incitarlo a la rebelión en famosas emisiones que comenzaban al grito de "¡Aquí la Politécnica!", ahora será un teléfono celular, colocado en el cuerpo de cada cadáver que irá apareciendo misteriosamente, el encargado de emitir la consigna "¡Pan, educación y libertad!" que caracterizó a la revuelta 40 años atrás.

Una imagen retórica que invita a pensar en la actualidad de esas consignas, pero acaso también, ¿una metáfora sobre la muerte de esa generación? Así parece, sobretodo porque la investigación abrirá una trama donde se irá atisbando una fuerte crítica a aquellos que se sirvieron del prestigio antifascista obtenido por su lucha contra la dictadura para reconvertirse a la vuelta de la democracia en exitosos empresarios, académicos y sindicalistas cercanos al poder. Aborda así una problemática común a los países europeos que vivieron años de régimen fascista, como el caso de Italia, donde el llamado paradigma antifascista se convirtió en una suerte de nueva religión secular de Estado que operó como vía para su relegitimación en la posguerra, por lo que intelectuales como Francesco Germinario definieron la resistencia antifascista como "mito fundador" de la República. Las nuevas generaciones que enfrenten esta crisis deben ajustar cuentas con su predecesora, que abandonó sus ideales para integrarse y sacar provecho de un régimen que siguió siendo injusto, pareciera decirnos Márkaris.

Un cuadro de la crisis actual

Pero no es aquel el único denominador común al resto de los países europeos del sur (la guerra Norte-Sur, en referencia al norte europeo comandado por Alemania que busca semicolonizar a los países del sur, está evocada en la novela con la analogía de la guerra de secesión norteamericana, esperando que esta vez el sur se erija vencedor). En primer lugar, lo común es la propia crisis. Por eso España sigue los pasos de Grecia y vuelve a la peseta, y se espera que Italia haga lo propio retornando a la lira. Pero comunes son también los problemas que desembocaron en la crisis, que en la novela se evocan con la metáfora edilicia "añadir una planta más al edificio", en referencia al florecimiento de la economía griega de las últimas décadas basado en la construcción y la especulación financiera.

La inmigración es otro de los problemas que atraviesan la novela, donde Katerina, la hija abogada de Kostas Jarito, lucha con su amiga Maña contra la estigmatización anti-inmigrante que crece en sectores de la población fogoneada por los grupos de extrema derecha. Pakistaníes, afganos, albaneses, que en el marco de la crisis ya ni encuentran para comer de la basura y están en una suerte de presidio a cielo abierto al no conseguir dinero para el retorno a sus países. La forma de combatir el discurso xenofóbico será atacar la amnesia que parece embargar a la sociedad, recordando la otra inmigración, aquella de cuando los griegos emigraban para ser mano de obra barata (ilegal en muchos casos) en la Alemania de los años 60.

Esta referencia a la migración intra-europea Sur-Norte que caracterizó los años 60-70 podría ser una evocación tácita del retorno de esa tendencia que propició la crisis, donde griegos y españoles vuelven a emigrar a Alemania huyendo de los altísimos niveles de desocupación. Kostas Jaritos se ve envuelto en una situación en la que tiene que hacer frente al accionar de los grupos neonazis (en clara alusión a Aurora Dorada) que incendian y destruyen las casas y tiendas de los inmigrantes, y la forma en que resuelve la situación mostrará la desidia de una policía más preocupada en evitar involucrarse en enfrentamientos que en frenar este avance criminal.

¿Hay esperanza?

Márkaris nos presenta un cuadro casi asfixiante. La imagen de una Grecia sombría, entregada al desánimo y el descrédito: de una casta política que llevó el país a la crisis, de los medios de comunicación que sólo difunden ficciones sobre posibles mejoras que nunca llegan. En una metáfora de este descrédito, la familia Jaritos decide dejar de mirar la televisión.

A lo largo de la novela, la plaza Sintagma es escenario de constantes manifestaciones contra el gobierno, la troika y los bancos responsables de la quiebra del país. Pero, por alguna razón, Márkaris ha decidido no depositar allí la perspectiva de reversión de la crisis. No será la fuerza colectiva de los cientos de miles movilizados ni de las 32 huelgas generales realizadas desde el estallido de la crisis (que, sugestivamente, no se nombran en toda la novela) la que proporcione la posibilidad de recrear "la esperanza". Esta aparece objetivada en "Radio Esperanza", radio que emite por internet y que ponen en pie Katerina, Maña y Uli, -el novio alemán de esta-, para difundir y promocionar distintas actividades solidarias: el albergue para aquellos arrastrados a la indigencia callejera, el asesoramiento legal para los inmigrantes, una academia que da clases gratuitas para que los hijos de desempleados se formen para el ingreso a la universidad.

En ausencia de la acción de la grandes organizaciones de masas (que por añadidura tuvieron un importante papel en la historia griega reciente), pareciera que el cooperativismo social se ubica como única salida y contrapeso posible a la desintegración del tejido social que acelera la crisis. Serán sujetos individuales (invariablemente jóvenes, académicos y de profesiones liberales) los que encarnen la posibilidad de recrear valores de solidaridad y comunitarismo. Pareciera vislumbrarse un cierto escepticismo estratégico que sugiere la idea de que aquel ajuste de cuentas con la generación precedente ha llevado a las nuevas generaciones a "arrojar el niño junto con el agua sucia", cuestionando su adaptación pero sin aprender de los aciertos de su lucha.

Aun así, Márkaris ofrece una muy buena novela, ácida, crudamente crítica y de filosa actualidad que merece ser leída, sobre todo cuando al compás de la crisis que reverdece tendencias racistas, xenófobas e intolerantes autores ultra-conservadores como el francés Houllebecq gozan de una gran popularidad.

 
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