Publicadas el 6 de febrero, dos imágenes del fotógrafo Santiago Arau provocaron opiniones encontradas. En estas fotografías, capturadas por un dron, puede verse los jardines de la residencia oficial de Los Pinos y las barrancas de la delegación Álvaro Obregón, ubicadas apenas a 5 kilómetros de la casa que, tradicionalmente, es habitada por el presidente en turno y su familia.
Una de las fotografías muestra en Los Pinos grandes zonas con árboles y caminos empedrados que, como en un cuento de hadas, conducen hacia la entrada de la palaciega residencia. Ahí mora, cuando no están en sus lujosos departamentos o "casas blancas", la familia presidencial.
La segunda fotografía nos muestra un escenario mucho más conocido. Miles de construcciones se suceden una a la otra, grises, alrededor de las enormes barrancas que estrían la delegación Álvaro Obregón. Hacinados, los más de 700 mil pobladores de la delegación enfrentan problemas como inseguridad, pobreza y contaminación.
Las imágenes causaron revuelo entre grupos de "droneros" (usuarios de drones), que acusaron a Arau de abonar a la regulación restrictiva de este tipo de artefactos. Esto toda vez que según una circular expedida en julio de 2017 por la Dirección General de Aeronáutica Civil, Los Pinos es, entre otras zonas federales, un lugar prohibido para cualquier tipo de aeronave, ya sea un helicóptero o un dron.
Como si no se tratara de servidores públicos que deben cuentan a sus gobernados, algunos se "indignaron" por que evidenciar la opulencia en la que viven nuestros políticos a costa del erario "viola su intimidad".
Arau respondió a estos ataques asegurando que únicamente buscaba resaltar el contraste entre dos lugares tan cercanos y tan distintos. Estas imágenes muestran lo que en realidad es un abismo de distintos factores que derivan en la desigualdad.
En pleno año electoral, en que los partidos dilapidarán millones de pesos en sus campañas (además de sus sueldos y bonos millonarios), mientras se recorta cada vez más el gasto social es necesario más que nunca exigir que sus grandes fortunas y las de sus amigos los empresarios paguen más impuestos, para aumentar el presupuesto para salud y educación.
Y para que estos fondos no terminen de vuelta en sus bolsillos, que ganen lo mismo que una maestra de educación pública que, como yo y como millones en esta ciudad, tenemos que salir todos los días a trabajar si queremos llevar pan a nuestra mesa. |