El 15 de Febrero apareció un artículo titulado “Del otro lado de la huelga del 8M: Visualizando la interrupción social desde el feminismo” de Cristina Vega. Nos gustaría discutir con algunas de sus tesis para hacer una lectura desde el feminismo socialista sobre la “huelga de mujeres”, experiencias, las diversas expresiones de lucha y sus objetivos.
Consideraciones históricas
La autora nos menciona cinco procesos de lucha en donde las mujeres se organizaron por sus reivindicaciones propias o como parte de un proceso de cuestionamiento mayor: la experiencia de mujeres en la huelga que se libró en la factoría de Flint en Michigan a finales de 1936 y comienzos de 1937, organizadas en comisiones de mujeres: esposas, vecinas, familia junto a trabajadores y trabajadoras pusieron en pie una huelga combativa contra el gobierno. Nos cuenta el impacto que causó en 1975 la ocupación de la iglesia de Saint Nizier por parte de las prostitutas de Lyon para denunciar el hostigamiento policial, las extorsiones, los abusivos requerimientos fiscales, el encarcelamiento y la estigmatización social. La tercera experiencia tuvo lugar en la década de los 30. Las mujeres indígenas encabezaron el levantamiento de la comunidad huasipunguera de Cayambe previo a la formación de la Federación Ecuatoriana de Indios en 1944. Y finaliza recordando la movilización sucedida en Islandia el 24 de octubre de 1975.
Para la autora el conjunto de estas experiencias serían parte de la “huelga de mujeres”. Nos menciona además que “Si revisáramos la historia de las huelgas veríamos desvanecerse peligrosamente el imaginario que con frecuencia las rodea: un aguerrido grupo de varones parando la producción en el espacio de trabajo para obtener mejores salarios y condiciones de trabajo.”
Acá comienza una primera confusión. No nos centraremos en analizar cada uno de estos episodios de lucha, pues compartimos el valor que entregan. Pero si nos detendremos en las conclusiones que va sacando la autora. En primer término, asociar la huelga económica a una lucha de varones y, segundo, pensar que las mujeres podemos constituir un método propio ligado exclusivamente a la esfera de la reproducción ¿Es esto así?
El cuerpo y la reproducción
La autora menciona dos ideas que hilan su reflexión: la primera es el “cuerpo” como espacio de disputa y en sus palabras “lo que se ve del otro lado de la huelga social no remite a un modelo único, el de la producción asalariada.”
Pero los conflictos protagonizados por las mujeres y que describe Cristina en su texto no pueden explicarse únicamente desde el punto de vista de una “rebelión de mujeres” o del problema reproductivo. Es el Estado capitalista, sus gobiernos e instituciones las que golpearon a obreras, a las prostitutas y a las indígenas empujándolas a vivir en condiciones de pobreza y doble explotación.
Los conflictos mencionados son diferentes respuestas de resistencia de mujeres (explotadas y oprimidas) frente a la ofensiva capitalista, que en sus respuestas han develado la complicidad del patriarcado con el capitalismo. Producción y reproducción son una constante que descansa sobre un mismo Estado.
Cristina Vega, hace un esfuerzo teórico por disociar la esfera productiva de la reproductiva, para poner en primer orden la pugna entre sexos y no sobre las bases materiales que generaron estos conflictos. Esto impide ver la necesaria alianza de clase para la lucha contra el patriarcado, métodos revolucionarios y el sector social que cuestiona el corazón de las ganancias del capitalismo: la clase trabajadora.
Los límites de la huelga de mujeres
Cristina menciona, a propósito del día libre islandés, que “la huelga duró un único día, pero sus efectos fueron importantes, tanto en las disputas políticas del país como, nuevamente, en las que se desarrollan en cada casa. Tras ésta y otras acciones se produjeron cambios legislativos, especialmente en lo concerniente a los cuidados, y al igual que en Liberia con las mujeres de los mercados, se eligió a una presidenta. Una plataforma política femenina, Alianza de Mujeres, entró en escena y con ella, como comentan algunas activistas, la conversación se desplazó hacia terrenos más convencionales.”
¿Qué es lo que hizo que estos “temas de mujeres” tomaran cursos más convencionales? Luego de las olas feministas los gobiernos burgueses progresistas cooptaron con reformas todo el grito de denuncia al patriarcado y muchas feministas pasaron a repletar las oficinas de las ONGs.
Quienes enfocaron el problema desde una óptica de pugna entre sexos, al conseguir ciertas reformas parciales se olvidaron que dichas reformas fueron la contra cara de un capitalismo más voraz, aunque permitió que ciertas mujeres accedieran a mejores condiciones.
La viva relación entre las reivindicaciones económicas y políticas
Todo el texto es recorrido por un falso principio, la separación forzada entre la huelga general como una manifestación por derechos económicos y la huelga de mujeres como manifestaciones políticas, que superan el terreno sindical.
Esta afirmación no hace más que naturalizar una división impuesta por la burguesía a los trabajadores que día a día, con huelgas y todo tipo de manifestaciones, luchan por enfrentar, con el fin de recuperar el ejercicio de la política, de pensar una sociedad y decidir sobre sus asuntos.
Rosa Luxemburgo planteaba en “Huelga de masas, partido y sindicatos”, en debate con la socialdemocracia alemana que “cada una de las grandes huelgas de masas, repite, por así decirlo, a pequeña escala la historia completa de la huelga de masas en Rusia y comienza con un conflicto puramente económico, o en todo sindical y parcial, y atraviesa todas las etapas hasta la manifestación política”.
La huelga, sin apellido, puede cobrar distintas formas y, muchas veces, las y los trabajadores superan la manifestación puramente gremial, allí es cuando se produce el pasaje a la huelga política. Sin embargo, eso no quiere decir que se ponga fin a las reivindicaciones económicas, por el contrario, pueden multiplicarse: por ejemplo, ya no sólo se exige que a igual trabajo se cobre el mismo salario, también que el salario tenga un mínimo establecido que cubra efectivamente las necesidades básicas y, además, que se amplíe el derecho al tiempo de ocio reduciendo la jornada laboral.
Para Rosa: “Cada nueva arremetida y cada nueva victoria de la lucha política se transforman en un poderoso estímulo a la lucha económica (…) Cuando se retira la marea burbujeante de la acción política deja tras de sí un fructífero depósito en el cual florecen millares de brotes de lucha económica. Y al revés. La situación de los obreros de lucha económica incesante con el capitalismo mantiene viva su energía en todos los interregnos políticos. Constituye, por así decirlo, la permanente fuente de reservas de las clases proletarias, que renueva continuamente la fuerza de la lucha política. Al mismo tiempo, conduce la infatigable y permanente energía para la lucha económica de los trabajadores, aquí y allá, a agudos conflictos aislados, que detonan la explosión de conflictos políticos a gran escala.”
¿Huelga social o huelga general?
Repasemos la posición de nuestra autora: para ella “muchas de las llamadas “huelgas generales” no han sido tales, hoy podemos entender su parcialidad.” Y dicha parcialidad residiría en que el “paradigma de la huelga productiva” sería acotado a reivindicaciones netamente económicas y señala irónicamente a sus protagonistas: “un aguerrido grupo de varones parando la producción en el espacio de trabajo para obtener mejores salarios y condiciones de trabajo.”
Ya mencionábamos que este racionamiento guarda una separación falaz entre la huelga como herramienta de reivindicaciones económicas y la huelga capaz de tomar en sus manos reivindicaciones políticas, lo que define como “huelga social”.
La separación no es sólo débil en su lógica, donde lo económico fácilmente puede responder a reivindicaciones políticas que tengan relación con el derecho a la salud, la vivienda o los derechos de las mujeres; también en su realidad: lo vemos con las mujeres del GAM hoy, que siendo protagonistas de su historia irrumpieron junto a sus compañeros por el derecho efectivo a salas cuna. O en Orica, una fábrica de explosivos que en su seno mantiene firmemente organizada una comisión de mujeres que pelearon por Ni Una Menos y que hoy vienen dando una pelea por el derecho a hacer política, contra los despidos antisindicales de Luksic.
Cristina Vega olvida que cualquier separación entre las reivindicaciones que sólo exigen “mejores salarios y condiciones laborales” y las reivindicaciones políticas ha sido una lógica impuesta. La política para los trabajadores quedó vetada en Chile por la dictadura de Pinochet, y lograron avanzar debilitando la organización sindical a punta de fusil, como lo vimos con los cordones industriales que pusieron a disposición la producción al servicio de las necesidades sociales. Aún hoy el artículo 57 de la constitución de Pinochet no permite que dirigentes gremiales ocupen cargos parlamentarios. La huelga no es reconocida en la constitución y establece que los sindicatos no pueden participar de actividades político partidistas, apoyar a un partido político o hacer política.
Hay ejemplos de sobra que demuestran que la separación entre lo político y lo sindical lo imponen los empresarios y sus lugartenientes en los sindicatos: la burocracia sindical. El problema entonces no recae en los trabajadores, sino en quienes hacen ideología contra la politización de la clase obrera y establecen trabas legales y ataques políticos contra cualquier organización que pretenda avanzar en dirección contraria al sindicalismo economicista.
La solución entonces no es la división entre hombres y mujeres, tampoco la huelga de mujeres entendida como multiplicidad de manifestaciones restringidas al sexo femenino, sino una lucha común contra aquellos que imponen las condiciones para el desarrollo de la opresión.
De lo que se trata entonces es de cómo vencemos y la huelga general o huelga política de masas, ha sido una táctica utilizada para debilitar al enemigo y desarrollar con mayor fuerza la libertad de acción de la clase trabajadora. ¿Cómo se van a movilizar las mujeres que trabajan extensas jornadas laborales sin una paralización efectiva en sus lugares de trabajo? Seguro habrá formas como vestir de morado, hacer campañas fotográficas, pero lo cierto es que la huelga general permite desarrollar múltiples iniciativas.
La huelga general, no es la única forma de lucha, es un táctica y su uso dependerá de las condiciones sociales que permitan su desarrollo como una política consciente para afectar las ganancias de los capitalistas y demostrar una posición de fuerzas favorable hacia la toma del poder, en la tarea de acabar con la explotación capitalista y conquistar la total emancipación de la mujer.
Alianza de clase, contra el capitalismo y el patriarcado
Las feministas socialistas reivindicamos las experiencias de organización de las mujeres trabajadoras y oprimidas, coincidimos que estas experiencias de lucha tienen diversas formas de organización. Pero sabemos que si nuestra lucha no va unida al conjunto de la clase trabajadora nuestros gritos de liberación serán la moneda de cambio de gobiernos que en el nombre de la “equidad de género” mantendrán políticas que precarizan aún más las vidas de las mujeres pobres y trabajadoras. Por eso no relativizamos nuestra historia.
Queremos una huelga de mujeres, que sean la punta de lanza de una huelga de masas de todos los explotados y oprimidos. ¿Cómo nos preparamos para esto? Este ocho de marzo nos sumamos al paro internacional de mujeres, apostamos por un gran paro que convoque a toda una clase, por eso hacemos el llamado activo a que hombres y mujeres, en los barrios, sindicatos, en los lugares de estudio, sean parte de esta jornada de movilización, reivindicando los derechos de las mujeres trabajadoras y cuestionando las enormes ganancias de los capitalistas. |