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Por primera vez la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) respondió al pedido de analizar, por parte de diversas organizaciones feministas y de derechos humanos, la difícil situación de acceso a la justicia de las mujeres. Dicho reclamo se realizó el 28 de febrero en Bogotá en el marco del 167 período de sesiones extraordinarias de la CIDH.
El dato de color es que los asientos designados para los representantes del Estado estuvieron vacíos: no asistió ningún miembro del oficialismo, lo que provocó una queja por parte de las comisionadas de la CIDH. "Lamento que la Constitución se haya ido de vacaciones en el Ecuador, que haya un estado de cosas inconstitucionales tan evidente, tan flagrante", dijo Luis Ernesto Vargas, miembro del ente internacional.
Las cuatro organizaciones ecuatorianas que pidieron la audiencia -INREDH (Fundación Regional de Derechos Humanos), Surkuna (organización no gubernamental jurídica feminista), el Taller de Comunicación de la Mujer (TCMujer) y la Coalición Nacional de Mujeres- afirman que hay tres aspectos principales en los que hay que prestar atención en la dificultad de la mujer para acceder a la justicia: las condiciones estructurales, donde entra en juego el presupuesto, la falta de normativas, etc; la estigmatización de la mujer durante los procesos de investigación y la culpabilización en él; y la criminalización, por ejemplo en casos de interrupción de embarazos. Desde 2014 al 2017 han sido judicializadas 301 mujeres por abortos clandestinos.
"Por esa circunstancia, creo que vamos a enfatizar mucho lo que ocurrió el día de hoy (28 de febrero día de la audiencia en el CIDH, NdR), esta silla vacía que pareciera significar que o le tuvieron miedo por la cantidad de denuncias que estaban haciendo o irrespetan de manera muy grave el sistema interamericano", afirmó Vargas.
Cancillería emitió un comunicado en el que explicó que la protección de los derechos humanos de las mujeres en Ecuador se materializa a través de la adopción de un marco normativo tendiente a garantizarlos, poniendo como ejemplo la Ley Orgánica Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia de Género Contra las Mujeres, puesta en vigencia el pasado febrero. Sin embargo, la situación real de la mujer y el colectivo LGTBI en Ecuador excede la normativa aprobada.
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Según el INEC hay al menos 39.000 abortos clandestinos al año, y el 15,6% de muertes maternas están vinculadas a interrupciones del embarazo en condiciones de precariedad. Con la nueva ley en vigencia ha quedado nuevamente trunca la posibilidad de incluir un derecho al aborto libre, seguro y gratuito.
A su vez, cada 53 horas una mujer es asesinada víctima del sistema patriarcal, máxima expresioń de la violencia machista.
La referente trans y militante por la despenalización de la homosexualidad, Purita Pelayo, afirmó en la audiencia que 3 de cada 10 trans que participaron de ese reclamo han muerto, y exigió la reparación integral que les corresponde. Dicha despenalización tuvo lugar el 25 de noviembre de 1997, hace tan solo 20 años.
En la audiencia se ha puesto de manifiesto la discriminación que sufre la mujer, en todas sus diversidades, al llegar a la justicia. Víctimas de estereotipos, se multiplican los casos de revictimización y que tan sólo el 8% de las denuncias de violencia contra la mujer tienen sentencia condenatoria. Una justicia para ricos y machista al servicio del patriarcado.
Al ver los lugares que ocupa la mujer en la economía, se acrecienta la desigualdad en la que se encuentra respecto a los hombres. Sobre ellas recae gran parte del peso del sistema de explotación de la mano de obra. Sólo el 31% de las trabajadoras cuenta con un empleo adecuado, y el 5,5% no tiene ninguno.
Son significativas las diferencias salariales entre los géneros. Mientras que los hombres perciben un ingreso promedio de USD 396 mensuales, las mujeres apenas superan los USD 300 -muy lejos del ya paupérrimo salario básico de USD 375-. Las mujeres son blanco de abusos y violencia machista, pero esto tiene su origen en la forma en que sus cuerpos son exprimidos por el capitalismo en función de la ganancia, lo que revela un fundamento de clase en las luchas feministas.
En este marco, es importante entonces que este 8 de marzo se sienta el rugir de las mujeres en todo el mundo. El ejemplo de Argentina donde el debate en torno al derecho de un aborto libre, seguro y gratuito se encuentra en agenda, demuestra que la lucha y la movilización son factores importantísimos al momento de reclamar.
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Por una huelga internacionalista y feminista. Que las mujeres ganen las calles para pelear contra la violencia machista, desterrar la desigualdad en el plano laboral, para seguir exigiendo Ni Una Menos y para conquistar todos nuestros derechos. |