La idea de que VOX se alimenta del voto obrero está muy extendida, sin embargo, estas elecciones catalanas sitúan a Vox como un partido de la pequeña burguesía y más atractivo para jóvenes que para mayores
Martes 16 de febrero de 2021
En la costa catalana más turistificada, Vox ha obtenido sus mejores resultados, irrumpiendo como cuarta e incluso segunda fuerza. Hablamos de municipios como Salou o Vila-Seca (Costa Daurada; Tarragona) o Lloret de Mar o Platja d’Aro (Costa Brava; Girona) en los que hace casi un año que la actividad económica prácticamente se ha detenido y en los que Vox ha sacado alrededor de un 12% de los votos, 5 puntos por encima de la media en toda Catalunya.
La economía de estos municipios, ciudades de decenas de miles de habitantes, es de “monocultivo”: la dependencia del turismo es casi total y esto los convierte en un gran polo de atracción para trabajadores y trabajadoras, pues se requiere de mucha mano de obra para sostener el volumen de negocio de estos grandes y pequeños empresarios. Es por ello que en estos municipios las tasas de inmigración superan la media catalana por 15 o más puntos, siendo que Catalunya tiene una tasa de inmigración del 15% y localidades como Salou un 32% o Lloret de Mar un 36% (IDESCAT, población extranjera por municipios, 2019).
Como es sabido, la hostelería es una actividad económica ampliamente precarizada y precarizante, y la estacionalidad del turismo no hace más que agravar las malas condiciones de trabajo. Si a esto le añadimos que gran parte de los trabajadores y trabajadoras son de origen extranjero, el resultado es que el abuso patronal en estos destinos turísticos de sol y playa bate todos los récords: jornadas maratonianas de más de 10 horas, semanas y meses sin librar ni un día y contratos que sistemáticamente infracotizan a la Seguridad Social son sólo algunos ejemplos de las prácticas habituales en la hostelería en temporada alta de verano.
Con la pandemia y sus respectivas menores llegadas de turistas, por una parte, y sus cierres por confinamiento o restricciones horarias, por la otra, en estos municipios han coexistido dos situaciones absolutamente contrapuestas en términos de clase: la de los miles de trabajadores y trabajadoras de la hostelería sometidos a un ERTE cuyas condiciones se basan en unos contratos precarios, y la de los cientos de pequeños y grandes empresarios del sector turístico, con toda una serie de negocios de hostelería, hotelería y ocio nocturno que han permanecido con una actividad bajo mínimos.
A estas elecciones catalanas Vox ha llegado con un auge en otros comicios, habiendo alimentado su discurso ultraderechista con la crisis territorial. Y ha sido desde esa mayor visibilidad institucional y mayor presencia mediática durante la pandemia que Vox ha hecho un despliegue de su discurso hacia más elementos de ultraderecha: su campaña electoral para estas elecciones catalanas se ha basado mucho en contraponer los problemas de esa clase media arruinada por la crisis a esa población inmigrante que trabajaba en sus negocios.
Vox ha venido planteando un escenario en el que “las ayudas a la población inmigrante”, la gran explotada en estos municipios turísticos, dañan el porvenir de los empresarios.
“Cuando la gallina de los huevos de oro deja de poner, al granjero le sobra la gallina”
En este sentido, Vox se ha beneficiado de un racismo palpable y de una burguesía y pequeña burguesía en crisis que no tiene problema en apoyarse en el discurso más reaccionario con tal de salvar sus intereses de clase. Además, precisamente en estos municipios turísticos se da la circunstancia de que buena parte de la clase trabajadora no tiene derecho a voto, con lo cual Vox ha hecho una campaña racista y clasista muy rentable, a sabiendas de que apenas sería castigado electoralmente por ello en estos lugares.
Una estrategia muy similar a la llevada a cabo por Vox en Andalucía para los intereses de los terratenientes, que a su vez emplean a población extranjera sin derecho a voto en condiciones de máxima precariedad.
¿De dónde más ha sacado sus votos VOX?
Con los resultados electorales en la mano, podemos decir que, precisamente, mucho voto obrero que en las elecciones del 21D de 2017 le fue prestado a Ciudadanos, ha vuelto al PSC. El famoso “cinturón rojo”, el área metropolitana de Barcelona, ha dejado de ser naranja para volver a ser rojo. El trasvase de escaños en el área metropolitana ha sido casi limpio: el PSC ha sumado 10 escaños de los 19 que ha desangrado Ciudadanos en esta circunscripción. A nivel de toda Catalunya la tendencia ha sido similar: el PSC ha sumado 16 escaños de los 30 que ha perdido Ciudadanos.
Pero no podemos ser ingenuos y obviar que en el cinturón rojo el discurso ultraderechista de Vox también ha recogido sus frutos: 7 escaños de Ciudadanos en Barcelona se han ido directos a Vox, 11 de los 30 que Ciudadanos ha perdido en toda Catalunya. A diferencia de los votos a Vox en zonas turísticas, Vox ha azuzado el área metropolitana de Barcelona con un discurso racista en plena crisis económica (“no hay ayudas para todos”) que ha funcionado entre sectores obreros desclasados. Esto no sólo ha pasado en la circunscripción de Barcelona, sino también en las de Girona y Tarragona, donde Vox ha conseguido rascar votos en sus respectivas periferias y áreas metropolitanas hasta llegar al 9% de votos, ligeramente por encima de la media total en Catalunya (7%).
Otro dato que cabe señalar sobre VOX es el recogido por los sondeos de TV3 y Catalunya Ràdio respecto al perfil del votante de cada partido. Por género, el 70% de los votantes de Vox son hombres y por franjas de edad, el grueso de los votantes que recibe Vox tiene entre 45 y 64 años (40%). Sin embargo, a diferencia de la mayoría de partidos, Vox acumula mucho más grueso de sus votantes por debajo de los 45 a los 64 años que por encima: los votantes de Vox tienen una media de edad relativamente joven, situándose alrededor de los 35 años, algo que sólo se repite de forma tan marcada en los casos de la CUP y En Comú Podem.
Así, tenemos que los partidos menos continuistas (y que generan más incertidumbre) se basan más en un voto joven. Salta a la vista que el grueso del electorado joven está en otros partidos, pues claramente Vox, CUP y En Comú Podem han conseguido menos escaños, pero cabe destacar que los escaños que obtienen los están obteniendo de votantes más jóvenes, más predispuestos a un cambio en uno u otro sentido.
Vemos cómo por edad el voto joven se reparte de una manera relativamente equitativa entre las fuerzas menos continuistas, sin embargo, Vox cala más entre los sectores perdedores de la crisis. El discurso demagógico y racista de Vox está interpelando más a una parte de los llamados “perdedores de la globalización”, sean pequeños propietarios arruinados, sectores muy explotados de la clase trabajadora o jóvenes en paro.
Vox capitaliza un voto de descontento con una salida radical reaccionaria, algo que ocurre cuando la respuesta ante la crisis por parte de la izquierda independentista tiende a la moderación. Una moderación que da rédito electoral, pero que desarma a la izquierda ante el auge de la extrema derecha
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Las elecciones catalanas muestran algo preocupante: el avance de la derecha más dura en medio de esta crisis. Se trata de un aviso a navegantes. Un aviso de que las políticas moderadas no sirven en absoluto para combatir a la derecha populista.
Para ello hace falta una izquierda que, en medio de una crisis como la que estamos viendo no apueste por reeditar las políticas de negociación con los partidos que gestionan esta crisis dando la espalda a la mayoría social bien desde la Generalitat, bien desde el Gobierno central. Una izquierda anticapitalista que pelee por que la crisis no recaiga sobre las y los trabajadores, sino sobre los capitalistas. Dicho de otro modo, una izquierda que se proponga la ruptura con el Régimen del 78 que abra el camino a conquistar verdaderas repúblicas de trabajadores.