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Instituto Politécnico Nacional. #20añosUPIITA: las tecnologías avanzadas ¿al servicio de quién?

El pasado septiembre se conmemoraron los primeros veinte años de la Unidad Profesional Interdisciplinaria en Ingeniería y Tecnologías Avanzadas (UPIITA), escuela de Nivel Superior del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Lunes 3 de octubre de 2016

Aunque la propuesta de creación de la UPIITA se elaboró en el año de 1996, por parte de la Dirección General del IPN, el proyecto fue puesto en marcha hasta el siguiente año, cuando en la Gaceta Politécnica del 15 de julio de 1997 se publica el Acuerdo del H. Consejo General Consultivo del IPN, en el que se oficializaba, un día después de su publicación, la creación de la Unidad.

Desde su creación, la UPIITA ha contado con tres carreras: Ingeniería Mecatrónica, Ingeniería Biónica e Ingeniería Telemática, más la modalidad en Red de la carrera de Ingeniería en Sistemas Automotrices, tres programas de Maestría en Tecnologías Avanzadas (Procesamiento de señales para sistemas dinámicos, Fenómenos electromagnéticos e información cuántica y Nanoestructuras semiconductoras), además de 3 programas de Doctorado en Tecnologías Avanzadas (Nanomateriales, Fenómenos cuánticos y Fenómenos de transporte).

UPIITA forma parte de un grupo de Unidades de reciente creación con carácter interdisciplinario que, además de desarrollar profesionales en las tecnologías avanzadas, contribuye a la generación de “recursos humanos de alta calidad”.

La Misión de la Unidad es: “... ser factor de transformación que contribuya en el desarrollo sustentable y al conocimiento científico del país”. Y la Visión: “... formar generaciones [que] hagan de la ciencia y la tecnología el fundamento para responder... a la construcción de un México mejor y los desafíos que plantea el mundo”.

Hasta el 2015, se encontraban en desarrollo 39 proyectos SIP (a través de la Secretaría de Investigación y Posgrado), seis proyectos externos, todos ellos con el Instituto de Ciencia y Tecnología del DF, y cinco proyectos vinculados, con varios clientes, entre ellos el DIF DF, el Sistema de Transporte Colectivo, el Instituto Nacional de Cancerología, el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, y el Gobierno de Michoacán.

Para el mismo año 2015, la partida presupuestal asignada a la UPIITA fue de $144,143,073.87. Sin embargo, el monto de operación fue de $3,318,554.00. Por concepto de recursos autogenerados el total es de $3,690,671.00, el cual corresponde al 72% obtenido en el año inmediato anterior.

Para entender la función que una escuela como UPIITA tiene dentro del desarrollo de la sociedad habrá que hacer un análisis riguroso de los ritmos de la ciencia y la tecnología en la actualidad, y a qué intereses responden estos dos aspectos en los que la Unidad ha demostrado ser vanguardia desde su creación.

El valor del conocimiento científico

Globalmente se suele afirmar que el desarrollo de las grandes economías internacionales se debe al apoyo que éstas brindan a las capacidades intelectuales de sus países ciencia y tecnología). La economía del conocimiento es una etapa avanzada del desarrollo capitalista, determinada por una necesidad competitiva global para la innovación con nuevos productos y procesos.

Según el científico y filósofo de la biología Richard Levins, aquellas personas o instituciones que financian las investigaciones, los “dueños de la ciencia”, deciden a quién se permite hacer ciencia, con qué medios, y lo más importante, qué es lo que se excluye de la discusión.

Así, la mercantilización del conocimiento dentro de la sociedad capitalista determina qué tipo de investigación se puede hacer o no hacer.

“El científico no tiene control sobre la agenda de su campo, ni cómo se distribuyen los productos de su esfuerzo, a veces ni sabe el propósito de su investigación”, afirma Levins.

Incontables científicos e investigadores han criticado la conversión del conocimiento y la técnica en simples mercancías. Un caso emblemático es el de Cesar Milstein, premio Nobel de Medicina de 1984, que se negó a patentar descubrimientos, pues pensaba: “los avances científicos no deben enriquecer a unos cuantos sujetos, sino deberían ser patrimonio de la humanidad”.

Y eso bien lo sabía Trotsky: “un hombre de ciencia puede no estar preocupado en absoluto con la aplicación práctica de su investigación. Mientras mayor es su alcance, mientras más audaz es su vuelo, mientras mayor es la libertad de las necesidades prácticas diarias en sus operaciones mentales, tanto mejor. Pero la ciencia no es una función de los hombres de ciencias individuales; es una función social”.

El propio Stephen Hawking, en 2015, presentó una carta abierta en las conferencias sobre Inteligencia Artificial en Buenos Aires, en la que abordaba los riesgos del desarrollo de "armas autónomas ofensivas" que pueden generar una carrera armamentista militar.

En respuesta a una pregunta que le cuestionaba sobre la automatización de la fuerza de trabajo, el científico respondió: "Si las máquinas producen todo lo que necesitamos, el resultado dependerá de cómo se distribuyen las cosas. Todo el mundo puede disfrutar de una vida de lujo y ocio si la riqueza producida por las máquinas es compartida, o la mayoría de la gente puede acabar siendo miserablemente pobre si los propietarios de las máquinas logran hacer lobby con éxito en contra de la redistribución de la riqueza. Hasta ahora la tendencia parece ser la de la segunda opción, ya que la tecnología está conduciendo a una creciente desigualdad".

Una nueva forma de hacer ciencia y desarrollar tecnología

Basta con revisar la misión y visión de la UPIITA para reconocer una política desarrollista que asume que la transmisión de conocimientos a la industria y el cobro de regalías sobre las patentes de los descubrimientos pueden ser la forma de sacar a un país como México de su atraso.

Contra esta visión desarrollista, Oscar Varsavsky, científico argentino, alertaba hace casi cincuenta años: “El que aspire a una sociedad diferente no tendrá inconvenientes en imaginar una manera de hacer ciencia muy distinta de la actual. Más aún, no tendrá más remedio que desarrollar una ciencia diferente”.

Los avances tecnológicos que se dan a pasos agigantados pueden orillarnos a un falso “optimismo tecnológico”, donde la ciencia y la tecnología lograrían por sí mismas (dentro del capitalismo), un futuro mejor para la humanidad.

Ante las cada vez más estrechas relaciones entre las grandes empresas y las universidades públicas del país -un ejemplo de ello es la semana BOSCH en el Instituto Politécnico Nacional- hace falta que los que nos dedicamos a la ciencia y la tecnología reflexionemos al servicio de quiénes están nuestros conocimientos, pues: “La deshumanización y la privación de la posibilidad de elegir conscientemente que provoca este uso capitalista de la ciencia, no deben pensarse sólo a un nivel ‘ético’ e interdisciplinar y aislado, sino íntimamente relacionado con el poder económico y político que se apropia de la producción de conocimiento social para su beneficio”.

Este año, una de los principales productores de tecnología en nuestro país cumple sus primeros veinte años.

Escuelas como la UPIITA son constantemente merodeadas por la iniciativa privada y sus cautivadoras ofertas de proyectos conjuntos y vinculación con sus estudiantes y académicos, pues reconocen en esas Instituciones una buena fuente de personal calificado con amplios conocimientos en ciencia y tecnología. Que la producción de conocimiento está al servicio del capital no es una novedad, aunque sus formas se vuelven cada vez más sofisticadas incorporando técnicas y profesionales de distintas áreas.

Para que la ciencia, no se aleje cada vez más de las necesidades del pueblo habrá que ocupar las contribuciones de los científicos que han reflexionado sobre su rol en la sociedad de clases, en la perspectiva de transformar la realidad y que los trabajadores, la clase obrera, luche por disputarle a los capitalistas el dominio de la ciencia para alcanzar una armoniosa relación con su entorno y la emancipación.

Referencias:
https://www.upiita.ipn.mx/conocenos/identidad
Informe anual de actividades, 2015, UPIITA

Científicos como trabajadores

Stephen Hawking: El peligro no son los robots, sino sus dueños

Vinculan academia e industria en el IPN

La ciencia en Trotsky y su legado de la dialéctica materialista